Unilever, el gigante angloholandés de bienes de consumo valorado en unos 107.000 millones de libras esterlinas (142.000 millones de dólares), analiza en fase preliminar una posible separación de su negocio de alimentación, que generó 12.900 millones de euros en ventas el último ejercicio. Según fuentes cercanas a la operación citadas por Bloomberg, el grupo ha iniciado conversaciones con asesores financieros para explorar distintas alternativas estratégicas, aunque no se espera una decisión formal antes de 2027.
La compañía no ha tomado ninguna resolución definitiva y podría optar por mantener su estructura actual. Sin embargo, el movimiento encaja con una transformación corporativa que viene ejecutándose desde hace años: el progresivo abandono de las categorías de alimentación en favor de los negocios de belleza, cuidado personal y bienestar.
Un portafolio en proceso de redefinición
Las opciones que se barajan incluyen la venta de la totalidad del área de alimentación, una desinversión parcial que preservaría algunas marcas consideradas estratégicas, o la conversión del negocio en una compañía cotizada independiente. Fuentes consultadas por Bloomberg estiman que una eventual transacción podría valorar la división en decenas de miles de millones de dólares, con un atractivo potencial también para fondos de capital privado.
El portafolio alimentario de Unilever agrupa marcas de largo recorrido global: los condimentos Colman’s, las pastillas de caldo Knorr, la mostaza dijón Maille, los fideos instantáneos Namdong y la icónica crema para untar Marmite, entre otras. Dentro de este conjunto, Hellmann’s y Knorr concentran el 60% de las ventas del segmento, una proporción que el propio consejero delegado, Fernando Fernández, prevé elevar hasta entre el 70% y el 75% tras concluir la desinversión de marcas locales de menor escala, valoradas en entre 1.000 millones y 1.500 millones de euros.
La presión sobre el negocio alimentario
Los resultados del último ejercicio reflejan las dificultades que enfrenta la división. Las ventas de alimentación cayeron un 3,2% interanual hasta los 12.900 millones de euros, en un contexto de inflación persistente que ha empujado a los consumidores hacia marcas blancas y opciones de menor precio. El conjunto del grupo tampoco escapó a esa presión: la facturación total retrocedió un 3,8% hasta los 50.500 millones de euros, con todos los segmentos en negativo.
A ese escenario se suma un factor estructural que preocupa a los analistas del sector: la creciente adopción de los fármacos GLP-1 para el control del peso, que está modificando los hábitos de consumo hacia productos de menor densidad calórica y reduciendo el volumen general de ingesta de alimentos procesados. Estas tendencias amenazan la demanda de varias de las categorías centrales del negocio alimentario de Unilever.
En el plano bursátil, la acción acumula una caída del 13% desde su máximo del año, al retroceder desde los 5.492 peniques hasta los 4.800 peniques, lo que el análisis técnico interpreta como una corrección con posibilidad de continuar en el corto plazo. Adicionalmente, la ratio precio/beneficio prevista se sitúa en 18 veces, por encima de la mediana sectorial de 15, lo que alimenta los cuestionamientos sobre la valoración del grupo.
Con todo, el ejercicio arrojó señales positivas en la cuenta de resultados: el beneficio operativo creció un 2,4% hasta los 9.000 millones de euros y el beneficio neto ascendió a 6.200 millones de euros, lo que llevó a la empresa a anunciar un nuevo programa de recompra de acciones por 1.500 millones de euros y un incremento del dividendo del 3%.
Un viraje estratégico hacia la belleza y el bienestar
La posible escisión del negocio de alimentación no sería un hecho aislado, sino el paso más ambicioso dentro de una reconfiguración que Unilever lleva ejecutando durante la última década. La compañía ya desprendió su negocio global de margarinas —que incluía la marca I Can’t Believe It’s Not Butter!—, y más recientemente vendió la marca de aperitivos Graze y el fabricante de proteína vegetal The Vegetarian Butcher. También se deshizo de sus operaciones de té y de marcas regionales como Conimex y Unox.
El capítulo más reciente de esta transformación fue la separación del negocio de helados, que dio lugar a la creación de Magnum Ice Cream Co. Unilever conserva todavía una participación de cerca del 20% en esa sociedad, que prevé vender de forma gradual en los próximos años. El proceso, sin embargo, no estuvo exento de contratiempos: la escisión de la división de helados en Estados Unidos sufrió retrasos a causa del cierre parcial de la administración federal, que bloqueó temporalmente los trámites ante la Comisión de Valores (SEC).
El destino del grupo apunta con claridad hacia las categorías de belleza, cuidado personal y bienestar, donde el potencial de crecimiento y los márgenes resultan más atractivos. En el último ejercicio, el segmento de cuidado personal fue el más voluminoso, con una facturación de 13.200 millones de euros, seguido de belleza y bienestar con 12.800 millones. Fernando Fernández, que asumió la dirección ejecutiva hace aproximadamente un año tras la destitución de Hein Schumacher, ha señalado marcas como el jabón Dove y la bebida de hidratación Liquid IV como pilares del nuevo modelo de negocio.
Un sector en busca de un nuevo rumbo
Unilever no es la única gran multinacional de consumo que enfrenta este dilema. Su principal rival, Nestlé, atraviesa un proceso similar de racionalización de cartera ante un entorno en el que los consumidores con menor poder adquisitivo recortan el gasto y optan por alternativas más económicas. La industria de bienes de consumo de alta rotación se encuentra en un momento de redefinición profunda, impulsada por cambios en los patrones de demanda, la presión de las marcas de distribuidor y las nuevas tendencias en salud y alimentación.
Si la operación prospera, Unilever completaría una de las mayores transformaciones de su historia reciente, pasando de ser un holding diversificado con raíces en la alimentación a un grupo más concentrado, con mayor exposición a categorías de valor añadido y proyección internacional. La pregunta que queda abierta es si el mercado, y los propios consumidores, acompañarán ese reposicionamiento con el impulso que la compañía necesita para recuperar terreno bursátil y volver a crecer.




