Lo que comenzó como una medida dirigida contra «los sucios 15» —países con mayores desequilibrios comerciales con Estados Unidos— se ha convertido en una amenaza global. El presidente Donald Trump aseguró el domingo que los aranceles que planea imponer en los próximos días afectarán a «todos los países» y no solo a aquellos con los que mantiene mayores déficits comerciales.

«Empezaríamos con todos los países, y vemos qué sucede», declaró Trump a periodistas a bordo del Air Force One. Cuando le preguntaron cuáles se verán afectados, respondió que no sabía si serán «15 países, 10 o 15» y aseguró que «no hay un límite».

Esta ampliación del alcance de las medidas proteccionistas ha desatado alarmas en las capitales mundiales y provocado fuertes caídas en los mercados financieros globales, que temen el inicio de una guerra comercial de consecuencias impredecibles.

El calendario de la tormenta arancelaria

El calendario que ha establecido la administración Trump marca dos fechas clave en esta semana:

  • 2 de abril: Bautizado por Trump como el «Día de la Liberación», es la fecha prevista para la entrada en vigor de los llamados «aranceles recíprocos». Estos gravarían a aquellos países que, según Washington, mantienen barreras comerciales contra productos y servicios estadounidenses.
  • 3 de abril: Entrada en vigor de aranceles del 25% a todos los automóviles importados a Estados Unidos, con excepciones temporales para partes fabricadas en México y Canadá.

Este calendario se suma a medidas ya implementadas, como los aranceles del 25% a las importaciones de acero y aluminio, y gravámenes adicionales a productos chinos.

La lógica de Trump: «Si ellos nos cobran, nosotros les cobramos»

La visión comercial de Trump parte de una premisa simple que ha repetido en numerosas ocasiones: «Si ellos nos cobran, nosotros les cobramos». Esta estrategia, denominada «aranceles recíprocos», busca igualar las barreras comerciales y fiscales que otras naciones imponen a los productos estadounidenses.

«Nos estafaron como nunca se ha estafado a ningún país en la historia y vamos a ser mucho más amables de lo que ellos fueron con nosotros», afirmó el presidente, quien considera estas medidas como un trato «generoso» comparado con el que, según él, ha recibido Estados Unidos de sus socios comerciales.

Un ejemplo claro de esta estrategia se observa en el sector automovilístico europeo. El arancel a los vehículos importados de la UE podría pasar del actual 2,5% al 27%, con el argumento de equipararlo al 10% de gravámenes que impone el bloque comunitario, más el IVA europeo (cuyo mínimo es del 17%).

El impacto en México y Canadá: ¿El fin del T-MEC?

El 2 de abril también podrían entrar en vigor aranceles adicionales a México y Canadá, los principales socios comerciales de Estados Unidos. Ya el 4 de marzo, Trump impuso aranceles del 25% a las importaciones de estos países, pero estableció una moratoria de un mes para los productos cubiertos por el tratado de libre comercio T-MEC.

Si estos aranceles se implementan finalmente, supondría en la práctica la muerte del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), acuerdo que el propio Trump negoció en su primer mandato (2017-2021) en sustitución del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El mundo se prepara para responder

La reacción internacional no se ha hecho esperar. El canciller alemán saliente, Olaf Scholz, afirmó el domingo que la Unión Europea estaba lista para responder con sus propios aranceles, aunque también se ha informado que el bloque evalúa una lista de concesiones para negociar con Trump.

Por su parte, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, advirtió que ante la posible implementación de estos aranceles, Europa deberá asumir un mayor control sobre su futuro: «Él lo llama el Día de la Liberación. Yo lo interpreto como el momento en que debemos decidir, juntos, asumir un mayor control sobre nuestro destino. Creo que es un paso hacia la independencia».

Los mercados en pánico

Los mercados bursátiles mundiales reaccionaron con fuertes caídas tras las declaraciones de Trump. Los inversores, buscando refugio en activos seguros, aumentaron la demanda de bonos soberanos y yenes japoneses, mientras que el precio del oro alcanzaba un nuevo máximo histórico.

En Asia, el Nikkei japonés lideraba las pérdidas con un desplome del 4,1%, su nivel más bajo en seis meses. En Europa, el índice paneuropeo Stoxx 600 bajaba un 1,2%, mientras que Wall Street también abría con pérdidas significativas: el Dow Jones retrocedía 0,70%, el tecnológico Nasdaq perdía 1,60% y el índice ampliado S&P 500 caía 1,03%.

«Por primera vez en años, estamos realmente preocupados por los activos de riesgo», señaló Ajay Rajadhyaksha, responsable de mercados de tipos en Barclays. «Si el caos político y las tensiones comerciales se intensifican aún más, la posibilidad de una recesión en las principales economías se vuelve un riesgo real».

El impacto económico: inflación y recesión a la vista

Las previsiones económicas sobre el impacto de estos aranceles son preocupantes. Según cálculos de KPMG Economics, los aranceles a los vehículos fabricados fuera de EEUU podrían disparar el precio de un coche nuevo en varios miles de dólares, quizás más de 10.000 en los más caros.

Un informe del Peterson Institute for International Economics señala que «el presidente Donald Trump ha anunciado el mayor aumento de impuestos en al menos una generación, desde 1993 o antes», estimando que «el coste directo de estas medidas para el hogar estadounidense promedio sería un aumento de impuestos de más de 1.200 dólares al año».

Por su parte, la Tax Foundation estima que las medidas proteccionistas «reducirán el PIB de EEUU en un 0,4% y las horas trabajadas en 309.000 empleos equivalentes a tiempo completo», sin considerar siquiera los efectos de «las represalias extranjeras».

J.P. Morgan ha revisado a la baja su estimación de crecimiento del PIB real para 2025, situándolo en el 1,6%, un 0,3% menos que las estimaciones anteriores, advirtiendo que «los aranceles ya impuestos generarán un aumento de la inflación general, impulsando los precios al consumidor en 0,2 puntos porcentuales».

Goldman Sachs también ha rebajado sus previsiones del PIB tanto para Estados Unidos como para la eurozona, añadiendo un recorte de tipos adicional a sus previsiones tanto para la Reserva Federal como para el Banco Central Europeo.

Confusión en la Casa Blanca

A pesar de la inminencia de las medidas, existe una notable confusión incluso dentro del equipo de Trump. Según informaba Político este fin de semana, «a solo unos días del anuncio de Trump sobre los aranceles globales el 2 de abril, incluso aquellos más cercanos al presidente han indicado en privado que no están seguros de qué hará exactamente».

En el equipo económico de Trump conviven diferentes facciones: desde los creyentes absolutos en los aranceles (Pete Navarro), pasando por los que obedecen sin cuestionar a sabiendas de que es un error (como el secretario del Tesoro, Scott Bessent), hasta los que aspiran a una revolución económica mundial que devalúe el dólar sin afectar su estatus como divisa de reserva global (Stephen Miran).

El arancel como ideología

Más allá de las consideraciones técnicas, Trump ha elevado el arancel a la categoría de dogma ideológico, describiéndolo como «la palabra más bonita del diccionario». El presidente sostiene que las décadas finales del siglo XIX, cuando el Estado ingresaba principalmente por imposiciones a productos extranjeros, fueron los «años dorados» de la historia estadounidense, y que es posible regresar a ellos resucitando estas políticas.

Sin embargo, los expertos señalan las incongruencias conceptuales de esta visión. Como apuntaba recientemente Olivier Blanchard, ex economista jefe del FMI: «El IVA no es un arancel. Equilibra las condiciones al garantizar que las empresas nacionales y extranjeras paguen el mismo impuesto al vender en el mercado nacional».

Mientras tanto, The Wall Street Journal ha calificado esta escalada como «la guerra comercial más estúpida de la historia», desatando la ira de la Casa Blanca. Un daño autoinfligido que lleva a un nivel desconocido las relaciones entre los grandes bloques económicos del planeta y cuyo alcance real sigue siendo una incógnita a horas de su implementación.