El Grupo Banco Interamericano de Desarrollo llegó a sus reuniones anuales celebradas en Asunción, Paraguay, entre el 11 y el 14 de marzo, respaldado por resultados históricos. En 2025, la institución alcanzó desembolsos por 35.000 millones de dólares, cifra que supera en más del 50% lo ejecutado en 2022 y que establece un nuevo máximo en la historia del organismo. Este punto de partida no es menor: el BID lo presenta como la base sobre la cual se sostiene una ambición financiera sin precedentes para la región.
El presidente del Grupo BID, Ilan Goldfajn, confirmó durante las sesiones que la institución proyecta movilizar 500.000 millones de dólares en América Latina y el Caribe en los próximos diez años, más del doble de lo financiado en la década anterior. El anuncio no fue acompañado únicamente de cifras: Goldfajn insistió en que el volumen de recursos carece de sentido sin impacto verificable, y que los efectos que el organismo busca producir de aquí a 2035 incluyen fortalecer el crecimiento económico, crear empleo, reducir la pobreza, ampliar mercados y promover la integración regional.
La capitalización de BID Invest, pieza central del nuevo marco
El mecanismo que hace posible esa proyección tiene un nombre concreto: la conclusión exitosa del proceso de capitalización de BID Invest, el brazo del grupo orientado al sector privado. El proceso fue anunciado en 2023 durante las reuniones celebradas en República Dominicana, aprobado por la Asamblea de Gobernadores en 2024 en Punta Cana, y concluido formalmente durante la presente asamblea en Asunción. La ampliación de capital ascendió a 3.500 millones de dólares y contó con el respaldo de accionistas regionales y no regionales.
Las consecuencias operativas son directas. Con este capital adicional, BID Invest estima elevar su capacidad de financiamiento y movilización desde los aproximadamente 13.000 millones de dólares actuales hasta cerca de 22.000 millones anuales durante la próxima década. El mecanismo que permite esa expansión es el modelo denominado «originar para compartir»: la institución genera proyectos, distribuye el riesgo con inversionistas privados y amplía así el volumen total de capital disponible para sectores estratégicos. James Scriven, gerente de BID Invest, sintetizó el momento con una metáfora precisa: «Hemos estado entrenando para la maratón, pero la maratón empieza ahora. Estamos probablemente en los primeros cinco o diez kilómetros.»
BIDImpact+: de la visión a la implementación
La capitalización de BID Invest no opera en aislamiento, sino como una de las tres patas de BIDImpact+, el marco estratégico aprobado en 2024. Las otras dos son una nueva estrategia institucional orientada a maximizar impactos medibles y la reposición de recursos de BIDLab, el laboratorio de innovación del grupo. Goldfajn fue explícito sobre la fase en la que se encuentra el organismo: «La estrategia está diseñada. Tenemos que pasar de la visión a la implementación.»
Para concretar esa transición, el nuevo marco de financiamiento del BID se apoya en cinco ejes operativos. El primero implica un diseño más sólido de reformas con medidas de calidad verificables. El segundo establece un seguimiento más claro de los resultados durante la implementación, con acompañamiento en tiempo real. El tercero introduce nuevas modalidades de financiamiento, incluidos instrumentos para la gestión del riesgo de desastres naturales. El cuarto basa el dimensionamiento de las operaciones en el impacto esperado, no únicamente en criterios de volumen. El quinto refuerza las evaluaciones macroeconómicas en coordinación con organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional.
El sector privado como motor del desarrollo regional
Una de las premisas más reiteradas por Goldfajn a lo largo de las reuniones fue que el sector público de América Latina y el Caribe no dispone de los recursos necesarios para cerrar las brechas estructurales que frenan el desarrollo de la región. Desde esa lectura, la apuesta estratégica del BID pasa por consolidar al sector privado como protagonista central del modelo de crecimiento, reservando para las instituciones públicas el papel de generar las «condiciones habilitantes» que permiten al empresariado sumar escala, innovación y empleo.
En esa dirección, las plenarias avanzarán en LAC Crece —Latinoamérica Crece—, una iniciativa destinada a superar las restricciones que limitan el crecimiento en la región, desde barreras logísticas y regulatorias hasta debilidades institucionales. El programa contempla medidas de inversión en el sector privado e incluye discusiones sobre cadenas de suministro y sobre el mercado de minerales críticos, para el cual se destina un fondo de 770.000 millones de dólares proyectado al horizonte de 2040.
Minerales críticos: del extractivismo al valor agregado
América Latina y el Caribe concentra una participación significativa en la oferta global de minerales críticos, en un mercado que podría alcanzar los 770.000 millones de dólares hacia 2040. Sin embargo, Goldfajn fue categórico en señalar que el objetivo del BID no es financiar únicamente la extracción: «La meta no es solo extraer. Es procesar, manufacturar y generar empleo.» Con esa orientación, el organismo lanzará durante estas reuniones anuales la iniciativa LAC Minerals, diseñada para que la región deje de limitarse al primer eslabón de la cadena y avance hacia el procesamiento, la manufactura y la refinación de materias primas estratégicas.
La lógica detrás de esta apuesta combina dos intereses convergentes: la región busca generar más valor dentro de sus propias fronteras, mientras que el mundo demanda cadenas de suministro seguras con creación de valor distribuida. El BID se posiciona, en ese esquema, como el puente entre el sector privado y el público para viabilizar proyectos de impacto en crecimiento y empleo.
Integración regional e impacto social acumulado
El tercer eje de las plenarias será el impulso a la integración regional. Goldfajn apuntó a una mayor cohesión comercial, productiva, regulatoria y de infraestructura como condición para que América Latina gane escala, reduzca costos y aumente su atractivo para la inversión. «Vamos a apoyar a quienes estén listos para avanzar», afirmó el presidente del grupo, dejando abierta la puerta a esquemas de integración diferenciada entre países con distinta disposición y capacidad institucional.
Los resultados sociales acumulados que el BID presenta como evidencia de su modelo no son menores. Con los desembolsos ejecutados hasta la fecha, 2,6 millones de personas obtuvieron acceso a banda ancha; 34 millones accedieron a servicios de salud y nutrición de calidad; 3,3 millones de micro, pequeñas y medianas empresas recibieron apoyo para fortalecer sus operaciones; y cerca de un millón de agricultores mejoraron sus servicios agropecuarios. Estas cifras constituyen el argumento empírico central con el que el organismo defiende la pertinencia de escalar su presencia financiera en la región durante la próxima década.




