Por primera vez en la historia, un paciente con insuficiencia cardíaca terminal logró sobrevivir más de 100 días con un corazón artificial total y salir del hospital antes de recibir un trasplante. Este hito, logrado en Australia, marca un cambio radical en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca y en la lucha contra la escasez de órganos para trasplante.

El paciente, un hombre de 40 años de Nueva Gales del Sur, recibió en noviembre de 2024 el dispositivo BiVACOR en el Hospital St Vincent de Sídney. Tras más de tres meses con el implante, finalmente pudo someterse a un trasplante exitoso. Su caso representa un avance médico sin precedentes y abre la posibilidad de que los corazones artificiales se conviertan en una alternativa viable a los trasplantes humanos.

BiVACOR: un corazón artificial con tecnología de levitación magnética

El corazón artificial BiVACOR fue diseñado por el ingeniero biomédico australiano Daniel Timms y se distingue por su innovadora tecnología de levitación magnética, que imita el flujo sanguíneo de un corazón sano sin necesidad de válvulas ni cojinetes mecánicos.

A diferencia de los dispositivos de asistencia ventricular, el BiVACOR reemplaza completamente el corazón del paciente, asumiendo la función de ambos ventrículos. Fabricado en titanio, su diseño compacto y duradero le permite adaptarse a diversas condiciones físicas, regulando automáticamente el flujo sanguíneo según la actividad del paciente.

Este dispositivo ha sido concebido como un puente hacia el trasplante, pero sus creadores aspiran a que en el futuro pueda sustituir de manera indefinida a un corazón humano sin necesidad de un donante.

Un paciente pionero en la historia de la cardiología

El protagonista de este hito padecía una insuficiencia cardíaca grave y, ante la falta de un donante disponible, se ofreció como voluntario para el implante del BiVACOR. La cirugía, que duró seis horas, fue liderada por el cirujano cardiotorácico Paul Jansz, quien destacó la trascendencia del procedimiento:

«Hemos trabajado para este momento durante años y estamos enormemente orgullosos de haber sido el primer equipo en Australia en llevar a cabo este procedimiento», afirmó Jansz en una entrevista.

Durante más de tres meses, el paciente pudo llevar una vida relativamente normal fuera del hospital, convirtiéndose en la primera persona en el mundo en recibir el alta con un corazón artificial total. Finalmente, en marzo, se encontró un donante compatible y los médicos reemplazaron el dispositivo por un órgano humano. La operación fue un éxito y actualmente el paciente se encuentra en recuperación.

Impacto global y el futuro de los corazones artificiales

El BiVACOR ya había sido probado en pacientes en Estados Unidos, aunque hasta ahora nadie había sobrevivido más de 27 días con el dispositivo fuera del hospital. Este caso en Australia demuestra que la tecnología puede extender la vida de los pacientes hasta que un órgano esté disponible, y en el futuro, incluso podría eliminar la necesidad de trasplantes humanos.

Cada año, más de 23 millones de personas padecen insuficiencia cardíaca en el mundo, pero solo unas 6.000 reciben un trasplante de corazón. Este desequilibrio evidencia la urgencia de soluciones alternativas como el BiVACOR.

El doctor Chris Hayward, cardiólogo supervisor del postoperatorio, subrayó el impacto de este avance: “El corazón artificial total BiVACOR marca el comienzo de una nueva era en el trasplante de corazón, tanto en Australia como a nivel internacional”.

Sin embargo, aún existen desafíos. El profesor David Colquhoun, de la Universidad de Queensland, advierte que la longevidad del dispositivo sigue siendo menor que la de un corazón de donante, que puede funcionar más de 10 años. A pesar de ello, los expertos coinciden en que el BiVACOR representa un paso crucial en la evolución de los tratamientos para la insuficiencia cardíaca.

Ensayos clínicos y próximos pasos

El Programa Fronteras del Corazón Artificial, una iniciativa de 50 millones de dólares australianos liderada por la Universidad de Monash, está impulsando el desarrollo de esta tecnología. En Estados Unidos, la FDA sigue evaluando el dispositivo, y se espera que en los próximos años se amplíen los ensayos clínicos para demostrar su seguridad y viabilidad a largo plazo.

En paralelo, el equipo de St Vincent’s tiene previsto realizar al menos cuatro implantaciones más este año, con el objetivo de recopilar más datos sobre la durabilidad y el rendimiento del dispositivo en pacientes reales.

Si los resultados continúan siendo positivos, BiVACOR podría convertirse en una solución definitiva para los millones de personas que hoy dependen de la limitada disponibilidad de corazones donados. La historia de este paciente australiano demuestra que el futuro de la cardiología está cada vez más cerca de un cambio radical, en el que los corazones artificiales sean una realidad para salvar vidas.