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lunes, marzo 30, 2026

Tras la reducción de la pobreza, 985.000 paraguayos aún no cubren la canasta básica y 147.000 sobreviven con G. 13.000 al día

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El INE registró una caída de 3,6 puntos porcentuales respecto a 2024, con 213.000 personas que dejaron la pobreza; los programas sociales Tekoporã, Adultos Mayores y Hambre Cero evitaron que otras 239.000 cayeran bajo esa línea

El Instituto Nacional de Estadística (INE) presentó este viernes los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) correspondientes al período 2022-2025, con datos que combinan avances estadísticos concretos y una realidad social que sigue siendo estructuralmente preocupante. La pobreza monetaria total en Paraguay descendió al 16,0% de la población en 2025, frente al 19,6% registrado en 2024, lo que representa una reducción de 3,6 puntos porcentuales y equivale a unas 213.000 personas que dejaron esa condición en el último año. Sin embargo, detrás del indicador porcentual persiste una masa humana de 985.000 personas —equivalente a tres estadios llenos de Cerro Porteño— cuyos ingresos diarios no alcanzan para cubrir una canasta básica de consumo.

Casi un millón de pobres: la magnitud detrás del porcentaje

La cifra absoluta pone en perspectiva el alcance real del problema. En términos concretos, las 985.126 personas en situación de pobreza monetaria total en 2025 viven en hogares cuyo ingreso per cápita es inferior al costo de la canasta básica de consumo, fijada en G. 933.108 mensuales por persona en el área urbana, es decir, G. 31.104 diarios. En el área rural, ese umbral cae a G. 681.839 mensuales, equivalente a G. 22.728 por día.

La distribución geográfica de la pobreza refleja una brecha urbano-rural marcada. En las ciudades, la tasa se ubica en 13,6%, con unas 597.000 personas afectadas. En el campo, el indicador casi se duplica al llegar al 22,1%, con cerca de 388.000 personas en esa situación. La reducción interanual fue significativa en ambos territorios: en zonas urbanas la tasa bajó de 16,9% a 13,6%, y en rurales de 26,3% a 22,1%.

Pobreza extrema: 147.000 personas sobreviven con menos de G. 13.000 al día

El segmento más vulnerable de la población registra también una mejora, aunque la situación de fondo continúa siendo severa. La pobreza extrema —definida por ingresos inferiores al costo de la canasta básica de alimentos— afectó al 2,4% de la población en 2025, bajando desde el 3,7% de 2024. En términos absolutos, esto representa aproximadamente 146.938 personas, de las cuales unas 51.000 residen en zonas urbanas y cerca de 96.000 en áreas rurales.

Las líneas de pobreza extrema ilustran la precariedad extrema de este segmento: en el área urbana, el umbral se fijó en G. 412.618 mensuales por persona, es decir, G. 13.754 diarios; en el área rural, en G. 376.816 mensuales, equivalente a G. 12.561 por día. La reducción de 1,3 puntos porcentuales a nivel nacional fue especialmente pronunciada en el campo, donde la pobreza extrema cayó de 8,2% a 5,5%.

Los programas sociales, factor decisivo en la contención de la pobreza

Uno de los elementos más reveladores del informe del INE es la cuantificación del impacto de las transferencias monetarias del Estado. Según los datos presentados por el director del INE, Iván Ojeda, los programas Tekoporã, Adultos Mayores y Hambre Cero actuaron como un dique frente a una pobreza que, de otro modo, habría sido significativamente mayor.

El ejercicio contrafactual elaborado por el INE es contundente: sin esas transferencias, la pobreza total en 2025 habría alcanzado el 19,9% en lugar del 16,0%, y la pobreza extrema el 4,8% en lugar del 2,4%. En términos de personas, las políticas sociales evitaron que unas 239.000 personas cayeran en pobreza total y que cerca de 150.000 lo hicieran en pobreza extrema. Este dato sitúa los programas sociales no como complemento marginal de la política económica, sino como componente estructural del indicador.

El INE también señaló que la mejora en los ingresos laborales y no laborales de los hogares de menores recursos —que crecieron por encima del incremento en los precios de las canastas básicas— contribuyó igualmente a la reducción observada.

Ajuste metodológico: nueva serie estadística basada en el Censo 2022

El INE acompañó la presentación de los datos con una aclaración metodológica relevante. Los resultados publicados corresponden a una nueva serie estadística que incorpora dos ajustes técnicos orientados a una mayor precisión en la medición.

El primero refiere a los factores de ponderación: las proyecciones de población revisadas en 2025, basadas en los datos del Censo 2022, permitieron recalibrar los ponderadores de la muestra de la EPHC para el período 2022-2025. El segundo ajuste tiene que ver con la valorización del almuerzo escolar, que incorporó el aporte energético de los 35 platos del menú escolar utilizando los precios de la Canasta Básica de Alimentos como referencia. Este último ajuste contó con la participación del Comité Técnico Interinstitucional de Pobreza, que acompaña al INE desde 2009.

El organismo estadístico precisó que estos cambios metodológicos no alteran la tendencia descendente registrada a lo largo del período analizado, sino que apuntan a mejorar la calidad de la medición de cara a futuras publicaciones.

Una mejora pero con margen de lectura crítica

La reducción de 213.000 personas en situación de pobreza en un solo año es un avance estadístico que el Gobierno celebró como resultado de su gestión. No obstante, la lectura de los datos exige matices. Que casi un millón de paraguayos aún no pueda cubrir su canasta básica de consumo —y que 147.000 de ellos sobrevivan con ingresos diarios de menos de G. 13.000— revela que la pobreza sigue siendo un fenómeno de escala considerable en el país.

A ello se suma que la dependencia de los programas sociales para sostener el indicador es muy alta: sin Tekoporã, Adultos Mayores y Hambre Cero, la tasa de pobreza total prácticamente retornaría a los niveles del año anterior. Esto plantea una pregunta estructural sobre la sostenibilidad del descenso en ausencia de transferencias directas del Estado, y sobre el peso real que tienen la generación de empleo de calidad y el crecimiento de los ingresos autónomos de los hogares más vulnerables en la mejora registrada.

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