La multinacional suiza registra una caída del 17% en sus ganancias y del 2% en ventas, mientras afronta la crisis de la leche infantil contaminada, recortes de 16.000 empleos y una reorganización estratégica en cuatro divisiones que busca estabilizar una compañía bajo presión sin precedentes.

Un año de pérdidas, escándalos y cambio de mando

Nestlé publicó este jueves sus resultados anuales correspondientes a 2025 en un contexto extraordinariamente adverso: beneficios netos de 9.033 millones de francos suizos (unos 9.900 millones de euros), lo que representa una caída del 17% respecto al ejercicio anterior, y unas ventas totales de 89.490 millones de francos (aproximadamente 98.000 millones de euros), un 2% menos que en 2024. Estos números, por sí solos, ya describen un año difícil para la mayor empresa alimentaria del mundo. Pero el contexto que los rodea los hace aún más significativos.

La presentación de resultados coincidió con la mayor retirada de productos de la historia de la compañía, una reorganización de su cúpula directiva, el anuncio de la eliminación de 16.000 puestos de trabajo y una actualización estratégica largamente esperada por unos inversores que llevan tiempo cuestionando el rumbo de la firma con sede en Vevey. El nuevo consejero delegado, Philipp Navratil, y el presidente del consejo, el español Pablo Isla, llevan menos de medio año al frente de la empresa y ya cargan con el peso de recomponer una narrativa que se ha deteriorado de forma acelerada.

La crisis de la leche infantil: el escándalo que no necesitaban

A finales de 2024, Nestlé comenzó a retirar productos de fórmula infantil en Europa, Asia y América tras detectar posible contaminación con cereulida, una toxina bacteriana capaz de provocar náuseas y vómitos. Lo que en un primer momento parecía un problema acotado se convirtió rápidamente en la mayor retirada de productos de la historia de la compañía, con implicaciones que todavía están siendo evaluadas por analistas, reguladores y consumidores.

La gestión de la crisis fue objeto de críticas tanto de inversores como de las propias autoridades regulatorias. Las autoridades francesas abrieron investigaciones sobre el manejo de las retiradas, y los consumidores cuestionaron la velocidad de la respuesta. Navratil se vio obligado a emitir una disculpa en vídeo, un gesto inusual en una corporación de esta magnitud y que evidenció la gravedad percibida del problema.

Kai Lehmann, gestor de cartera en Flossbach von Storch —firma inversora en Nestlé— fue especialmente crítico con la comunicación de la empresa: «Habría esperado un poco más de proactividad y transparencia. Esto es precisamente lo que prometió Philipp Navratil cuando asumió el cargo». El propio Lehmann cuestionó además la práctica que denominó «tácticas de salami» en la divulgación de información, es decir, la revelación gradual y fragmentada de datos que generó más incertidumbre que confianza. Nestlé, por su parte, afirmó haber actuado de forma rápida y proactiva en todo momento.

El problema no afectó exclusivamente a Nestlé. Sus rivales Danone y el grupo privado Lactalis, así como la suiza Hochdorf Nutritec AG, también se vieron implicados por el mismo problema de contaminación del ingrediente de origen. Sin embargo, dada su dimensión y su posición de liderazgo en el mercado, el impacto reputacional sobre Nestlé ha sido proporcionalmente mayor.

En términos financieros, la compañía ha indicado que el impacto de la retirada no debería superar el 0,5% de las ventas del grupo, con una estimación de efecto de apenas un 0,2% sobre el crecimiento orgánico previsto para 2026. No obstante, el analista de Jefferies, David Hayes, cifra la exposición total de Nestlé en 1.600 millones de euros (alrededor de 1.900 millones de dólares), e inversores como Lehmann advierten de que «los efectos a largo plazo probablemente serán mayores». Los gastos imprevistos en logística, abastecimiento alternativo y campañas de recuperación de la confianza del consumidor podrían golpear los resultados de los próximos dos trimestres con una intensidad mayor a la estimada.

Una cotización en mínimos de ocho años y el contraste con los competidores

El deterioro del valor bursátil de Nestlé es uno de los datos más llamativos del informe de situación de la compañía. Las acciones se encuentran próximas a su nivel más bajo en ocho años y acumulan una caída de cerca del 38% desde el máximo alcanzado en 2022. El contraste con sus principales competidoras es revelador: en el mismo periodo, Danone ha subido un 32% y Unilever un 28%.

Esta divergencia en el desempeño bursátil alimenta las dudas sobre si los problemas de Nestlé responden exclusivamente a factores coyunturales o reflejan dificultades estructurales más profundas. Thomas Kuehne, gestor de cartera en LLB Asset Management AG, accionista de la compañía, apunta a una posible causa de fondo: «Podría ser indicativo de un exceso de concentración en ahorrar costes y alcanzar la cifra trimestral a corto plazo, en lugar de tomar decisiones para el accionista orientadas a más largo plazo».

El crecimiento interno real, métrica clave en Nestlé dada su extensa cartera de más de 2.000 marcas, previsiblemente seguirá siendo lento al menos hasta el segundo trimestre de 2026. Kai Lehmann, analista de Flossbach von Storch, resume el problema central: «Recientemente, el crecimiento se ha visto impulsado únicamente por los precios. La cuestión es cómo volver a aumentar realmente el volumen». Un crecimiento exclusivamente inflacionario no es sostenible en un entorno donde los consumidores migran hacia marcas más baratas y los aranceles estadounidenses añaden presión adicional sobre los costes.

La estrategia del nuevo equipo directivo: cuatro divisiones y recorte de 16.000 empleos

Frente a este panorama, Navratil e Isla han presentado una hoja de ruta que busca simplificar radicalmente la estructura de una empresa que durante años creció en complejidad sin que ello se tradujera en mejores resultados. La reorganización pivota sobre cuatro grandes divisiones: café, cuidado de mascotas, nutrición y salud, y alimentación y aperitivos. Estas cuatro áreas concentran ya el 70% de las ventas del grupo y son las que la dirección considera con mayor potencial de crecimiento sostenible.

La centralización de funciones como el marketing —un área en la que Nestlé no invirtió lo suficiente durante años de expansión de márgenes a corto plazo— es otro de los elementos clave del plan. La compañía también anuncia la integración de Nestlé Health Science dentro de la división de nutrición, tras la salida de Anna Mohl, hasta ahora responsable de esa sección.

En el capítulo del empleo, Nestlé detalló que de los 16.000 puestos que se eliminarán —equivalentes a aproximadamente el 6% de su plantilla global—, unos 12.000 corresponden a personal de oficina. El proceso deberá completarse antes del cierre de 2027. El objetivo declarado es alcanzar un ahorro de costes anuales en torno a los 1.000 millones de francos suizos (cerca de 1.100 millones de euros). La empresa afirmó haber completado ya el 20% del ahorro previsto, antes del calendario establecido, lo que supone una señal de ejecución positiva en medio de un contexto complicado.

Desinversiones en marcha: helados, aguas y el papel de L’Oréal

La racionalización de la cartera también incluye desinversiones concretas. Nestlé anunció formalmente la venta de su negocio global de helados a Froneri, un movimiento que no sorprendió al mercado dado que ambas empresas ya mantenían una relación histórica en ese segmento. La salida del mercado de aguas de «alta gama» está prevista para después de 2027, y el proceso formal de desinversión ya ha comenzado.

Más allá de estas operaciones ya confirmadas, los inversores observan con atención la posibilidad de que Nestlé reduzca su participación de aproximadamente el 20% en L’Oréal, la empresa francesa de cosméticos. Una venta parcial de esa posición proporcionaría liquidez suficiente para aliviar una deuda que se aproxima a tres veces el beneficio de la compañía y permitiría defender con más holgura el dividendo, históricamente uno de los principales atractivos de la acción para los inversores institucionales. La empresa propone para este ejercicio un dividendo de 3,1 francos suizos por acción (aproximadamente 3,4 euros), una subida interanual modesta del 1,6%, que mantiene la tradición de retribución al accionista pero que difícilmente compensa la erosión del valor en bolsa.

El cuarto trimestre y las perspectivas para 2026

En medio del ruido de la crisis y la reestructuración, el cuarto trimestre de 2025 ofreció una nota positiva: Nestlé reportó un crecimiento orgánico del 4%, por encima del consenso de analistas que estimaba un 3,55% según FactSet. El margen operativo del año cerró en el 16,1%.

Para 2026, la compañía proyecta un crecimiento orgánico de entre el 3% y el 4%, asumiendo que el impacto de la retirada de la leche infantil se limitará a 0,2 puntos porcentuales sobre ese indicador. Se trata de unas perspectivas prudentes, coherentes con un entorno marcado por la presión sobre el consumo, la competencia de las marcas blancas y la incertidumbre regulatoria y arancelaria.

Jean-Philippe Bertschy, analista de Vontobel, sintetizó bien el estado de ánimo del mercado frente a esta publicación: «Los resultados de todo el año se han convertido en algo casi anecdótico, ya que los inversores se centran ahora directamente en la solidez de los controles de calidad en el caso de la nutrición infantil y en la actualización estratégica prometida por el nuevo equipo directivo». Dicho de otro modo, las cifras importan, pero lo que los inversores realmente evalúan ahora es la credibilidad del plan y la capacidad de ejecución del nuevo liderazgo.

La renovación del consejo y la figura de Pablo Isla

Otro elemento de atención es la composición del consejo de administración. Pablo Isla, primer presidente no proveniente del mundo corporativo interno de Nestlé, tiene ante sí la tarea de refundar un órgano que ha perdido varios miembros en un periodo breve. El último episodio significativo fue la destitución en septiembre del exConsejero Delegado Laurent Freixe por una relación romántica no declarada con una empleada subordinada, lo que acarreó un daño reputacional añadido.

Según personas familiarizadas con el asunto, Isla propondrá al menos dos nuevos consejeros en la junta general anual prevista para abril. La configuración de ese consejo será determinante para dotar de credibilidad y continuidad al plan estratégico que ahora se pone en marcha.

¿Ha tocado fondo Nestlé?

Pese al acumulado de malas noticias, algunos analistas consideran que la compañía podría estar cerca de un punto de inflexión. El consenso de recomendación entre analistas se ha vuelto más optimista recientemente: actualmente, la mitad de ellos asigna a la acción una calificación de compra o equivalente. Las acciones han rebotado parcialmente desde la reciente caída provocada por la crisis de la leche infantil, una vez que el mercado percibió que el impacto financiero inmediato podría ser más acotado de lo temido inicialmente.