La relación financiera entre América Latina y el Fondo Monetario Internacional vuelve a ocupar el centro del escenario económico regional a medida que varios países enfrentan elevados niveles de endeudamiento. Este fenómeno se produce en un contexto de tasas de interés internacionales altas, crecimiento moderado y una presión cada vez mayor sobre las cuentas públicas.
Lejos de tratarse de un problema aislado, la dependencia del FMI refleja desequilibrios fiscales estructurales, baja capacidad de financiamiento interno y Estados que enfrentan crecientes costos para sostener su gasto público.
Quiénes concentran la deuda con el FMI
Argentina se mantiene, con amplio margen, como el mayor deudor del FMI en América Latina y uno de los principales a nivel mundial. Su pasivo supera los USD 56.000 millones, equivalente a más del 8% de su producto interno bruto. Este nivel de endeudamiento es el resultado de años de déficits fiscales, crisis cambiarias y programas de rescate que evitaron colapsos inmediatos, pero dejaron una pesada herencia financiera.
Ecuador y Costa Rica ocupan los siguientes lugares en el ranking regional. Aunque sus montos son mucho menores en términos absolutos, la carga que representan sobre sus economías es significativa y condiciona sus presupuestos públicos.
Otros países como Honduras, Surinam, Barbados, Jamaica, Colombia y Paraguay mantienen líneas de crédito o saldos activos con el organismo, reflejando distintos grados de dependencia financiera.
Ranking de países latinoamericanos más endeudados con el FMI
| Puesto | País | Deuda con el FMI (USD) | % del PIB |
|---|---|---|---|
| 1 | Argentina | 56.900 millones | 8,3% |
| 2 | Ecuador | 8.850 millones | 6,8% |
| 3 | Costa Rica | 2.440 millones | 2,4% |
| 4 | Jamaica | 800 millones | 3,5% |
| 5 | Honduras | 670 millones | 1,7% |
| 6 | Colombia | 640 millones | 0,2% |
| 7 | Surinam | 580 millones | 13% |
| 8 | Barbados | 560 millones | 7,4% |
| 9 | El Salvador | 230 millones | 0,6% |
| 10 | Paraguay | 200 millones | 0,4% |
Este ranking muestra que no solo importa el monto total, sino el peso relativo. Economías pequeñas como Surinam o Barbados soportan cargas muy elevadas en proporción a su tamaño, lo que las hace especialmente vulnerables.
Más allá del FMI: una región con deuda pública elevada
La deuda con el FMI es apenas una parte del problema. La deuda pública total de América Latina ronda en promedio el 73% del PIB y sigue creciendo en varias economías. Para 2026, algunos países se ubicarán en niveles históricamente altos.
Brasil es el caso más llamativo. Es una de las economías que más crece en la región, pero también una de las más endeudadas: su deuda pública se aproxima al 95% del PIB. La diferencia es que Brasil se financia mayoritariamente en su propia moneda y cuenta con un mercado interno profundo, lo que le permite sostener ese endeudamiento sin recurrir al FMI.
Argentina, en cambio, sigue atrapada en un círculo vicioso: moneda débil, bajo acceso al crédito privado y dependencia de organismos multilaterales. Aun con ajustes fiscales, su deuda seguirá cerca del 74% del PIB en 2026, en una economía con reservas escasas y elevada fragilidad externa.
Colombia, México y República Dominicana mantienen ratios de deuda más moderados, cercanos al 60% del PIB, aunque enfrentan el desafío de tasas de interés más altas y mayores costos de financiamiento.
Brasil: crecimiento con deuda
Brasil aporta una parte importante del crecimiento regional gracias a su sector exportador, su mercado interno y una política fiscal que sostiene la actividad. Sin embargo, ese crecimiento se apoya en un Estado grande, con gasto rígido y déficits persistentes.
Esto convierte a Brasil en un gigante económico con una carga fiscal elevada. No enfrenta una crisis inmediata, pero su margen de maniobra se estrecha si el crecimiento se desacelera o si suben los costos financieros globales.
Argentina y los casos más críticos
Argentina es el ejemplo más extremo de dependencia financiera. Además de ser el mayor deudor del FMI, enfrenta vencimientos elevados, un sistema monetario debilitado y una economía que todavía lucha por estabilizarse. Su margen para equivocarse es mínimo, y cualquier shock externo puede reactivar tensiones cambiarias y fiscales.
Ecuador, Surinam y Barbados también enfrentan riesgos significativos, dado el peso que tiene la deuda externa sobre sus economías y la limitada capacidad de financiamiento interno.
El dilema hacia 2026
América Latina llega a 2026 con una región partida en dos: países con acceso a mercados y economías relativamente sólidas, pero endeudadas, y países que dependen del FMI para evitar crisis de pagos.
Sin crecimiento sostenido, reformas estructurales y disciplina fiscal, la deuda seguirá funcionando como un freno al desarrollo. El Fondo Monetario Internacional no es la causa del problema, sino el síntoma de una región que aún no logra financiar su crecimiento con recursos propios.




