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Trump pide a Europa tomar el petróleo en Ormuz mientras EE. UU. evita liderar su reapertura

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desató este martes una nueva ola de tensión diplomática con sus aliados al exigirles que tomaran por su cuenta el control del estrecho de Ormuz si querían garantizarse el suministro de petróleo, al tiempo que trascendía que la Casa Blanca evalúa poner fin a la ofensiva militar contra Irán sin haber resuelto el bloqueo de esa vía marítima estratégica. El mensaje, publicado en Truth Social con un tono agresivo e inusual incluso para los estándares del mandatario republicano, dejó al descubierto las profundas grietas que atraviesan la relación entre Washington y sus socios europeos tras más de un mes de guerra en Oriente Medio.

Una advertencia dirigida al corazón de la OTAN

Trump mencionó explícitamente al Reino Unido y Francia como gobiernos que se negaron a participar en los ataques coordinados que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán el 28 de febrero. «A todos esos países que no pueden conseguir combustible para aviones debido al estrecho de Ormuz, como el Reino Unido, que se negó a participar en la decapitación de Irán, les tengo una sugerencia: número uno, compren a Estados Unidos, tenemos de sobra; y número dos, reúnan el valor que les falta, vayan al estrecho y simplemente tómenlo», escribió el mandatario. Acto seguido advirtió que Washington ya no estaría disponible para proteger a aliados que no estuvieron disponibles cuando Estados Unidos los necesitó.

En un segundo mensaje publicado minutos después, Trump cargó específicamente contra el gobierno de Emmanuel Macron por impedir que aeronaves con suministros militares destinados a Israel sobrevolaran territorio francés. La advertencia fue directa: «Francia ha sido muy poco colaborativa. Estados Unidos lo recordará.» El episodio amplió la brecha entre la administración republicana y los grandes socios europeos de la OTAN en el momento más delicado del conflicto.

Un mes de guerra y sin salida clara

El conflicto, que entró este martes en su quinta semana, generó consecuencias que se extienden mucho más allá del teatro bélico. Irán cerró de facto el estrecho de Ormuz al tráfico comercial general, permitiendo únicamente el paso de embarcaciones aliadas cerca de sus costas, lo que impulsó el precio del barril de petróleo por encima de los 100 dólares y situó a la economía global ante la perspectiva de una crisis energética de envergadura. Por ese estrecho transita aproximadamente un quinto de todo el crudo que se comercializa en el mundo.

El diario The Wall Street Journal reveló este martes que Trump habría comunicado a sus asesores que está dispuesto a poner fin a la campaña militar incluso si el estrecho permanece bloqueado, una postura que implicaría dejar en manos de Irán o de una coalición internacional la resolución de uno de los cuellos de botella energéticos más críticos del planeta. La evaluación interna de la Casa Blanca indica que una operación para forzar militarmente la apertura del estrecho extendería el conflicto entre cuatro y seis semanas adicionales, un horizonte que la administración considera incompatible con sus objetivos políticos y operativos.

Presión diplomática y ultimátum pospuesto

Mientras los bombardeos continúan, Trump sostuvo que Washington se encuentra en «serias conversaciones con un nuevo y más razonable régimen» en Irán. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, confirmó en conferencia de prensa que «efectivamente se produjo un cambio de régimen» y llamó a las nuevas autoridades iraníes a mostrar mayor disposición al diálogo. «Si Irán es inteligente, llegará a un acuerdo. Trump no fanfarronea», afirmó Hegseth, quien también amenazó con intensificar la campaña si Teherán no cede.

El secretario de Estado, Marco Rubio, precisó que la ofensiva militar actual concluirá en cuestión de semanas una vez alcanzados los objetivos primarios, pero advirtió que la cuestión del estrecho de Ormuz quedará pendiente y que su resolución dependerá de Irán o de una coalición internacional con participación estadounidense. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aclaró que la reapertura del estrecho no integra los objetivos centrales de la Operación Furia Épica, cuya prioridad declarada es neutralizar la capacidad naval, de misiles y de desarrollo nuclear del régimen. Trump además pospuso hasta el 6 de abril su ultimátum a Teherán para reabrir la vía marítima, abriendo un margen para negociaciones que Irán, por su parte, niega que estén teniendo lugar.

La ofensiva continúa y la presión sobre los mercados se intensifica

En el plano militar, el Ejército de Estados Unidos atacó este martes un gran depósito de municiones en la ciudad de Isfahán con bombas antibúnker, en una operación que pone de relieve la degradación significativa de las defensas aéreas iraníes. El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, confirmó que las Fuerzas Armadas comenzaron a ejecutar misiones de bombardeo con aviones B-52 sobre territorio iraní, un hito que habría resultado impensable en las primeras semanas del conflicto. Paralelamente, los Emiratos Árabes Unidos sufrieron uno de los días de mayor intensidad de ataques iraníes desde el inicio de la guerra.

Los efectos sobre los mercados financieros globales se mantienen pronunciados. La interrupción del flujo de crudo y gas natural desde el Golfo Pérsico elevó el costo de los productos básicos en múltiples economías, golpeó los índices bursátiles de todo el mundo y reavivó el fantasma de la inflación en países que ya registraban presiones sobre sus precios internos. El encarecimiento del combustible para aviación, al que Trump hizo referencia directa en su publicación, pesa especialmente sobre las aerolíneas europeas y asiáticas, cuyos costos operativos aumentaron de forma sostenida desde el inicio del bloqueo.

Una estrategia de salida que deja preguntas abiertas

La posibilidad de que Trump cierre la campaña sin resolver el bloqueo del estrecho deja abiertos interrogantes de alto impacto económico y geopolítico. Si Washington delega en sus aliados europeos y del Golfo la tarea de forzar la reapertura, esos países enfrentarán una decisión militar de enorme riesgo sin el respaldo directo de la potencia que inició el conflicto. Si la presión diplomática sobre el nuevo régimen iraní no prospera, el estrecho podría permanecer restringido durante semanas o meses adicionales, con efectos acumulativos sobre la economía mundial que serían difíciles de revertir en el corto plazo.

Trump, que basó buena parte de su narrativa sobre la guerra en la idea de que Estados Unidos estaba ganando y que la operación sería breve y decisiva, enfrenta ahora la presión de mostrar resultados concretos antes de que el costo político y económico del conflicto erosione su respaldo interno. La combinación de un bloqueo energético sin fecha de resolución, aliados ofendidos públicamente y negociaciones en curso con un régimen cuya legitimidad aún no está consolidada configura el escenario más complejo que la administración republicana ha debido gestionar desde el inicio de la ofensiva.