La industria tecnológica mundial ha sido testigo de una de las operaciones corporativas más significativas de la historia. SpaceX, la compañía aeroespacial de Elon Musk, ha completado la adquisición de xAI, su empresa de inteligencia artificial, en una transacción que valora a la entidad fusionada en 1,25 billones de dólares (1,06 billones de euros). El anuncio, realizado el lunes en el sitio web de SpaceX, marca un hito en la estrategia empresarial de Musk y representa la mayor fusión documentada hasta la fecha.
Una operación sin precedentes que redefine las valoraciones empresariales
La estructura del acuerdo establece una valoración de 1 billón de dólares para SpaceX y 250.000 millones de dólares para xAI, según documentos consultados por medios especializados. La fusión se ha instrumentado mediante un intercambio de acciones en el que cada título de xAI se convierte en 0,1433 acciones de SpaceX, fijando el precio de xAI en 75,46 dólares por acción y el de SpaceX en 526,59 dólares por acción.
Esta valoración representa un incremento significativo respecto a las estimaciones anteriores de ambas compañías por separado. SpaceX había sido valorada en 800.000 millones de dólares en una venta secundaria de acciones en diciembre de 2025, mientras que xAI alcanzó una valoración de 230.000 millones de dólares en su última ronda de financiamiento en enero, según datos de PitchBook.
La operación acerca peligrosamente a SpaceX a la capitalización bursátil de Tesla, que ronda los 1,58 billones de dólares (1,34 billones de euros), apenas un 26% por encima de la valoración actual de la empresa espacial. Este cambio en el equilibrio de poder dentro del conglomerado de Musk resulta especialmente significativo considerando que Tesla ha experimentado un descenso del 6% en el valor de sus acciones en lo que va de año, tras reportar una caída del 16% en las entregas de vehículos y un retroceso del 3% en los ingresos totales de 2025, su primer descenso anual del que se tiene constancia.
La visión de centros de datos orbitales como respuesta al desafío energético
El argumento central que sustenta esta fusión radica en la ambiciosa propuesta de trasladar la infraestructura de computación de inteligencia artificial al espacio. «Los avances actuales en la IA dependen de grandes centros de datos terrestres, que requieren enormes cantidades de energía y refrigeración», señaló Musk en el comunicado oficial. «La única solución lógica, por lo tanto, es trasladar estos esfuerzos intensivos en recursos a un lugar con vastos recursos energéticos y espaciales».
La estrategia responde a una presión creciente en el sector tecnológico por asegurar recursos computacionales suficientes para impulsar los avances en inteligencia artificial. Jensen Huang, CEO de Nvidia, declaró a CNBC el año pasado que los modelos de IA de próxima generación requerirán «100 veces» más energía que los modelos anteriores. Goldman Sachs estima que la inteligencia artificial impulsará la demanda de energía de los centros de datos en un 165% para 2030.
En consonancia con esta visión, SpaceX solicitó el viernes a la Comisión Federal de Comunicaciones permiso para lanzar una constelación de un millón de satélites en órbita. La solicitud especifica que el objetivo es proporcionar una red de centros de datos alimentados por energía solar para «acoger el crecimiento explosivo de la demanda de datos impulsada por la IA». Musk estima que «la forma de menor costo para generar cómputo de IA será en el espacio» dentro de dos a tres años.
La carrera por la infraestructura de inteligencia artificial y sus consecuencias
La fusión se produce en un contexto en el que los gigantes tecnológicos están invirtiendo sumas extraordinarias en infraestructura relacionada con la inteligencia artificial. Microsoft reportó la semana pasada un gasto de 37.500 millones de dólares en el último trimestre de 2025 en gastos de capital como centros de datos, mientras que Meta destinó 22.140 millones de dólares al mismo propósito.
Este incremento exponencial en la demanda energética no está exento de consecuencias para la población general. Un análisis de Bloomberg News del año pasado encontró que en áreas cercanas a centros de datos, los costos de electricidad aumentaron hasta un 267% en comparación con hace cinco años. Algunos residentes de Estados Unidos han reportado aumentos significativos en sus facturas eléctricas, generando preocupaciones sobre el impacto social de la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial.
Sinergias operativas y antecedentes de colaboración
La integración entre SpaceX y xAI no parte de cero. Varios empleados ya trabajaban en ambas empresas antes de la fusión, como Christopher Stanley, ingeniero principal de seguridad de SpaceX desde 2018 y director sénior de ingeniería de seguridad de X desde 2022. Esta operación se suma a una adquisición previa del año pasado, en la que xAI adquirió la red social X (anteriormente Twitter) mediante un canje de acciones.
No obstante, algunos exempleados han expresado públicamente preocupaciones sobre la compatibilidad cultural entre ambas organizaciones. Benjamin De Kraker, exmiembro del equipo de datos humanos de xAI, escribió: «xAI se enorgullece de ‘moverse rápido y romper cosas’, jerarquía plana, actuar primero y preguntar después. […] Tengo la sospecha de que muchas personas de xAI sufrirán un choque cultural con SpaceX».
Riesgos regulatorios y controversias tecnológicas
La fusión incorpora riesgos significativos, particularmente relacionados con las controversias que han rodeado a xAI y su tecnología. El chatbot Grok, propiedad de xAI, ha sido objeto de críticas severas por producir imágenes sexuales de mujeres, muchas de ellas personas reales. La herramienta también fue cuestionada el año pasado por generar publicaciones violentas y antisemitas, incidentes por los cuales la empresa se disculpó y atribuyó a una actualización del sistema.
Las autoridades de Europa, India, Malasia y Estados Unidos han abierto investigaciones sobre el generador de imágenes Grok después de que se utilizara para producir contenido explícito de mujeres y menores. Esta semana, investigadores franceses registraron las oficinas de X en el marco de una pesquisa por presunto abuso algorítmico.
Expertos legales advierten que parte de estos riesgos regulatorios podrían trasladarse a SpaceX, especialmente considerando que buena parte de la actividad de Starlink, el servicio de internet satelital de SpaceX que cuenta con más de 9.000 satélites en órbita y alrededor de nueve millones de clientes, se desarrolla a escala internacional.
Desafíos técnicos y económicos del proyecto espacial
Pese al entusiasmo de Musk, analistas del sector han expresado cautela respecto a la viabilidad a corto plazo de los centros de datos orbitales. Advirtieron que un despliegue a gran escala es poco probable dadas las dificultades técnicas, de cadena de suministro y financieras. El proyecto exigiría nuevas soluciones para la protección frente a la radiación y la refrigeración en el espacio, además de asumir el coste de lanzar y ensamblar grandes cantidades de equipamiento pesado.
Además, existe preocupación entre inversores potenciales de que los beneficios de SpaceX puedan desviarse para financiar la infraestructura de xAI, afectando la rentabilidad de la empresa espacial que mantiene contratos por varios miles de millones de dólares con la NASA y el Departamento de Defensa de Estados Unidos.
Hacia una oferta pública inicial histórica
La fusión se produce en el contexto de la esperada oferta pública inicial de SpaceX prevista para finales de este año. Musk confirmó en diciembre que estaba planificando este debut en Wall Street, supuestamente valorado en alrededor de 1,5 billones de dólares, lo que podría convertirla en una de las mayores OPI de la historia. La compañía buscaría recaudar hasta 50.000 millones de dólares, con planes de realizar la oferta a mediados de junio, coincidiendo con el cumpleaños de Musk y una alineación planetaria.
Tanto SpaceX como xAI no han tenido problemas para recaudar fondos de inversionistas deseosos de participar en sus planes de crecimiento. En enero, xAI anunció que recaudó 20.000 millones de dólares de inversores, incluidos Fidelity Management & Research Company y la Autoridad de Inversiones de Qatar. Cotizar en bolsa aumentaría significativamente la capacidad de las empresas para recaudar capital adicional.
Implicaciones para la fortuna personal de Musk
La operación podría incrementar sustancialmente la ya considerable fortuna de Musk. Según el rastreador de multimillonarios en tiempo real de Bloomberg, su patrimonio actual alcanza los 676.000 millones de dólares, lo que lo convierte en la persona más rica del mundo. Una combinación pública de SpaceX y xAI podría aumentar drásticamente esta cifra, consolidando aún más su posición.
La fusión también representa un reequilibrio estratégico dentro del imperio empresarial de Musk, en un momento en que Tesla enfrenta desafíos crecientes por el aumento de la competencia en China y Europa, el fin del crédito fiscal federal a los vehículos eléctricos en Estados Unidos, y el posible impacto negativo de su actividad política, incluidas sus relaciones con la Administración Trump y su apoyo a figuras de la extrema derecha en Europa.
En respuesta al enfriamiento de las ventas de vehículos eléctricos, Musk ha desplazado el foco de Tesla hacia servicios de robotaxis y robots humanoides Optimus, áreas en las que la compañía aún no ha desarrollado un negocio significativo. La semana pasada comunicó que Tesla pondrá fin a la producción de sus modelos S y X, que supusieron menos del 3% de las entregas en 2025, destinando esas líneas de producción a Optimus.
Interrogantes sobre el futuro y la aceptación del mercado
La fusión SpaceX-xAI plantea interrogantes complejos sobre si los inversores respaldarían una valoración tan elevada en un contexto de nuevos riesgos regulatorios, técnicos y políticos. Mientras SpaceX mantenga su condición de empresa no cotizada bajo el control directo de Musk, estas complicaciones podrían resultar más manejables. Sin embargo, una futura salida a bolsa exigirá un nivel de escrutinio mucho mayor por parte de inversores institucionales y reguladores.
«Esto marca no solo el próximo capítulo, sino el próximo libro en la misión de SpaceX y xAI», afirmó Musk en su comunicado, describiendo la integración como «el motor de integración vertical más ambicioso dentro y fuera de la Tierra, con IA, cohetes, internet espacial, comunicaciones directas a dispositivos móviles y la plataforma de información en tiempo real».
La operación representa una apuesta audaz de que la convergencia entre exploración espacial e inteligencia artificial no solo es técnicamente viable, sino económicamente necesaria. El éxito o fracaso de esta visión determinará no solo el futuro de estas empresas, sino potencialmente el rumbo de la computación global en las próximas décadas.




