Papiro egipcio del siglo III confirma que los primeros cristianos ya veneraban a María como Madre de Dios, desafiando críticas de denominaciones religiosas surgidas siglos después

Un antiguo papiro descubierto en Egipto ha vuelto a poner en el centro del debate teológico la veneración mariana, aportando evidencia histórica de que las primeras comunidades cristianas ya reconocían a María como Madre de Dios y le dirigían oraciones de intercesión. La oración «Sub tuum praesidium» («Bajo tu amparo»), datada aproximadamente en el año 250 d.C., constituye el testimonio más antiguo de devoción mariana conocido hasta la fecha y ha sido recientemente destacada por el Papa Francisco como un tesoro espiritual que toda la Iglesia debería redescubrir.

Un descubrimiento que cambia la narrativa histórica

El hallazgo arqueológico del papiro con la oración «Sub tuum praesidium» en 1917, y su posterior datación científica, ha proporcionado una evidencia contundente de que la veneración a María no fue una «invención medieval» como sostienen algunas críticas protestantes, sino una práctica arraigada en la Iglesia primitiva, apenas dos siglos después de Cristo y más de 170 años antes del Concilio de Éfeso, donde se proclamó oficialmente el dogma de María como Theotokos (Madre de Dios).

Este papiro, conservado actualmente en la Biblioteca John Rylands de Manchester, Inglaterra, contiene el texto griego de la oración que, traducida al español, dice: «Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!».

La antigüedad de este texto es particularmente significativa porque demuestra que los primeros cristianos ya se dirigían a María como «Theotokos» (Madre de Dios) casi dos siglos antes de que este título fuera oficialmente proclamado como dogma en el Concilio de Éfeso en el año 431, evidenciando que esta creencia no fue una «invención tardía» de la jerarquía eclesiástica, sino una fe vivida por las comunidades cristianas desde sus primeros siglos.

El Papa Francisco y la recuperación de un tesoro espiritual

El actual pontífice ha decidido poner en valor esta antigua oración mariana, proponiendo a toda la Iglesia su redescubrimiento y uso habitual. En una reciente audiencia, el Papa Francisco destacó la importancia de esta plegaria como puente entre la tradición oriental y occidental del cristianismo, y como testimonio de la continuidad de la devoción mariana desde los albores del cristianismo hasta nuestros días.

«Es la oración mariana más antigua que conocemos. Los cristianos la rezaban cuando la Iglesia todavía no estaba dividida. Es un verdadero tesoro de nuestra tradición común», ha señalado el Santo Padre, recordando que esta breve pero intensa plegaria surge de una época en que los cristianos sufrían persecución y buscaban refugio en la intercesión maternal de María.

La incorporación de esta antigua oración a la vida espiritual contemporánea de los fieles católicos representa no solo un enriquecimiento devocional, sino también un acto de reafirmación de la continuidad histórica de la tradición católica respecto a la figura de María desde los primeros siglos cristianos.

Evidencia histórica frente a críticas denominacionales

El hallazgo y datación del «Sub tuum praesidium» tiene implicaciones que trascienden lo meramente devocional, adentrándose en el terreno del diálogo ecuménico y la controversia teológica con denominaciones cristianas surgidas a partir de la Reforma protestante del siglo XVI.

Diversas confesiones protestantes han criticado históricamente la veneración mariana católica, calificándola como una «innovación tardía» o incluso una «desviación» del mensaje evangélico original. Sin embargo, documentos como este papiro demuestran que la figura de María ya ocupaba un lugar central en la devoción de las primeras comunidades cristianas, incluso antes de la fijación del canon bíblico y durante el período de las persecuciones.

«Este testimonio arqueológico e histórico demuestra que la Iglesia Católica no inventó la devoción mariana, sino que la ha preservado fielmente desde las primeras generaciones cristianas», explican expertos en patrología y arqueología cristiana primitiva.

La oración no solo reconoce a María como «Madre de Dios» (título que sería definido dogmáticamente siglos después), sino que muestra cómo los primeros cristianos ya le dirigían súplicas de intercesión y protección, contradiciendo la idea sostenida por algunas denominaciones de que esta práctica sería contraria al cristianismo original.

Tradición continua versus reformas tardías

La datación científica del «Sub tuum praesidium» en el siglo III proporciona un argumento histórico sólido para la Iglesia Católica en su afirmación de ser la guardiana fiel de las tradiciones apostólicas y de las prácticas de las primeras comunidades cristianas.

Este testimonio arqueológico refuerza la posición católica de que prácticas como la veneración mariana no fueron «incorporaciones paganas» durante la Edad Media, como han sostenido algunos críticos protestantes, sino elementos integrantes de la fe cristiana desde sus primeros siglos, transmitidos de generación en generación.

La oración contiene, además, conceptos teológicos que serían desarrollados posteriormente por la Iglesia, como la intercesión de María, su maternidad divina y su papel protector para los cristianos, demostrando una continuidad en la comprensión del rol de la Virgen en la economía de la salvación.

El significado teológico de la oración más antigua

El análisis del contenido teológico del «Sub tuum praesidium» revela aspectos fundamentales de la mariología que ya estaban presentes en la fe de las primeras comunidades cristianas:

  1. La designación de María como «Theotokos» (Madre de Dios), un título cristológico que afirma simultáneamente la divinidad de Cristo y la maternidad divina de María.
  2. La confianza en su intercesión ante las necesidades y peligros, mostrando que los primeros cristianos ya acudían a ella como mediadora.
  3. El reconocimiento de su condición «gloriosa y bendita», anticipando desarrollos posteriores sobre la glorificación de María tras su tránsito terreno.

Estos elementos demuestran que la comprensión católica del papel de María en la historia de la salvación no es una elaboración tardía, sino una expresión de la fe primitiva de la Iglesia, mantenida y profundizada a lo largo de los siglos.

Valor ecuménico de un testimonio ancestral

Paradójicamente, este testimonio antiquísimo de devoción mariana podría servir como punto de encuentro en el diálogo ecuménico, al evidenciar que la veneración a María formó parte del patrimonio común de los cristianos antes de las divisiones históricas.

El Papa Francisco ha enfatizado precisamente este valor ecuménico de la oración, señalando que tanto las iglesias orientales como la iglesia católica romana han mantenido esta tradición de forma ininterrumpida desde el siglo III.

«Cuando rezamos el ‘Sub tuum praesidium’, estamos utilizando las mismas palabras que utilizaron generaciones de cristianos desde la época de las catacumbas», ha señalado el pontífice, invitando a redescubrir este patrimonio común como puente de unidad.

Perspectivas y conclusiones

El redescubrimiento y valorización del «Sub tuum praesidium» representa un ejemplo paradigmático de cómo la arqueología y la investigación histórica pueden proporcionar evidencias que iluminen debates teológicos contemporáneos.

Para la Iglesia Católica, este antiguo papiro constituye una confirmación de su fidelidad a la tradición apostólica y a la fe de las primeras comunidades cristianas, especialmente en lo referente a la devoción mariana, tan cuestionada por algunas denominaciones surgidas en los últimos cinco siglos.

La preservación de esta oración a través de los siglos, desde las comunidades perseguidas del siglo III hasta las palabras del actual pontífice, manifiesta la continuidad de una tradición viva que ha mantenido intactos elementos esenciales de la fe cristiana primitiva, entre ellos, el lugar especial de María como Madre de Dios e intercesora de los creyentes.

En un momento en que el cristianismo global enfrenta nuevos desafíos y divisiones, este testimonio antiguo nos recuerda que, mucho antes de nuestras disputas contemporáneas, los cristianos perseguidos ya encontraban consuelo y protección bajo el amparo de aquella que fue elegida para ser la Madre del Salvador, en una tradición de fe que la Iglesia Católica ha preservado fielmente a lo largo de los siglos.