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La Unión Europea prepara aranceles por €93.000 millones a productos estadounidenses y evalúa activar su «bazuca comercial» ante amenazas de Trump por Groenlandia

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Foto: Reuters

La escalada de tensiones comerciales entre Estados Unidos y Europa alcanzó un punto crítico tras el anuncio del presidente Donald Trump de imponer aranceles del 10% a ocho países europeos a partir del 1 de febrero, elevándolos al 25% en junio si Dinamarca no acepta «vender» Groenlandia. La respuesta del bloque comunitario no se hizo esperar: la Unión Europea evalúa contramedidas sobre €93.000 millones (US$108.000 millones) en bienes estadounidenses y analiza activar el Instrumento Anticoerción Económica, su herramienta de represalia más potente, mientras las relaciones transatlánticas atraviesan su momento más crítico en décadas.

Respuesta coordinada de la UE ante la amenaza arancelaria

Representantes de los 27 países miembros de la Unión Europea se reunieron de emergencia el domingo para diseñar opciones de respuesta ante lo que consideran una amenaza sin precedentes. Según fuentes familiarizadas con las discusiones, el bloque prioriza una solución diplomática, aunque no descarta medidas contundentes si Trump cumple sus advertencias.

El presidente del Consejo Europeo, António Costa, expresó en redes sociales que los países del bloque están unidos en su apoyo a Dinamarca y Groenlandia, y listos para «defendernos frente a cualquier forma de coerción». Los líderes europeos celebrarán una reunión de emergencia en Bruselas esta semana para analizar las medidas de represalia.

La UE ya había aprobado previamente aranceles de represalia sobre €93.000 millones de productos estadounidenses, pero suspendió su aplicación. Si Trump avanza con su amenaza a principios de febrero, estas contramedidas podrían reactivarse automáticamente, apuntando principalmente a bienes industriales estadounidenses como aviones de Boeing, automóviles fabricados en Estados Unidos y bourbon.

El Instrumento Anticoerción Económica: la bazuca comercial europea

Francia ha dado el paso más agresivo en la respuesta europea. El presidente Emmanuel Macron, quien calificó la amenaza de Trump como «inaceptable», solicitó formalmente que la UE active el Instrumento Anticoerción Económica (ACI), aprobado en 2023 y nunca antes utilizado. Esta herramienta fue diseñada como elemento disuasorio y permite responder a acciones coercitivas de terceros países que emplean medidas comerciales para presionar decisiones políticas del bloque o sus miembros.

Las medidas que autoriza el ACI van mucho más allá de simples aranceles. El instrumento permite imponer restricciones comerciales diversas: mayores aranceles, licencias de importación o exportación, restricciones al comercio de servicios, limitaciones al acceso a la inversión extranjera directa y a la contratación pública. En la práctica, esto significaría que empresas estadounidenses podrían quedar impedidas de comprar acciones en firmas de cualquiera de los 27 Estados miembro, recibir financiamiento público o privado, y participar en licitaciones para contratos públicos con gobiernos europeos.

Además, el ACI autoriza a la UE a exigir una «reparación» económica al país que ejerza coerción en su contra, lo que representaría una escalada sin precedentes en las relaciones comerciales transatlánticas.

Congelación del acuerdo comercial de julio

La reacción más inmediata y tangible de la UE ha sido detener la aprobación del acuerdo comercial alcanzado con Estados Unidos en julio pasado, que aún requiere el aval del Parlamento Europeo. El Partido Popular Europeo, el mayor grupo parlamentario, anunció que se sumará a otros partidos para bloquear la ratificación del pacto.

«El presidente Trump ha desencadenado una avalancha que amenaza con destruir décadas de cooperación transatlántica», declaró Stefan Löfven, presidente del Partido de los Socialistas Europeos, cuyo grupo parlamentario es el segundo más grande en Bruselas. El partido respalda suspender el acuerdo comercial y examinar el uso del instrumento contra la coerción.

Este acuerdo, que muchos en Europa criticaron por estar demasiado inclinado a favor de Washington, contemplaba que la UE eliminara casi todos los aranceles sobre productos estadounidenses. El bloque también había aceptado un gravamen del 15% sobre la mayoría de las exportaciones a Estados Unidos y del 50% sobre el acero y el aluminio. Sin embargo, desde entonces Estados Unidos amplió la lista de bienes incluidos en la tasa del 50% para abarcar cientos de productos adicionales que contienen estos metales.

Reacciones políticas y diplomáticas divididas

Las respuestas de los líderes europeos reflejan una mezcla de firmeza y cautela. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, afirmó categóricamente que «Europa no se dejará chantajear». El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, calificó los comentarios de Trump como «completamente erróneos», mientras que el sueco Ulf Kristersson declaró que su país no sería «chantajeado».

Emmanuel Macron fue particularmente crítico: «Ninguna intimidación ni amenaza nos influirá, ni en Ucrania, ni en Groenlandia, ni en ningún otro lugar del mundo». Durante el Foro Económico de Davos, el mandatario francés sugirió que Europa debería estrechar lazos con China, declarando que «China es bienvenida, pero lo que necesitamos es más inversión extranjera directa china en Europa en algunos sectores clave para contribuir a nuestro crecimiento». Cuando se le preguntó si aún consideraba a Trump un «aliado» de Europa, respondió: «Le corresponde a él dar la respuesta, aunque en efecto no es un comportamiento que corresponde a esa calificación».

No obstante, algunos líderes abogaron por la prudencia. El primer ministro noruego, Jonas Gahr Store, advirtió: «Debemos ser muy cuidadosos para no entrar en una guerra comercial que se salga de control. No creo que nadie se beneficie de eso». El primer ministro de Irlanda, Micheál Martin, reconoció que el ACI «está sobre la mesa», pero insistió en agotar primero la vía del diálogo.

Impacto económico potencial y análisis de riesgos

Las consecuencias económicas de esta confrontación podrían ser devastadoras para ambas partes. El comercio de bienes y servicios entre la UE y Estados Unidos alcanzó los US$1,8 billones en 2023, lo que representa aproximadamente US$5.000 millones diarios cruzando el Atlántico, según la Comisión Europea. En materia de bienes, la UE mantiene un superávit de más de US$170.000 millones, mientras que en servicios Estados Unidos lidera con casi US$120.000 millones.

Según estimaciones de Bloomberg Economics, si Trump cumple con la amenaza completa de un arancel del 25%, podría recortar hasta en el 50% las exportaciones a Estados Unidos de los países afectados, siendo Alemania, Suecia y Dinamarca los más expuestos. Esta situación podría representar una interrupción significativa para el reciente repunte de las acciones europeas, que habían superado a sus pares estadounidenses gracias a diversos factores como mayor gasto fiscal en Alemania, tasas de interés más bajas y expectativas de mejora en las ganancias.

Ignacio García Bercero, exalto funcionario de la Comisión Europea responsable de negociaciones comerciales con Estados Unidos, consideró que la UE debe mostrar determinación: «La comisión debería activar de inmediato el instrumento contra la coerción y el consejo autorizar la aplicación de aranceles equivalentes sobre importaciones de Estados Unidos. Si la UE no es capaz de mostrar solidaridad con Dinamarca y con los países miembros afectados, perdería toda credibilidad o legitimidad».

La posición estadounidense y la escalada diplomática

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, prácticamente desestimó las amenazas europeas, afirmando en NBC que el presidente estadounidense está usando «apalancamiento estratégico» para conseguir lo que quiere. «Los europeos proyectan debilidad, Estados Unidos proyecta fortaleza», declaró. «Los líderes europeos acabarán entrando en razón y entenderán que necesitan estar bajo el paraguas de seguridad de Estados Unidos».

Las tarifas anunciadas por Trump se aplicarán a Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia. El anuncio se produjo de manera llamativa después de que estos países —algunos de los aliados más antiguos de Estados Unidos y todos miembros de la OTAN— dijeran que enviarían solo unas pocas decenas de tropas a Groenlandia para participar en un ejercicio conjunto de planificación. De hecho, el equipo alemán de reconocimiento militar que llegó a Groenlandia el viernes ya regresaba tras un despliegue de apenas 44 horas.

La tensión escaló aún más cuando Trump publicó en Truth Social supuestos mensajes privados del presidente Macron, en un intento aparente de humillarlo públicamente. El canciller francés, Jean-Noël Barrot, respondió firmemente: «Francia no se somete a ningún chantaje y no se someterá nunca».

Voces críticas desde el Congreso estadounidense

Incluso dentro de Estados Unidos surgieron voces críticas. Los senadores republicano Thom Tillis y demócrata Jeanne Shaheen emitieron una declaración conjunta instando al gobierno de Trump a «apagar las amenazas y encender la diplomacia». Como copresidentes de un grupo del Senado sobre la OTAN, escribieron: «Seguir por este camino es malo para Estados Unidos, malo para las empresas estadounidenses y malo para los aliados de Estados Unidos».

Esta crisis representa un momento definitorio en las relaciones transatlánticas. Mientras Europa busca equilibrar la diplomacia con la firmeza, y Estados Unidos mantiene una postura agresiva, ambas partes se enfrentan a la posibilidad real de una guerra comercial que podría reconfigurar décadas de cooperación económica y política. La decisión de la UE sobre si activar o no su «bazuca comercial» en las próximas semanas determinará el curso de esta confrontación sin precedentes entre dos de las mayores economías del mundo.