El conflicto bélico desatado el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán ha entrado en su fase más peligrosa e imprevisible. Lejos de ceder, la guerra se intensifica en múltiples frentes simultáneos: militares, diplomáticos y económicos. Donald Trump lanzó este lunes una amenaza explícita contra la infraestructura energética iraní —incluyendo pozos de petróleo, centrales eléctricas, plantas desalinizadoras y la estratégica isla de Kharg— si Teherán no accede a un acuerdo de paz «en breve» y no reabre el estrecho de Ormuz al tráfico comercial internacional. La amenaza, publicada en su plataforma Truth Social, representa la escalada verbal más contundente de Washington desde el inicio del conflicto y ha sumergido a los mercados globales en una espiral de volatilidad sin precedentes.

Irán rechaza la hoja de ruta estadounidense y escala su respuesta militar

A pesar de que Trump aseguró el domingo —a bordo del Air Force One— que Irán había cedido en «la mayoría» de los 15 puntos del plan de paz propuesto por su administración y transmitido a través de intermediarios pakistaníes, la realidad diplomática presenta un cuadro radicalmente distinto. Teherán rechazó públicamente esa lista de condiciones, calificándola de «poco realistas, ilógicas y excesivas», y respondió con cinco exigencias propias, entre ellas el mantenimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz, vía marítima por la que transita aproximadamente el 25% del crudo transportado por mar a nivel global.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, fue contundente en rueda de prensa: «Nuestra postura es clara. Estamos sufriendo una agresión militar. Por lo tanto, todos nuestros esfuerzos y fuerzas se centran en defendernos». Al mismo tiempo, el Parlamento iraní estudia una posible retirada del Tratado de No Proliferación Nuclear, lo que agravaría aún más las tensiones con Washington, que citó precisamente la amenaza nuclear iraní como una de las razones del ataque inicial del 28 de febrero.

En el plano estrictamente militar, este lunes Irán y Israel se bombardearon mutuamente. El ejército israelí informó haber interceptado dos drones provenientes de Yemen —lanzados por los hutíes en su primera intervención directa desde el inicio del conflicto— y ejecutó ataques con misiles contra infraestructura militar en Teherán y contra posiciones de Hezbolá en Beirut, dejando una nube de humo negro sobre la capital libanesa. La milicia libanesa también lanzó cohetes contra Israel el mismo lunes.

La doble carta de Trump: diplomacia y despliegue militar simultáneos

La estrategia de Washington resulta deliberadamente ambigua. Por un lado, Trump reivindica avances en las negociaciones y describe a los nuevos líderes iraníes —tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei el primer día del conflicto, sustituido por su hijo Mojtaba— como «muy razonables». Por otro, ordena el despliegue de miles de soldados adicionales en la región, incluyendo un buque de asalto anfibio con aproximadamente 3.500 marines llegado el viernes pasado, así como unidades de la 82ª División Aerotransportada. El mandatario aclaró el domingo que las negociaciones no excluyen nuevas acciones militares: «Nunca se sabe con Irán, porque negociamos con ellos y luego siempre tenemos que hacerlos explotar».

La amenaza más perturbadora para los mercados llegó de una entrevista con el Financial Times publicada el domingo, en la que Trump evaluó la posibilidad de «tomar el petróleo de Irán» y planteó la captura de la isla de Kharg —principal terminal de exportación de crudo iraní y sede de una base naval— como una opción concreta, comparando dicha eventual ocupación con la presencia estadounidense en la industria petrolera venezolana tras la captura de Nicolás Maduro en enero. Aunque el mandatario reconoció que esa operación «significaría que tendríamos que estar allí un tiempo», la sola declaración bastó para catapultar los precios del crudo a niveles no vistos en casi dos décadas.

La respuesta iraní a este escenario fue inmediata: el canciller Abbas Araghchi advirtió que su país atacaría instalaciones de empresas estadounidenses en la región si Washington golpea la infraestructura energética iraní. El presidente del Parlamento iraní, Mohamad Bagher Qalibaf, fue aún más directo, afirmando que sus fuerzas aguardan la llegada de soldados estadounidenses «sobre el terreno para atacarlos y castigar de una vez por todas a sus aliados regionales».

El petróleo supera los US$ 100 y los mercados financieros se desploman

Las consecuencias económicas del conflicto ya son de magnitud histórica. El barril de petróleo Brent, referencia del mercado londinense, cotiza en torno a los US$ 117, mientras que el WTI ha superado holgadamente los US$ 100. En términos acumulados, el crudo ha escalado cerca de un 60% solo en el transcurso del mes de marzo, impulsado por las interrupciones en el suministro global derivadas del bloqueo iraní al estrecho de Ormuz. Analistas de PVM Energy advierten que, si Estados Unidos concreta una invasión terrestre o si Irán intensifica sus ataques a la infraestructura energética del Golfo, la posibilidad de ver el barril en US$ 200 dejaría de ser un escenario teórico para convertirse en una amenaza inminente con capacidad de hundir a la economía global en una crisis sin precedentes.

El nerviosismo se trasladó con rapidez a los mercados financieros internacionales. Las bolsas de Asia registraron caídas de entre el 1% y el 3% este lunes, mientras que en Europa la tendencia fue mixta tras una semana de retrocesos constantes. El factor detonante del pánico bursátil fue la vulnerabilidad de la infraestructura energética: se reportaron ataques con misiles iraníes contra una refinería en la ciudad israelí de Haifa, generando columnas de humo negro visibles a kilómetros de distancia.

Irán extendió además su ofensiva hacia objetivos civiles y estratégicos en el entorno del Golfo. Según informes de la agencia AFP, fuerzas iraníes atacaron una planta de desalinización de agua en Kuwait, en represalia por incursiones que dejaron a oscuras amplios sectores de la capital iraní. Arabia Saudita, por su parte, confirmó la interceptación de cinco misiles balísticos, consolidando un escenario de guerra regional de plena escala.

El aluminio se dispara un 6% y los metales industriales acusan el impacto

El conflicto no se circunscribe a los mercados energéticos. El mercado de metales industriales sufrió un fuerte golpe este lunes tras la ofensiva de la Guardia Revolucionaria de Irán contra infraestructura en Baréin y los Emiratos Árabes Unidos. Los ataques, ejecutados con drones y misiles contra plantas que Teherán vincula al aparato militar estadounidense, provocaron que el precio del aluminio se disparara un 6% en las primeras operaciones de la Bolsa de Metales de Londres. Aunque la tendencia se moderó parcialmente, el metal —esencial para las industrias automotriz y tecnológica— se estabilizó con un alza del 4,2%, cotizando en torno a los US$ 3.435 por tonelada.

Analistas de Swissquote Bank señalan que la expansión del conflicto ha colocado al crudo y al aluminio bajo una presión extrema, dado que Oriente Medio se consolidó como proveedor estratégico para las potencias occidentales tras las sanciones impuestas al aluminio ruso como consecuencia de la guerra en Ucrania. Expertos del banco ANZ advierten que la región es actualmente un nodo logístico crucial para la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, y que cualquier interrupción adicional en las entregas no solo restringirá la oferta física del material, sino que ejercerá una presión alcista sostenida sobre los precios y las primas del aluminio a escala internacional.

Gobiernos aplican planes de emergencia; el G7 convoca reunión de urgencia

La magnitud del impacto económico obligó a varios gobiernos a activar medidas de contingencia para proteger a sus poblaciones. Noruega y Australia anunciaron recortes temporales en los impuestos a la gasolina y el diésel. Bangladesh ordenó a sus empleados públicos apagar luces y limitar el uso de aire acondicionado para hacer frente a la crisis energética. En Corea del Sur, la escasez anticipada desató una compra masiva de bolsas de residuos plásticos —derivados del petróleo— en Seúl, lo que obligó al Ministerio de Energía a intervenir para calmar a la población.

En el plano multilateral, el ministro de Finanzas de Francia, Roland Lescure, confirmó que los miembros del G7 mantendrán reuniones de urgencia este lunes, con la participación de jefes de bancos centrales y organismos internacionales, con el objetivo de evaluar las consecuencias macroeconómicas del conflicto y coordinar una respuesta común ante un escenario que los inversores ya califican como de «triple choque».

Esfuerzos diplomáticos en Islamabad, con escasos resultados concretos

En paralelo al fragor militar, se mantiene abierto un frágil canal diplomático en Islamabad. Los cancilleres de Turquía, Pakistán, Egipto y Arabia Saudita se reunieron desde el domingo para explorar vías de salida al conflicto. El canciller pakistaní Ishaq Dar declaró que Pakistán está dispuesto a mediar y a acoger conversaciones «sustantivas» entre Washington y Teherán, señalando que ambas partes han expresado confianza en su país como sede de futuras negociaciones. Sin embargo, un funcionario de seguridad pakistaní reconoció que, en este momento, conversaciones directas entre Washington y Teherán esta semana parecen «poco probables».

El conflicto, entretanto, continúa expandiéndose más allá de las fronteras iraníes. En Líbano, los ataques israelíes han causado 1.238 muertos desde el 2 de marzo, entre ellos 124 niños. La misión de la ONU en el país, UNIFIL, confirmó además este lunes la muerte de un casco azul indonesio tras el impacto de un proyectil en una de sus posiciones en el sur del territorio libanés.

Con el estrecho de Ormuz aún bloqueado —aunque Trump afirmó que Irán permitirá el paso de 20 buques petroleros sin precisar los términos del acuerdo—, los mercados energéticos y de materias primas permanecen en vilo, y las proyecciones de crecimiento global para el resto del año han quedado supeditadas al desenlace de un conflicto que, lejos de encontrar una salida, acumula nuevas capas de complejidad con cada jornada que pasa.