Paraguay ha logrado un avance significativo en su estrategia de diversificación exportadora. El Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) anunció oficialmente la apertura del mercado israelí para la carne ovina paraguaya, tras un acuerdo sobre requisitos sanitarios con el Servicio Veterinario y Sanidad Animal de Israel (IVSAH).
Un nuevo destino para un producto con potencial
Esta habilitación representa mucho más que un simple acuerdo comercial. Para el sector ovino paraguayo, históricamente menos desarrollado que el bovino, significa una oportunidad de crecimiento y desarrollo con proyección internacional. El mercado israelí, además, tiene características particulares que lo hacen especialmente atractivo para este tipo de producto.
La relación comercial con Israel en el sector cárnico ya venía mostrando signos positivos. El último año, las exportaciones de productos de origen animal a este destino alcanzaron USD 147.574.364, la cifra más alta en comparación con la década anterior, lo que demuestra la consolidación de este mercado para los productos paraguayos.
Primeros pasos con visión estratégica
Las autoridades sanitarias paraguayas ya tienen en mente un calendario de implementación. Se prevé concretar un primer envío antes de Semana Santa, consistente en una prueba de entre 700 y 1.000 kilos. Este envío inicial servirá para «ordenar» la oferta nacional y preparar adecuadamente la siguiente temporada de exportación, que comenzaría tras las festividades religiosas.
Lo más interesante del caso israelí es que, a diferencia del mercado bovino mundial donde solo el 5% de la comercialización corresponde a carne con hueso, en el sector ovino esta proporción se invierte. Aproximadamente el 95% de todo lo que se comercializa en el mercado ovino mundial es carne con hueso, lo que permite un aprovechamiento más integral del animal y genera mayor valor agregado para los productores.
Impacto social sobre el impacto económico
Las proyecciones iniciales son conservadoras pero prometedoras. Se estima que durante este año podrían exportarse alrededor de 10 contenedores a Israel, con envíos de aproximadamente 1.000 kilos por contenedor. Aunque estas cifras pueden parecer modestas, representan un volumen significativo considerando que se espera procesar entre 1.500 y 1.700 cabezas por semana.
Las autoridades del Senacsa han enfatizado que esta apertura representa «más un triunfo social que económico». Si bien no generará grandes ingresos inmediatos para el país, su verdadero valor reside en el estímulo que proporcionará a la producción ovina local, fomentando el crecimiento del hato ganadero y sentando las bases para aumentar progresivamente el volumen de exportación.
Exigencias de calidad como motor de mejora
El mercado israelí es conocido por sus altos estándares. Entre sus exigencias se encuentran características específicas relacionadas con la raza, el peso, condiciones sanitarias y programas de bienestar animal. Estas demandas funcionarán como un catalizador para elevar los estándares de calidad en toda la cadena productiva paraguaya.
Paraguay ya ha avanzado en la formalización y profesionalización del sector. A través del certificado oficial de tránsito animal (Cota) para pequeños rumiantes, se ha mejorado la trazabilidad de los ejemplares ovinos, y no se descarta que en el futuro el sector se integre al Sistema de Identificación Animal del Paraguay (SIAP).
Contexto de un sector exportador en crecimiento
Esta apertura se produce en un momento particularmente favorable para el sector exportador cárnico paraguayo. El país cerró 2024 con un récord histórico en la exportación de productos y subproductos de origen animal, alcanzando un ingreso total de USD 2.439.336.476 por la comercialización de 781.985 toneladas hacia 91 destinos globales.
La diversificación de mercados y productos es clave en la estrategia exportadora paraguaya. De los 91 destinos actuales, 59 corresponden a carne bovina y 50 a menudencias. La incorporación de Israel como destino para la carne ovina representa un paso más en esta estrategia de ampliar la base exportadora tanto en productos como en mercados.
Esta apertura podría catalizar el desarrollo de comunidades rurales dedicadas a la producción ovina, tradicionalmente vinculadas a pequeños y medianos productores, contribuyendo así no solo al crecimiento económico sino también a la mejora de las condiciones de vida en el campo paraguayo.