La deuda pública de Estados Unidos superó el miércoles la barrera histórica de los 39 billones de dólares, alcanzando según el sitio U.S. Debt Clock una cifra exacta de 39.004.693.266.993 dólares. El hito llega en un momento particularmente delicado: apenas semanas después del inicio del conflicto armado entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que ya acumula costos militares superiores a los 12.000 millones de dólares según estimaciones del asesor económico de la Casa Blanca, Kevin Hassett. El Departamento del Tesoro no respondió a solicitudes de comentarios sobre el registro histórico.

La magnitud del número cobra mayor dimensión cuando se observa la velocidad de su acumulación. La deuda alcanzó 37 billones de dólares hace siete meses, 38 billones cinco meses atrás, y ahora supera los 39 billones, lo que refleja un ritmo de endeudamiento de aproximadamente un billón de dólares cada dos meses. A ese ritmo, Michael Peterson, director general de la Peter G. Peterson Foundation, organización sin fines de lucro dedicada a visibilizar los desafíos fiscales estructurales del país, advirtió que la deuda superará los 40 billones antes de las próximas elecciones de noviembre.

El peso de la guerra: más de 12.000 millones en semanas

El conflicto iniciado el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra la infraestructura militar iraní, se convirtió rápidamente en un factor de aceleración del endeudamiento. Irán respondió en cuestión de días con ofensivas masivas de misiles y drones, el conflicto se extendió regionalmente y el cierre del estrecho de Ormuz alteró los flujos energéticos mundiales. Las estimaciones del Pentágono señalan que solo los primeros seis días de operaciones costaron más de 11.300 millones de dólares. Hassett calculó el domingo que el costo total ya supera los 12.000 millones, sin que exista claridad sobre cuándo concluirá el conflicto.

Este gasto bélico se suma a una base fiscal ya tensionada. El gasto total del gobierno federal en el año fiscal 2025 ascendió a 7,01 billones de dólares frente a ingresos de 5,23 billones, generando un déficit de 1,78 billones de dólares. U.S. Debt Clock registra el déficit presupuestario federal actual en aproximadamente 1,69 billones de dólares, con un gasto total que supera los 7,10 billones.

Una deuda con nombre y apellido: 113.607 dólares por ciudadano

Los datos del U.S. Debt Clock desagregan la deuda de una manera que personaliza su impacto: cada ciudadano estadounidense carga con 113.607 dólares de deuda pública, cifra que escala a 357.068 dólares por contribuyente. Los ingresos por aranceles se ubican cerca de los 353.000 millones de dólares, una cifra que ilustra la brecha estructural entre lo que el gobierno recauda y lo que gasta.

La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno (GAO) enumera los efectos concretos sobre los ciudadanos: mayores costos del crédito para hipotecas y vehículos, salarios más bajos porque las empresas disponen de menos capital para invertir, y bienes y servicios más caros. A largo plazo, los defensores del equilibrio presupuestario advierten que la tendencia de pedir prestado más y pagar más intereses obligará a enfrentar decisiones fiscales cada vez más dolorosas.

El costo de financiar la deuda: los intereses ya superan el billón de dólares

Uno de los cambios más estructurales y preocupantes del panorama fiscal estadounidense es la aceleración en el costo del propio endeudamiento. La deuda emitida durante los años de tasas de interés bajas está siendo sustituida progresivamente por valores de mayor rendimiento, lo que ha llevado los pagos anuales de intereses a superar por primera vez el billón de dólares. Esta dinámica convierte el servicio de la deuda en una prioridad presupuestaria central y genera un círculo vicioso: el gobierno necesita endeudarse cada vez más para cumplir con obligaciones ya contraídas, lo que a su vez incrementa los costos futuros.

Las asignaciones para defensa se aproximan al billón de dólares anuales, mientras que la financiación de iniciativas fronterizas y de seguridad sigue expandiéndose. Al mismo tiempo, el envejecimiento de la población eleva estructuralmente los costos de la Seguridad Social y Medicare, programas que ya representan una porción dominante del presupuesto federal. Los ajustes por inflación de años anteriores han elevado de manera permanente los niveles de prestaciones, dificultando cualquier intento de reducción del gasto sin un impacto político significativo.

La advertencia de Schiff: 50 billones antes de que Trump deje el cargo

El economista y analista financiero Peter Schiff lanzó el 18 de marzo una de las advertencias más contundentes sobre la trayectoria de la deuda. En su cuenta de X señaló que la deuda nacional aumentó 2,8 billones de dólares desde que Donald Trump asumió la presidencia hace 14 meses, y proyectó que, si persisten las condiciones actuales —incluyendo los costos de la guerra, el alza de tasas y una posible recesión—, la deuda nacional podría alcanzar los 50 billones de dólares antes de que Trump abandone el cargo el 20 de enero de 2029.

Esa proyección implicaría un aumento de aproximadamente 11 billones de dólares en menos de tres años, lo que requeriría una aceleración significativamente mayor al ritmo reciente de 2,8 billones en 14 meses. Para materializarse, los déficits tendrían que agravarse considerablemente, los costos de los intereses continuar escalando y los gastos relacionados con el conflicto militar mantenerse o intensificarse.

La deuda oculta: hasta 100 billones si se suman las obligaciones no financiadas

Las cifras oficiales podrían ser apenas la punta del iceberg. Kent Smetters, director académico del Penn Wharton Budget Model, sostiene que cuando se incorporan las obligaciones no financiadas asociadas a programas como la Seguridad Social y Medicare —compromisos implícitos que habitualmente quedan fuera de las métricas oficiales de deuda—, el pasivo total se aproxima a los 100 billones de dólares. Esas promesas de largo plazo, excluidas de los balances federales convencionales, duplicarían aproximadamente el tamaño de las obligaciones explícitas reconocidas por el gobierno.

Esta perspectiva replantea el debate: la discusión sobre la deuda no es únicamente sobre el número que aparece hoy en el contador del Tesoro, sino sobre compromisos futuros que ya están contraídos y que ninguna administración ha logrado reducir de manera sostenida.

La Casa Blanca defiende una reducción del déficit

Kush Desai, portavoz de la Casa Blanca, destacó que el déficit federal disminuyó en 41.000 millones de dólares durante el primer año del actual mandato de Trump respecto al año fiscal anterior, atribuyendo la mejora al aumento de los ingresos por impuestos individuales, a una reducción del empleo federal al nivel más bajo desde 1966, y a medidas contra el fraude en programas de asistencia social. Según Desai, estas iniciativas continuarán generando un impacto favorable sobre el déficit y la relación deuda-PIB.

Sin embargo, la reducción de 41.000 millones en el déficit anual contrasta con el aumento de aproximadamente dos billones de dólares en la deuda total durante el mismo período, lo que subraya que incluso los avances en la reducción del déficit resultan insuficientes para revertir la trayectoria acumulada del endeudamiento.

Un patrón bipartidista con consecuencias globales

La deuda federal no es un problema exclusivo de una administración ni de un partido. Ha crecido de manera sostenida bajo presidentes republicanos y demócratas, impulsada por recortes de impuestos, guerras, el gasto masivo durante la pandemia de COVID-19 y la expansión estructural de los programas sociales. Lo que distingue el momento actual es la convergencia simultánea de varios factores de presión: un conflicto armado activo de costo incierto, tasas de interés elevadas que encarecen el refinanciamiento de la deuda existente, una base de gasto estructuralmente alta y compromisos fiscales de largo plazo que ningún gobierno ha logrado reducir de forma decisiva.

Las implicaciones trascienden las fronteras estadounidenses. Dado que el dólar y los bonos del Tesoro son referencias centrales de los mercados financieros internacionales, la estabilidad fiscal de Estados Unidos tiene consecuencias directas sobre el costo del crédito global, la confianza en los activos de reserva y la capacidad del sistema financiero mundial para absorber nuevos shocks. Peterson lo resumió con precisión: pedir prestado billón tras billón a ritmo acelerado, sin un plan de corrección en marcha, es, por definición, insostenible.