La publicación masiva de archivos no revela secretos explosivos pero abre nuevas interrogantes sobre la transparencia gubernamental

La publicación el martes de unos 64.000 documentos relacionados con el asesinato del presidente John F. Kennedy ha generado un intenso escrutinio por parte de historiadores, periodistas y entusiastas, quienes esperaban encontrar revelaciones explosivas sobre uno de los acontecimientos más enigmáticos de la historia estadounidense. Sin embargo, la gran revelación hasta ahora parece ser que no hay grandes revelaciones.

Protección de operaciones de inteligencia, no de conspiraciones

Durante décadas, la retención de documentos relacionados con el asesinato de Kennedy alimentó especulaciones sobre posibles conspiraciones gubernamentales. Incluso Robert F. Kennedy Jr., actual Secretario de Salud de Estados Unidos y sobrino del presidente asesinado, había solicitado insistentemente la publicación completa de estos archivos, sugiriendo que contendrían «pruebas abrumadoras» de la implicación de la CIA.

No obstante, el análisis preliminar de los casi 64.000 documentos publicados por los Archivos Nacionales indica que el secretismo prolongado podría haber tenido un propósito menos siniestro: proteger las fuentes, métodos y operaciones de inteligencia estadounidenses. Los archivos están repletos de detalles sobre agentes e informantes, acciones encubiertas y partidas presupuestarias que las agencias preferían mantener en reserva.

«Los secretos, al parecer, eran los pequeños detalles, no las grandes noticias», señalan expertos que han comenzado a revisar la documentación.

Discrepancia en el número de documentos publicados

Aunque el presidente Donald Trump había anunciado la publicación de 80.000 documentos relacionados con el asesinato, hasta el momento solo 1.123 aparecen en la web de los Archivos Nacionales. Según un comunicado de la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, el resto de los archivos ya han sido desclasificados pero aún no se han publicado en línea, un proceso que se completará «en los próximos días».

La promesa de Trump de que todos los documentos estarían íntegros y sin tachaduras ha generado expectativas sobre la posibilidad de encontrar información previamente censurada. Sin embargo, los expertos advierten que probablemente no contendrán revelaciones impactantes ni pondrán fin a las teorías de conspiración que han persistido durante seis décadas.

Daños colaterales de la desclasificación masiva

La publicación ha generado preocupaciones inesperadas. Entre los documentos liberados se encuentran registros contables que incluyen números de Seguro Social de decenas de empleados del Congreso de finales de la década de 1970, algunos de los cuales siguen con vida.

Judy K. Barga, de 80 años, quien trabajó como contratista del gobierno, expresó su sorpresa al enterarse que su información personal se había hecho pública: «La información privada de las personas debe mantenerse en privado», declaró.

Paralelamente, el Departamento de Justicia ha decidido desclasificar los registros de vigilancia del FBI relativos a Martin Luther King Jr., a pesar de las objeciones de quienes temen que las revelaciones sobre la vida privada del líder de los derechos civiles puedan utilizarse para empañar su legado.

Un tesoro para historiadores, aunque no para el público general

Si bien los documentos no han entusiasmado al lector general, para los historiadores y académicos contienen valiosa información entre líneas. David J. Garrow, historiador con amplia experiencia en archivos de inteligencia, destaca un resumen de un informe secreto de la CIA de 693 páginas de 1975 que menciona casos en los que la agencia «puede haberse excedido en su mandato».

«Es un catálogo de ‘malas acciones’ de la agencia», señaló Garrow, refiriéndose a las referencias sobre jefes de estación, allanamientos en el extranjero, vigilancia ilegal y diversas operaciones «extremadamente delicadas».

La versión oficial frente a décadas de teorías conspirativas

El asesinato de Kennedy ha sido atribuido oficialmente a Lee Harvey Oswald, un exinfante de Marina que disparó contra el presidente desde una ventana de un almacén de libros escolares mientras la comitiva presidencial pasaba por la plaza Dealey de Dallas, Texas. Dos días después, Jack Ruby, dueño de un club nocturno, mató a Oswald durante un traslado en la sede de la policía de Dallas.

La Comisión Warren, establecida por el entonces presidente Lyndon B. Johnson para investigar el suceso, concluyó en 1964 que Oswald había actuado solo y que no existían pruebas de una conspiración para asesinar a Kennedy. Sin embargo, esta versión oficial nunca ha satisfecho a una parte significativa de la opinión pública americana.

Cientos de libros y películas, como «JFK» de Oliver Stone (1991), han alimentado teorías alternativas que señalan como posibles responsables a la Unión Soviética, Cuba, la mafia e incluso al propio vicepresidente Lyndon B. Johnson. El hecho de que Oswald desertara a la Unión Soviética en 1959 y regresara a Estados Unidos en 1962 ha sido un elemento clave en muchas de estas teorías.

Una desclasificación postergada

Los documentos sobre el asesinato de Kennedy forman parte de una colección única en los Archivos Nacionales que debía haberse hecho pública en su totalidad en 2017, siguiendo una ley del Congreso de 1992 que establecía un plazo de 25 años para la publicación completa de todos los registros. Sin embargo, durante su primer mandato (2017-2021), Trump decidió mantener algunos archivos en secreto por razones de seguridad nacional.

Según los Archivos Nacionales, la gran mayoría de documentos —unos seis millones, incluidos fotografías y grabaciones de audio— ya habían sido publicados anteriormente. A mediados de febrero de este año, el FBI anunció que había encontrado más de 2.400 documentos nuevos relacionados con el asesinato de Kennedy, que serían transferidos a los Archivos Nacionales para su desclasificación.

Ampliación a otros casos históricos

La orden ejecutiva firmada por Trump tras su regreso a la Casa Blanca no solo busca hacer públicos los archivos sobre el asesinato de John F. Kennedy, sino también los relacionados con los asesinatos, en 1968, de su hermano Robert F. Kennedy y del reverendo Martin Luther King Jr.

Esta iniciativa, celebrada como un ejercicio de apertura sin precedentes, constituye un avance significativo en la transparencia gubernamental, despertando interés tanto en círculos académicos como entre la ciudadanía después de generaciones de incertidumbre.

Analistas en historia contemporánea y políticas de seguridad destacan que esta desclasificación masiva podría brindar información reveladora sobre el contexto geopolítico de la Guerra Fría y las operaciones clandestinas de agencias como la CIA y el FBI. No obstante, advierten sobre la necesidad de analizar los hallazgos con prudencia para evitar conclusiones apresuradas sin sustento empírico.

A medida que los expertos continúan escudriñando los documentos, queda por ver si esta desclasificación logrará finalmente cerrar uno de los capítulos más controvertidos de la historia estadounidense o simplemente añadirá nuevas capas de complejidad a un enigma que ha perdurado por seis décadas.