La inteligencia artificial ha cruzado un umbral decisivo en los mercados financieros. Ya no es el motor de un sector ni el argumento de una narrativa de crecimiento de corto plazo: es ahora una variable que obliga a recalcular los fundamentos sobre los que se construye el valor de largo plazo de las empresas cotizadas en Estados Unidos. El debate que domina las mesas de análisis en Wall Street ya no gira en torno a quién lidera la innovación tecnológica, sino a cuánto valdrán las compañías dentro de una década y si los modelos financieros vigentes son capaces de capturar esa incertidumbre.
En las últimas semanas, el foco de los inversionistas se desplazó con claridad desde los indicadores macroeconómicos de corto plazo hacia el impacto potencial de la disrupción tecnológica sobre modelos de negocio consolidados. El movimiento no se refleja con nitidez en los grandes índices, que se mantienen en niveles elevados, pero sí en la rotación interna del mercado y en el incremento de la volatilidad que opera bajo la superficie del S&P 500. Seguros, corredores y logística de transporte se han sumado al software en el punto de mira de los inversionistas que temen una obsolescencia acelerada de sus flujos de ingresos.
La presión sobre los múltiplos terminales, en el corazón del ajuste
Scott Chronert, estratega de renta variable estadounidense de Citi, es uno de los analistas que mejor ha articulado la naturaleza del fenómeno en curso. A su juicio, «la innovación en IA y su disrupción están poniendo en cuestión los múltiplos terminales en varios rincones del mercado, lo que está llevando a los inversionistas a centrarse en riesgos específicos, en lugar de cambios más amplios de exposición». Los múltiplos terminales son supuestos de valoración que estiman a qué múltiplo —ya sea precio sobre utilidad o valor empresa sobre ebitda— cotizará una compañía al final del período proyectado en un modelo financiero. Cuando esos supuestos se someten a revisión, las implicaciones se propagan hacia el presente a través del descuento de flujos de caja.
Chronert advierte que la magnitud del ajuste está condicionada por el punto de partida: «contra el telón de fondo de mercados plenamente valorados, cambios en los supuestos de rentabilidad o crecimiento a largo plazo tienen implicaciones más severas en el valor presente». El problema, precisa Citi, no radica en el ciclo inmediato ni en un deterioro visible de las utilidades actuales, sino en una preocupación de múltiplo terminal basada en mayor competencia y su efecto sobre el crecimiento o la rentabilidad futuros. Esta distinción es crucial: el mercado no está respondiendo a señales de deterioro operativo, sino a una revisión de los supuestos estructurales que sostienen las valoraciones.
UBS apunta al dilema del valor terminal y la paradoja de la destrucción creativa
La firma UBS coincide en que la fuente de incertidumbre es el horizonte final de valoración. Jason Draho, estratega de la entidad, reconoce que «los movimientos tuvieron un aire de vender primero y responder preguntas después, ya que los inversionistas luchan por evaluar cuánto valdrán estas compañías a largo plazo, es decir, sus valores terminales». La presión se amplifica porque el mercado castiga simultáneamente dos riesgos de signo aparentemente opuesto: el riesgo de obsolescencia para las compañías que la IA amenaza, y el riesgo de retornos de inversión insuficientes para las que apuestan masivamente por ella.
Esa doble penalización expone una contradicción de fondo que Chronert resume con precisión: «la promesa de productividad termina manifestándose en presiones sobre los precios de venta a medida que los ahorros de costos se trasladan». Dicho de otro modo, el mismo proceso que promete eficiencia puede erosionar el poder de fijación de precios y elevar la competencia hasta niveles que compriman los márgenes de forma estructural.
El resultado es lo que Draho denomina una paradoja central de este ciclo: «mientras los inversionistas están preocupados de que el valor terminal de algunas compañías en 10 años se acerque a cero, esa misma disrupción de la IA probablemente agregará billones de dólares a la actividad económica en ese mismo momento». La creación de valor agregado y la destrucción de valor corporativo pueden, por tanto, coexistir y amplificarse mutuamente.
El S&P 500 oscila en un rango estrecho mientras la correlación entre títulos cae a mínimos históricos
La consecuencia práctica es una fragmentación interna del mercado que los índices amplios ocultan de forma engañosa. El S&P 500 se mantiene en un rango de entre 6.800 y 7.000 puntos, pero la volatilidad implícita de las acciones individuales aumenta con mayor intensidad que la del índice. La correlación entre títulos se sitúa cerca de mínimos de dos décadas, una señal técnica que confirma que el ajuste ocurre caso por caso y no como una salida generalizada del riesgo. El mercado no huye en bloque: discrimina, castiga a los vulnerables y premia, con cautela, a los beneficiarios netos.
La sesión del 17 de febrero ilustró esa dinámica con claridad. Al cierre, el S&P 500 avanzó apenas 7,05 puntos, un 0,1%, hasta los 6.843,22 puntos. El Promedio Industrial Dow Jones subió 32,26 puntos, también un 0,1%, hasta los 44.533,19. El Nasdaq Composite ganó 31,71 puntos, un 0,1%, hasta los 22.578,38, mientras que el Russell 2000 cerró prácticamente sin cambios con una caída inferior al 0,1%. Detrás de esos números moderados se ocultó una intensa volatilidad intradía: el S&P 500 llegó a subir un 0,5% antes de caer casi un 1%, trazando un recorrido que refleja el nerviosismo del flujo de capital.
Nvidia concentra las tensiones del sector tecnológico y General Mills advierte sobre el consumidor
En ese entorno, Nvidia siguió siendo el termómetro del sentimiento en torno a la IA. La acción fluctuó de forma considerable durante la sesión, impulsando al mercado al alza en determinados momentos antes de enfrentar presión vendedora, para recuperarse parcialmente al cierre. Su volatilidad condensa la divergencia que atraviesa al sector tecnológico de gran capitalización: el mismo segmento que llevó a los índices a máximos históricos con el argumento de las ganancias de la IA es ahora el epicentro de las dudas sobre la sostenibilidad de esas inversiones.
En sentido contrario, General Mills sorprendió negativamente con una advertencia de resultados que arrastró a sus acciones cerca de un 7% a la baja. La compañía señaló que los consumidores están ajustando su gasto más de lo previsto, forzando una rebaja de perspectivas de beneficios. El episodio es revelador porque el deterioro no se limita al ámbito tecnológico: se extiende al sector de bienes de consumo básico, históricamente considerado un refugio defensivo en períodos de incertidumbre. En el lado positivo de la jornada, Warner Bros. Discovery habilitó a Paramount Skydance para presentar una oferta final de adquisición, lo que impulsó al sector del entretenimiento y contribuyó a sostener el índice general.
Bank of America detecta un récord de gestores que consideran excesiva la inversión en IA
Detrás de la rotación sectorial subyace un cambio de percepción que Bank of America ha cuantificado. Según una encuesta a gestores de fondos globales, un porcentaje récord de ellos considera que las grandes corporaciones están invirtiendo demasiado en inteligencia artificial. Varias compañías han anunciado planes para destinar cientos de miles de millones de dólares este año a centros de datos y chips, generando inquietud por un posible exceso de capacidad si las ganancias de productividad no materializan en los plazos previstos.
Sameer Samana, director de renta variable global y activos reales del Wells Fargo Investment Institute, sostiene que el mercado necesita estabilidad a través de las grandes acciones tecnológicas y anticipa una reducción gradual del comportamiento de «vender ahora, preguntar después». Chris Larkin, de E-Trade (Morgan Stanley), advierte por su parte que, aunque los índices se mantienen cerca de máximos históricos, la confianza de los inversionistas no acompaña ese nivel, dado que las correcciones bruscas suelen producirse precisamente cuando se consolidan las tendencias alcistas. En lo que va de año, el Dow Jones acumula una ganancia de aproximadamente 3,1%, mientras que el S&P 500 y el Nasdaq han visto su avance frenado por el peso del sector tecnológico.
El impacto macroeconómico de la IA: entre 50 puntos básicos y más de 3 puntos porcentuales adicionales de crecimiento
El debate bursátil no puede desvincularse de sus implicaciones sobre la economía real. Draho ubica a la inteligencia artificial como una tecnología de propósito general que equivale a un shock positivo de oferta agregada con capacidad para elevar el crecimiento de la productividad de forma sostenida. Las estimaciones sobre la magnitud de ese impacto varían ampliamente: desde menos de 50 puntos básicos hasta más de 3 puntos porcentuales adicionales de crecimiento anual. En un contexto donde la Reserva Federal sitúa la productividad tendencial en torno a 1,5% y el crecimiento de la fuerza laboral podría caer por debajo de 50 puntos básicos durante el resto de la década, el efecto acumulado adquiere una dimensión estructural difícil de ignorar.
UBS estima que un aumento de productividad impulsado por la IA podría elevar el crecimiento tendencial por encima del 3%, lo que implicaría que el PIB total de Estados Unidos en una década podría ser más de cinco billones de dólares superior al que se proyecta sin ese impulso. Esa expansión potencial del producto contrasta, sin embargo, con el riesgo de destrucción de valor corporativo en sectores específicos, configurando una distribución asimétrica de ganadores y perdedores que el mercado aún no ha terminado de procesar.
El efecto sobre la política monetaria añade otra capa de complejidad. Una mayor productividad puede ser desinflacionaria y abrir espacio para recortes de tasas, pero un crecimiento tendencial más alto elevaría la tasa neutral de largo plazo. La función de reacción de la Reserva Federal se convierte así en una variable endógena del propio ciclo de innovación. En ese marco, Draho concluye que «incluso si la IA no termina siendo particularmente disruptiva para los mercados laborales, el capital, es decir, los inversionistas, todavía es probable que obtenga muchos de los beneficios».
Las bolsas europeas alcanzan máximos históricos y los mercados globales toman un respiro
Mientras Wall Street procesaba esas tensiones, las bolsas europeas ofrecían un panorama más favorable. El índice STOXX 600 avanzó un 0,8% hasta un máximo histórico el miércoles, encadenando su tercer día consecutivo de subidas, con el impulso de valores de defensa y minería. Los futuros de Wall Street acompañaron con ganancias del 0,6%, apuntando a una apertura positiva que ratificaría la moderación de las presiones vendedoras sobre el tecnológico.
El ambiente europeo estuvo marcado por un factor político de primer orden: el Financial Times informó que Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, planea abandonar su cargo antes de las elecciones presidenciales francesas previstas para el próximo año. La noticia generó reacción inmediata en los mercados de divisas, con el euro cediendo un 0,2% hasta 1,1833 dólares. El rendimiento del bono alemán a diez años, referencia de la zona euro, se mantuvo sin cambios en 2,74%. Charles-Henry Monchau, director de inversiones del grupo SYZ en Ginebra, interpretó la eventual salida de Lagarde como el fin de una era definida por la gestión de crisis y el inicio de una pugna de alto riesgo por el futuro del euro.
El contexto geopolítico presiona sobre el apetito por el riesgo global
Al escenario financiero se superpone una dimensión geopolítica de creciente peso. Las conversaciones para poner fin a la guerra en Ucrania entraron en su segundo día, con el presidente ucraniano Volodymyr Zelenski afirmando en una entrevista con Axios que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ejercía una presión indebida sobre él para alcanzar una resolución. Ryan Sweet, director general de pronósticos macroeconómicos de Oxford Economics, advirtió que «un aumento continuo de las tensiones geopolíticas probablemente reduciría la disposición de los inversores a asumir riesgos».
En paralelo, la diplomacia nuclear entre Irán y Estados Unidos ofreció señales de avance tras conversaciones en Ginebra, con el canciller iraní anunciando un entendimiento sobre los principales principios rectores para resolver la prolongada disputa, lo que alivió parcialmente los temores a un conflicto cerca del estrecho de Ormuz que pudiera interrumpir el suministro mundial de petróleo. Los futuros del crudo Brent y del West Texas Intermediate respondieron con alzas moderadas de entre 0,2% y 0,3%, situándose en 67,62 y 62,47 dólares por barril respectivamente, tras haber cerrado en sus niveles más bajos en más de dos semanas en la sesión anterior.
El mercado de bonos y los activos alternativos reflejan la búsqueda de equilibrio
En el mercado de deuda soberana estadounidense, el rendimiento del bono del Tesoro a diez años subió cerca de dos puntos básicos hasta el 4,07%, alejándose del mínimo de dos meses y medio registrado el martes en el 4,02%. Los datos recientes de inflación han alimentado expectativas de un posible recorte de tasas por parte de la Reserva Federal durante el año, aunque la cautela prevalece. Las actas de la reunión de enero del organismo, publicadas el mismo miércoles, concentraron la atención de los operadores como posible fuente de señales sobre la trayectoria futura de la política monetaria.
En los activos alternativos, el oro se recuperó de pérdidas iniciales para avanzar un 0,9% hasta situarse en torno a los 4.922 dólares la onza, mientras que la plata ganó un 3,5% hasta aproximadamente los 76,05 dólares. En el mercado de criptoactivos, el bitcóin avanzó un 0,7% tras tres sesiones consecutivas de pérdidas, y el ether subió casi un 1%, encaminándose hacia su racha ganadora más larga desde finales de enero. Thomas Perfumo, economista global de la bolsa de criptomonedas Kraken, señaló que las primeras señales apuntan a una estabilización en el mercado de criptomonedas tras las liquidaciones de principios de febrero.
En Asia, el índice Nikkei 225 de Japón subió un 1%, rompiendo una racha de tres días de caídas, mientras que el S&P/ASX 200 de Australia avanzó un 0,5%. Los mercados de China continental, Hong Kong, Singapur, Taiwán y Corea del Sur permanecieron cerrados por las festividades del Año Nuevo Lunar.
Un mercado en transición: el largo plazo como nuevo campo de batalla
La redefinición de los valores terminales se ha consolidado como el eje del análisis estratégico en Wall Street. Mientras los resultados corporativos mantienen un tono sólido y las revisiones de beneficios no muestran deterioro generalizado en el corto plazo, la valoración de largo plazo se somete a una prueba que trasciende el ciclo económico convencional. La inteligencia artificial no obliga simplemente a ajustar proyecciones de flujos de caja: obliga a revisar el marco completo con el que el mercado descuenta el futuro.
La pregunta de fondo no es si la IA ampliará el tamaño de la economía estadounidense, un efecto sobre el que existe un amplio consenso entre los economistas, sino cómo se distribuirá ese incremento entre capital y trabajo, y qué compañías capturarán valor neto frente a las que verán erosionado el suyo. Esa incertidumbre, por su naturaleza estructural y su horizonte de largo plazo, no se resolverá con un solo dato macroeconómico ni con una sola temporada de resultados. El mercado parece haberlo entendido, y esa comprensión es precisamente la que explica la nueva geografía de la volatilidad que se instala en Wall Street.




