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La industria argentina en dos años de gobierno de Milei: desindustrialización récord, 100.000 empleos perdidos y conflicto abierto con el sector empresarial

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La industria manufacturera argentina cerró 2024 con una contracción del 8,8% en términos reales respecto de 2023, según un informe elaborado por el Área de Estudios Sobre la Industria Argentina y Latinoamericana (AESIAL) y el Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (CEHEAL) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ese retroceso superó al registrado durante la pandemia de 2020 (−7,7%) y el de la crisis financiera internacional de 2009 (−7,3%), consolidando al bienio 2023-2024 como uno de los períodos más destructivos para el sector en su historia reciente. La caída industrial fue, además, 7,5 puntos porcentuales mayor a la de la economía nacional, que se contrajo 1,3% en el mismo período. Solo la construcción, con un desplome del 17,5%, exhibió un desempeño más grave.

En perspectiva histórica, en 2024 el nivel de actividad industrial se situó un 18,5% por debajo del máximo histórico alcanzado en 2011 y, pese a una recuperación parcial posterior, todavía permanecía un 8,2% por encima del piso registrado durante la pandemia. El deterioro acumulado entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025 equivale a una caída de 8 puntos porcentuales en el producto manufacturero, en un contexto en el que la economía argentina en su conjunto apenas creció un 1,3% en esos dos años.

El peso industrial cae al nivel más bajo en casi 90 años

El dato quizás más significativo del informe de la UBA es el referido a la participación de la industria en el Producto Interno Bruto. Ese indicador retrocedió del 16,5% registrado en 2023 al 13,7% en 2025, convirtiendo al sector manufacturero en el que mayor participación perdió dentro de toda la estructura económica. El documento señala que ese nivel de peso industrial se remonta a antes de la Segunda Guerra Mundial, es decir, a hace casi 90 años. La magnitud de esa pérdida de relevancia estructural no tiene precedente en el período democrático reciente y plantea interrogantes de largo plazo sobre la capacidad del país para sostener un entramado productivo diversificado.

El informe identificó que 22 de los 24 sectores que conforman la estructura industrial argentina registraron caídas en su valor agregado entre mediados de 2023 y mediados de 2025. Los más afectados, con pérdidas de entre el 20% y el 25%, fueron la metalurgia, el calzado, las curtiembres y las industrias vinculadas a la construcción. Los sectores más resilientes resultaron ser la industria alimenticia, las tabacaleras y la industria del transporte, aunque ninguno logró compensar la tendencia general de contracción.

100.000 empleos destruidos a razón de 160 por día

El impacto del deterioro industrial sobre el empleo se tradujo en la pérdida de 100.000 puestos de trabajo desde noviembre de 2023, días antes de la asunción de Javier Milei, hasta 2025, lo que equivale a 160 empleos diarios. El informe de la UBA califica ese proceso como una «destrucción de empleo industrial» de carácter masivo, producida en paralelo a la contracción de la actividad y al aumento de la capacidad ociosa.

Este deterioro del mercado laboral fabril se inscribe en una dinámica más amplia que el propio documento caracteriza como «crisis industrial masiva», con consecuencias directas sobre la calidad del empleo, el nivel de ingresos de los trabajadores afectados y el tejido productivo regional de economías provinciales con fuerte dependencia manufacturera.

Capacidad ociosa y bienes de capital: señales de presión estructural

El promedio de uso de la capacidad instalada durante el período 2024-2025 se ubicó en el 58%, apenas dos puntos por encima del nivel de 2020 y uno por debajo del de 2019, configurando uno de los registros más bajos del último decenio. La evolución de ese indicador fue oscilante: cayó al 53% entre diciembre de 2023 y marzo de 2024, repuntó al 63% en octubre de 2024, volvió a descender al 54% en marzo de 2025 y se recuperó hasta el 61% en septiembre del mismo año. En promedio, cuatro de cada diez unidades de capacidad productiva instalada permanecieron sin uso a lo largo del período.

La situación de la industria de bienes de capital agrava ese cuadro. Entre 2023 y 2025, la producción local de bienes durables destinados al proceso productivo cayó casi un 25%, mientras que las importaciones de esos mismos bienes se dispararon un 77%. El informe también documenta un incremento exponencial en la importación de maquinaria agrícola usada a partir del Decreto 273/2025: entre mayo y octubre de 2025 el promedio mensual se multiplicó por ocho, con efectos negativos directos sobre los fabricantes nacionales del sector.

Una economía a dos velocidades: finanzas y minería versus manufactura

El informe de la UBA pone en evidencia una profunda heterogeneidad en el desempeño sectorial de la economía argentina bajo la gestión de Milei. Mientras la industria manufacturera se ubicaba entre los sectores más perjudicados, la intermediación financiera creció un 25%, casi veinte veces el incremento de la economía en su conjunto. Otros sectores que superaron por más de diez veces el promedio nacional fueron la minería, la hotelería y gastronomía, y el agro.

Esa asimetría refleja un modelo de crecimiento concentrado en sectores vinculados a recursos naturales y servicios financieros, en tanto el entramado manufacturero acumula pérdidas. El PBI industrial per cápita retrocedió 40 años y se ubica actualmente en niveles similares a los de 1985, según el mismo informe.

Primarización exportadora y retroceso de las manufacturas industriales

El deterioro estructural también se manifiesta en la composición de las exportaciones. Las manufacturas de origen industrial (MOI), que representaban el 35% del total exportado en 2011, cayeron al 28% en 2024, con una pérdida de más de 6.000 millones de dólares en valor exportado. Las exportaciones vinculadas al complejo agropecuario mostraron, en cambio, un rendimiento relativo más sólido, lo que el informe describe como una primarización de la canasta exportadora: el sector vende al exterior cada vez más alimentos y commodities y cada vez menos productos con contenido tecnológico y valor agregado.

No obstante, en 2025 comenzó una reversión parcial de esa tendencia. Hasta octubre, las manufacturas de origen agropecuario (MOA) acumularon un incremento del 3,3% y las MOI del 6,3% respecto del año anterior, aunque sin alcanzar a compensar el deterioro acumulado en el período.

La recuperación que no se sostuvo

En el primer semestre de 2025, la industria manufacturera exhibió una recuperación del 6,1% respecto del mismo período de 2024. Sin embargo, el nivel de actividad seguía siendo un 10,2% inferior al observado en la primera mitad de 2023. A mediados de año, en un contexto de tensiones cambiarias y reservas declinantes, esa recuperación —que llevaba nueve meses— se interrumpió. En el tercer trimestre de 2025, la actividad industrial volvió a contraerse un 2,4% en términos interanuales, retomando la dinámica negativa del bienio anterior.

Desfinanciamiento público: recorte del 40% en el presupuesto industrial

El informe de la UBA señala que en el Presupuesto 2026 la industria sufrió un recorte del 40% en sus recursos y exenciones, mientras que el apoyo público se concentró en el Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI), creado por la Ley Bases, orientado al gran capital extranjero en los sectores de energía, minería y siderurgia. Esa reorientación del gasto público es calificada en el informe como un «desfinanciamiento público del sector» que contribuye a explicar la divergencia de trayectorias entre la manufactura y otros sectores de la economía.

El conflicto abierto entre el gobierno y el sector industrial

Sobre ese trasfondo de datos adversos para la manufactura se desarrolló, en paralelo, una confrontación pública de inusual intensidad entre el presidente Milei y referentes del empresariado industrial. Las descalificaciones comenzaron en el país con los apodos que el mandatario dirigió al titular de Techint, Paolo Rocca, a quien llamó «Don Chatarrín de los caños caros», y al titular de Fate y Aluar, Javier Madanes Quintanilla, denominado «Gomita». La tensión se acentuó en el discurso de apertura de sesiones del Congreso, donde Milei defendió la apertura de importaciones y cuestionó lo que llamó el «fetiche industrialista».

La disputa alcanzó su expresión más explícita durante la Argentina Week celebrada en Nueva York, donde el presidente expuso ante inversores internacionales en la sede del JP Morgan. Allí acusó a Rocca y a Madanes Quintanilla de haber actuado «en connivencia con políticos ladrones» y los caracterizó como «empresarios prebendarios» que se habrían beneficiado durante años de protecciones estatales. Sobre Madanes en particular, denunció que el empresario habría condicionado el mantenimiento de las protecciones a Aluar amenazando con despedir a 920 trabajadores en vísperas del tratamiento de la reforma laboral. «Nos tiró 920 trabajadores a la calle, esto no es un juego de niños», afirmó.

Frente a las lecturas que interpretaron su postura como antiempresarial, Milei rechazó esa caracterización: «Algún trasnochado quiso mostrar como que nosotros somos antiempresa. Verdaderamente algo que nunca se me hubiera ocurrido, que fuera el ataque a un liberal». La UIA y la Asociación Empresaria Argentina (AEA) respondieron reclamando «respeto» y «diálogo constructivo», en medio de advertencias sobre la crisis del sector y la caída del empleo.

El argumento oficial: apertura comercial y beneficio al consumidor

Milei fundamenta su postura en una crítica al proteccionismo arancelario. En Nueva York argumentó que las barreras que encarecen productos importados —ilustrado con el ejemplo de neumáticos que cuestan 100 dólares en el mercado internacional pero se venden a 400 bajo protección— representan un costo que recae sobre el conjunto de los consumidores para beneficiar a productores específicos. Según su razonamiento, eliminar esas barreras libera recursos que los consumidores redirigen hacia otros sectores de la economía. Enunció lo que denominó el «principio de revelación» para concluir que quienes defienden la industria nacional son, en su visión, agentes de un sistema corrupto, y vinculó esa dinámica también con el kirchnerismo, al afirmar que «los Kirchner, cuando insultaban a Rocca, no lo insultaban porque lo odiaran, sino porque estaban negociando la coima».

Las proyecciones del presidente y el factor político

En el plano macroeconómico, Milei proyectó ante los inversores reunidos en Nueva York que, si el riesgo país se mantiene en torno a los 550 puntos básicos, la economía podría crecer entre el 4% y el 5% anual. Si ese indicador se redujera a 220 puntos, el crecimiento podría alcanzar entre el 7% y el 8%, lo que —según afirmó— permitiría duplicar el PBI en nueve o diez años. El presidente situó como principal obstáculo para esa reducción del riesgo lo que denominó el «riesgo kuka», en referencia al eventual retorno del kirchnerismo al poder, factor que según dijo sigue incidiendo en el costo del financiamiento internacional para la Argentina más allá de 2027. «Estamos haciendo todo para terminar de una vez por todas con el populismo y en especial con el kirchnerismo», afirmó.

El contraste entre esas proyecciones optimistas y los datos documentados por la UBA sobre el sector manufacturero —100.000 empleos perdidos, capacidad ociosa al 40%, exportaciones industriales de mayor valor agregado caídas al 28% del total y un peso en el PIB que no se registraba desde antes de la Segunda Guerra Mundial— define el núcleo del debate económico que atraviesa a la Argentina a dos años del inicio de la gestión libertaria.