El precio del cobre continúa su escalada en los mercados internacionales, impulsado por las amenazas arancelarias del presidente estadounidense Donald Trump y el creciente desequilibrio entre oferta y demanda. Este metal, fundamental para la transición energética y las nuevas tecnologías, ha experimentado un incremento del 27% en lo que va del año, convirtiéndose en uno de los commodities con mejor desempeño en 2025.

Cotizaciones en máximos históricos

Los datos del mercado muestran un panorama alcista sostenido. El cobre de referencia en la Bolsa de Metales de Londres (LME) registró este lunes un incremento del 1,6%, alcanzando los 10.017 dólares por tonelada, tras haber tocado los 10.042 dólares más temprano en la sesión. La semana pasada llegó a cotizar a 10.046,5 dólares, su nivel más alto desde el 3 de octubre.

Más impresionante aún es lo que ocurre en el mercado estadounidense Comex, donde los precios del cobre alcanzaron un máximo histórico de 5,1845 dólares por libra, equivalente a aproximadamente 11.430 dólares por tonelada. Esta divergencia de precios entre mercados refleja las distorsiones generadas por las tensiones comerciales.

Amenaza arancelaria de Trump reconfigura el mercado

El factor determinante en esta escalada de precios ha sido la orden ejecutiva firmada el mes pasado por el presidente Donald Trump, quien solicitó un estudio sobre posibles nuevos aranceles a las importaciones de cobre. Esta medida tiene como objetivo declarado reconstruir la producción estadounidense de un metal considerado estratégico para vehículos eléctricos, material militar, red eléctrica y numerosos bienes de consumo.

El gobierno estadounidense ha justificado esta investigación alegando «vulnerabilidades significativas en la cadena de suministro de cobre, con una creciente dependencia de fuentes extranjeras para el cobre extraído, fundido y refinado». La orden es ampliamente interpretada como el preludio para la imposición de aranceles que buscarían contrarrestar el dominio de China en la cadena de suministro del metal.

Desde el anuncio de esta investigación, los precios de los futuros del cobre han subido cerca de un 12%, con operadores pagando primas cada vez más altas ante la especulación de inminentes aranceles. Esta situación ha generado un fenómeno sin precedentes: los proveedores están apresurando sus envíos hacia Estados Unidos antes de la posible implementación de barreras comerciales, reduciendo significativamente los volúmenes disponibles en otros mercados.

China responde con estímulos económicos

En respuesta al panorama económico global y las tensiones comerciales, China ha implementado nuevas medidas de estímulo para apuntalar su economía. El gigante asiático fijó su objetivo de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) en 5% y elevó su nivel de déficit a máximos de tres décadas.

La agencia estatal china Xinhua ha informado que el gobierno «impulsará vigorosamente el consumo» y «expandirá la demanda interna en todas las direcciones». El plan incluye medidas de apoyo al gasto interno, aumento de la renta familiar y subvenciones para el cuidado de los niños.

Los resultados de estas políticas ya son visibles en algunos indicadores: las ventas minoristas del país aumentaron un 4% en los dos primeros meses del año, el ritmo más rápido desde octubre pasado. Tanto la producción industrial como la inversión en activos fijos crecieron en febrero por encima de las estimaciones.

Como mayor proveedor y consumidor mundial de cobre, así como actor clave en la transición hacia la energía verde, las políticas chinas han contribuido al impulso alcista del precio del metal, que subió un 4,4% la semana pasada, prolongando una racha alcista de tres semanas.

Inventarios en descenso y redireccionamiento de flujos comerciales

Las existencias de cobre en los almacenes de la LME han caído un 18%, a 221.775 toneladas, en las últimas cuatro semanas. Las órdenes de compra canceladas representan el 50% del total, lo que sugiere que otras 111.000 toneladas están destinadas a salir próximamente de estos depósitos.

Esta disminución de inventarios se ve agravada por el redireccionamiento masivo de metal hacia Estados Unidos. Se estima que aproximadamente 500.000 toneladas de cobre se dirigen actualmente al mercado estadounidense, la mayoría ya en tránsito. Esta cifra contrasta dramáticamente con las importaciones mensuales normales de unas 70.000 toneladas.

El traslado de estos volúmenes hacia Norteamérica podría dejar al resto del mundo —particularmente a China— con una escasez crítica del metal, exacerbando aún más las presiones alcistas sobre el precio.

Múltiples factores impulsan la demanda

El cobre se ha vuelto cada vez más crucial en la economía global debido a múltiples factores:

  1. La electrificación de vehículos impulsados por baterías
  2. El auge de la inteligencia artificial (IA), que requiere infraestructura intensiva en cobre
  3. La transición global hacia energías renovables, donde el cobre es un componente esencial

Simultáneamente, el metal ha enfrentado restricciones de suministro debido a la falta de inversiones en nuevos yacimientos y la reducción de las capacidades de refinado. En este contexto de escasez de oferta, las amenazas arancelarias de Trump, los estímulos económicos de China y la debilidad del dólar estadounidense han contribuido colectivamente al aumento de los precios.

Implicaciones económicas y perspectivas

La ambición de Trump de devolver la producción de cobre a territorio estadounidense podría provocar un aumento significativo en los costes de fabricación y, consecuentemente, presiones inflacionarias adicionales. Los expertos señalan que, aunque la política busca estimular la inversión en la base industrial estadounidense, en el corto plazo el país no tiene otra opción que seguir importando estos metales y absorber o trasladar el nuevo coste arancelario.

La construcción de nuevas fundiciones y el desarrollo de capacidades extractivas locales requieren tiempo y superación de obstáculos regulatorios. Los permisos para estas operaciones pueden ser difíciles de obtener, y la materialización de nuevas instalaciones productivas podría llevar años.

Ante este escenario de incertidumbre y reconfiguración del mercado global del cobre, algunos analistas proyectan que los precios podrían alcanzar los 12.000 o 13.000 dólares por tonelada en el corto plazo, especialmente si la escasez de metal en China obliga a los compradores del gigante asiático a competir agresivamente con el mercado estadounidense.

El comportamiento del resto de metales básicos muestra una tendencia similar: el aluminio ganaba un 0,3%, a 2.630 dólares la tonelada; el zinc mejoraba un 1,6%, a 2.974 dólares; el plomo subía un 2,2%, a 2.061 dólares; el estaño sumaba un 0,3%, a 34.600 dólares; y el níquel avanzaba un 0,7%, a 16.165 dólares.