Casi uno de cada dos empleos podría verse afectado por la inteligencia artificial (IA), un mercado que alcanzará los 4,8 billones de dólares en poco menos de diez años, según revela un reciente informe de la ONU. Este dato no solo ilustra el crecimiento exponencial de esta tecnología, sino que también pone de manifiesto los profundos cambios estructurales que se avecinan en la economía mundial.

La UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) advierte que la IA está transformando las economías y creando oportunidades, pero también plantea riesgos significativos de mayor desigualdad. Según el documento publicado, el uso de la IA «podría afectar al 40% de los puestos de trabajo en todo el mundo», generando ganancias de productividad pero también suscitando preocupación por la automatización y la consiguiente pérdida de empleos.

Este fenómeno no afectará a todos los países por igual. Las economías avanzadas están más expuestas, ya que una mayor parte de sus empleos implica tareas cognitivas susceptibles de ser automatizadas. Sin embargo, paradójicamente, estas mismas economías están mejor posicionadas que las emergentes y las de ingresos bajos para aprovechar las ventajas que ofrece la IA, lo que podría ampliar aún más la brecha económica global.

La IA generativa: ¿oportunidad o amenaza para los países en desarrollo?

Un aspecto destacado del informe es la distinción que hace sobre el impacto de la IA generativa, señalando que esta «podría ofrecer un mayor potencial de aumento de la mano de obra que automatización, especialmente en los países de ingresos bajos y medios». Esta observación abre una ventana de oportunidad para las economías en desarrollo, que podrían beneficiarse de esta tecnología si logran implementar políticas adecuadas.

Sin embargo, la UNCTAD también advierte que los beneficios de la automatización impulsada por la IA suelen favorecer al capital en detrimento de la mano de obra, lo que podría «aumentar la desigualdad y reducir la ventaja competitiva de la mano de obra barata en las economías en desarrollo».

Rebeca Grynspan, secretaria general de la UNCTAD, hace un llamado a una cooperación internacional más fuerte para «desplazar la atención de la tecnología a las personas, permitiendo a los países crear conjuntamente un marco mundial de inteligencia artificial», con el fin de aprovechar su potencial para el desarrollo sostenible.

«La historia ha demostrado que, si bien el progreso tecnológico es el motor del crecimiento económico, por sí solo no puede garantizar una distribución equitativa de los ingresos ni promover un desarrollo humano inclusivo», advierte en el informe.

El futuro económico de la IA: un mercado de 4,8 billones de dólares

Las cifras que maneja la ONU son impresionantes: en 2023, las tecnologías avanzadas (Internet de las cosas, blockchain, nanotecnologías, IA, etc.) representaban un mercado de 2,5 billones de dólares. Se espera que esta cifra se multiplique por seis hasta alcanzar los 16,4 billones de dólares para 2033.

Dentro de este panorama, la IA ocupará el primer puesto, por delante del Internet de las cosas, con un valor estimado de 4,8 billones de dólares, aproximadamente el equivalente a la economía alemana actual. Una transformación de esta magnitud tendrá consecuencias profundas en la estructura económica global.

El informe también señala que es probable que los beneficios de este crecimiento estén muy concentrados en unas pocas economías. Un dato revelador es que 100 empresas, principalmente de Estados Unidos y China, representan el 40% del gasto mundial en I+D empresarial, lo que podría consolidar aún más las actuales desigualdades económicas.

Entre los países en desarrollo, Brasil, China, India y Filipinas destacan por sus mejores resultados en cuanto a preparación tecnológica, pero la brecha con las economías avanzadas sigue siendo considerable.

La visión de Sam Altman: empleos, renta básica y redistribución

La perspectiva de Sam Altman, CEO y fundador de OpenAI, aporta una dimensión adicional al debate sobre el impacto económico de la IA. Su afirmación «los empleos definitivamente desaparecerán, punto» refleja una visión sin matices sobre la transformación laboral que se avecina.

Altman, una de las voces más influyentes en el campo de la IA, ha sido tajante al señalar que la automatización eliminará una gran cantidad de empleos tradicionales. Sin embargo, lejos de adoptar una postura catastrofista, Altman también propone soluciones.

Una de sus propuestas más comentadas es la implementación de una renta básica universal como respuesta a la creciente automatización. Esta idea, que hace seis años podría haber parecido radical, gana adeptos a medida que la IA avanza y se integra en más sectores económicos.

«El futuro nos llegará de una manera imposible de ignorar, y los cambios a largo plazo en nuestra sociedad y economía serán enormes», advierte Altman, quien anticipa que la sociedad encontrará nuevas formas de ser útil y de competir, aunque estas actividades no se asemejarán a los empleos que conocemos hoy.

Sectores resilientes y el futuro del trabajo humano

A pesar del panorama de transformación radical, existen sectores que, según expertos como Bill Gates, mostrarán mayor resiliencia frente a la automatización. Gates destaca tres profesiones que seguirán requiriendo habilidades humanas esenciales: programadores, especialistas en energía y biólogos.

Estas áreas comparten características comunes: requieren creatividad, pensamiento crítico y una capacidad de innovación que, por ahora, la IA no puede replicar completamente. La programación, por ejemplo, sigue siendo esencial porque los ingenieros humanos son cruciales para refinar algoritmos y guiar la evolución de la propia IA.

La investigación biológica, por su parte, prospera gracias a la imaginación humana, ya que la IA carece de la chispa innovadora necesaria para ciertos avances científicos. En el campo energético, los desafíos complejos y matizados requieren una maestría humana que va más allá de la capacidad de procesamiento de datos.

Hacia un nuevo paradigma económico: colaboración en lugar de competencia

La UNCTAD recuerda que la IA no se limita a sustituir puestos de trabajo, sino que también puede crear nuevas industrias y empoderar a los trabajadores existentes. «Invertir en reciclaje, mejora de las cualificaciones y adaptación de la mano de obra es esencial para garantizar que la IA mejore las oportunidades de empleo en lugar de eliminarlas», indica el comunicado.

Esta visión coincide con la perspectiva de muchos expertos que señalan que la verdadera innovación provendrá de la sinergia entre humanos e IA, enfatizando la colaboración sobre la competencia para preservar la creatividad y la experiencia.

Sin embargo, para que esta transición sea equitativa, la ONU advierte que es necesario que todos los países, especialmente los del Sur Global, tengan un lugar en la mesa donde se decide la gobernanza de la IA. «A medida que la regulación de la IA y los marcos éticos toman forma, los países en desarrollo deben tener un sitio en la mesa para garantizar que la IA sirva al progreso global, no sólo a los intereses de unos pocos», afirma la UNCTAD.

El mensaje es claro: la revolución de la IA es imparable, pero su impacto económico dependerá de las decisiones políticas y regulatorias que se tomen hoy. La elección está entre permitir que la IA amplíe las desigualdades existentes o utilizarla como herramienta para construir un futuro económico más equitativo y sostenible. La historia del progreso tecnológico nos enseña que la tecnología por sí sola no garantiza un desarrollo inclusivo; son las políticas que la acompañan las que determinarán su verdadero impacto en la sociedad.