El mercado internacional del cobre atraviesa una fase de escalada sin precedentes, impulsado por una confluencia de factores estructurales y coyunturales que han llevado los precios a niveles récord. La combinación de interrupciones en la producción minera, expectativas de déficit significativo en la oferta, la reconfiguración geográfica de los inventarios debido a la incertidumbre arancelaria estadounidense y un contexto de creciente demanda vinculada a la transición energética ha situado al metal rojo en el centro de las preocupaciones del mercado de materias primas.
Superación de umbrales históricos en los principales mercados
El cobre de referencia a tres meses en la Bolsa de Metales de Londres (LME) superó por primera vez la barrera de los 13.000 dólares por tonelada, escalando hasta los 13.369 dólares con un avance del 2,91%, tras haber alcanzado un máximo intrasesión de 13.387,50 dólares. Este nivel representa una ruptura clara del récord previo de 12.960 dólares establecido el 29 de diciembre.
En paralelo, el mercado estadounidense Comex registró cotizaciones históricas de 5,9902 dólares por libra, con un incremento del 5,25%. La Bolsa de Futuros de Shanghái no quedó al margen de esta tendencia alcista, con el contrato más activo cerrando en 105.320 yuanes (15.091,20 dólares) por tonelada métrica tras un avance del 4,88%, después de marcar un máximo histórico de 105.490 yuanes.
El desempeño anual refleja la magnitud de este repunte: el cobre londinense acumuló una revalorización del 42% durante 2025, su mejor año desde 2009, mientras que el de Shanghái registró un alza del 33% en el mismo período.
Interrupciones mineras intensifican presiones sobre la oferta
Las disrupciones en la producción minera han emergido como catalizador inmediato de la tensión en los mercados. La huelga en la mina Mantoverde de Capstone Copper, ubicada en el norte de Chile y que produce tanto cobre como oro, ha encendido las alarmas sobre la vulnerabilidad de la cadena de suministro. Aunque la producción esperada de esta operación oscila entre 29.000 y 32.000 toneladas métricas anuales —una fracción de los aproximadamente 24 millones de toneladas de producción minera mundial prevista para este año—, su paralización refuerza las expectativas de escasez en un mercado ya ajustado.
A esta situación se suma el retraso anunciado por Tongling Nonferrous Metals Group en la puesta en marcha de la segunda fase de su mina ecuatoriana, así como el accidente ocurrido en septiembre en la gigantesca mina de Grasberg de Freeport-McMoRan en Indonesia, una de las operaciones cupríferas más importantes del mundo.
Estos episodios subrayan la fragilidad de una oferta que enfrenta desafíos estructurales para expandirse. Los analistas de Citi estiman la producción de cobre refinado en 26,9 millones de toneladas para este año, configurando un déficit de 308.000 toneladas. UBS proyecta una situación aún más severa, anticipando un crecimiento de la demanda de aproximadamente 3% frente a un crecimiento de la oferta refinada inferior al 1%, lo que se traduciría en un déficit de entre 300.000 y 400.000 toneladas en 2026, ampliándose hasta las 500.000 toneladas en 2027.
Analistas de China Securities Co., liderados por Wang Jiechao, estiman que «el mercado global del cobre registrará un déficit superior a 100.000 toneladas en 2026», destacando que tanto los déficits generales como la dislocación regional causada por los aranceles estadounidenses están impulsando al metal.
La paradoja de los inventarios: acumulación en Estados Unidos y desplome en Londres
Una de las dinámicas más significativas del mercado actual es la pronunciada redistribución geográfica de los inventarios. Las existencias en los almacenes autorizados de la LME han experimentado una caída dramática del 55% desde finales de agosto, situándose en apenas 142.550 toneladas, niveles que reflejan una estrechez crítica en la disponibilidad fuera del mercado estadounidense.
Paralelamente, las existencias en los almacenes registrados del Comex han experimentado un crecimiento exponencial del 400% desde abril, alcanzando 499.841 toneladas cortas o 453.450 toneladas métricas al 2 de enero. Esta acumulación responde a la estrategia de operadores y productores de anticiparse a la posible imposición de aranceles sobre las importaciones de cobre en Estados Unidos.
Esta dislocación regional resulta particularmente significativa considerando que Estados Unidos concentra aproximadamente la mitad de los inventarios globales pero representa menos del 10% de la demanda mundial, según datos de UBS. El diferencial entre el precio al contado y el de tres meses en Londres se mantiene firmemente en backwardation —situación en la que el precio inmediato supera al futuro—, un patrón técnico inequívoco que señala estrechez en el corto plazo.
Incertidumbre arancelaria y reconfiguración del comercio global
La política comercial estadounidense se ha convertido en un factor determinante de la dinámica del mercado. Aunque el cobre obtuvo una exención de los gravámenes que entró en vigor el 1 de agosto, el plan del expresidente Trump de revisar la aplicación de aranceles al cobre primario durante 2026 ha reactivado la operación de arbitraje que sacudió al mercado a comienzos del año.
Esta incertidumbre ha impulsado masivos envíos preventivos hacia Estados Unidos, principalmente desde los almacenes londinenses, reduciendo dramáticamente la disponibilidad en otras regiones. Los operadores continúan monitoreando las revisiones sobre los aranceles al metal, cuyas implicaciones trascienden lo puramente comercial para afectar la seguridad del suministro y el crecimiento económico de sectores estratégicos como la energía y la construcción.
La situación se enmarca en un contexto geopolítico más amplio, con eventos como la captura del líder venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos durante el fin de semana, que ha llevado a los inversionistas a evaluar el cambio de postura de Washington respecto de los recursos críticos para la seguridad nacional y el desarrollo económico.
Demanda estructural y la transición energética como telón de fondo
Más allá de las presiones coyunturales sobre la oferta, la demanda de cobre enfrenta una tendencia estructural al alza vinculada a la transición energética global. El metal es componente esencial en tecnologías de energía renovable, vehículos eléctricos, infraestructura de recarga y sistemas de transmisión eléctrica, configurándose como insumo crítico para los objetivos de descarbonización.
La necesidad de inversiones significativas en nueva producción para satisfacer esta demanda futura es reconocida por el mercado, pero los analistas advierten que tales inversiones difícilmente se materializarán sin precios sustancialmente más altos que justifiquen los largos períodos de desarrollo y los costos crecientes de exploración y extracción.
Sin embargo, los elevados precios ya están comenzando a modular el apetito de compradores en mercados clave. La prima del cobre Yangshan, indicador del interés de los consumidores chinos por el cobre importado, retrocedió a 43 dólares por tonelada el lunes, desde más de 50 dólares a finales de 2025, señalando cierta resistencia de precio en el mayor consumidor mundial del metal.
Repercusiones en el complejo de metales básicos
El rally del cobre ha ejercido un efecto arrastre sobre otros metales básicos. El aluminio alcanzó los 3.093 dólares por tonelada, su nivel más alto desde abril de 2022, impulsado por preocupaciones sobre posible escasez, para posteriormente asentarse en 3.087,40 dólares con un avance del 2,13% en la LME.
El níquel experimentó ganancias particularmente pronunciadas, con el contrato de referencia a tres meses avanzando un 3,19% hasta 17.545 dólares por tonelada, tras tocar un máximo de 14 meses en 17.590 dólares. En Shanghái, el níquel cerró con un incremento del 4,13% en 139.800 yuanes por tonelada, después de alcanzar un máximo de 14 meses de 139.960 yuanes. Este movimiento fue apuntalado por el plan de Indonesia de recortar la producción de 2026, aunque el país permitió a los mineros referirse a la cuota previamente aprobada hasta finales de marzo mientras se revisan las nuevas asignaciones.
El estaño lideró los avances con un salto del 5,9% hasta 42.785 dólares en Londres y del 4,92% en Shanghái, mientras que el zinc ganó un 2,45% a 3.206,85 dólares en la LME y un 2,27% en Shanghái. El plomo sumó un 1,04% a 2.024,25 dólares en Londres y un 0,69% en Shanghái, completando el cuadro de fortaleza generalizada en el sector.
Perspectivas y riesgos en un mercado en ebullición
El panorama para el mercado del cobre permanece sujeto a múltiples vectores de incertidumbre. La persistencia de las interrupciones mineras, la evolución de la demanda china ante precios elevados, la materialización o no de aranceles estadounidenses, y la velocidad de respuesta de la oferta minera constituyen variables críticas para la trayectoria futura de las cotizaciones.
Un amplio sentimiento de apetito por el riesgo ha dominado el mercado al regreso de los inversionistas tras el inicio del nuevo año, favoreciendo activos vinculados al crecimiento económico y la transición energética. No obstante, la sostenibilidad de niveles de precio récord dependerá de que los fundamentales de oferta y demanda validen las expectativas de déficit estructural que actualmente sustentan las valoraciones.
La necesidad de inversiones masivas en nueva capacidad productiva contrasta con ciclos de desarrollo minero que típicamente demandan entre cinco y diez años, sugiriendo que la tensión entre oferta y demanda podría persistir en el mediano plazo, con implicaciones significativas para industrias dependientes del metal y para las estrategias de seguridad de suministro de economías avanzadas y emergentes.




