La Argentina enfrenta una crisis sin precedentes en dos de sus industrias de bebidas más emblemáticas. Mientras la producción cervecera se desplomó 17% interanual y las cervecerías artesanales operan al 30% de su capacidad instalada, el sector vitivinícola registró en 2025 las peores exportaciones en volumen desde 2004 y en valor desde 2009. Ambos sectores comparten causas comunes: caída del consumo interno, pérdida de competitividad, aumento de costos y cambios estructurales en los hábitos de los consumidores. La reconversión productiva y la diversificación de formatos emergen como únicas estrategias de supervivencia ante un mercado que no ofrece señales claras de recuperación.
Industria cervecera: desplome histórico en la producción
Caída sin precedentes en la molienda de cebada
El indicador más revelador de la crisis cervecera proviene del procesamiento de la materia prima esencial. Según el analista agropecuario Javier Preciado Patiño, 2025 resultó un año atípicamente bajo para la molienda e industrialización de cebada cervecera. El balance preliminar, pendiente aún del dato de diciembre, revela una merma interanual del 17% y una caída del 23% respecto del promedio histórico de los últimos cinco años.
Solo entre marzo y julio la actividad logró aproximarse parcialmente a los valores del año anterior o al promedio quinquenal. Fuera de ese período, el desempeño fue claramente inferior, consolidando uno de los peores años para la industria en las últimas dos décadas.
Tres factores detrás del colapso cervecero
Los especialistas del sector identifican tres elementos que convergen para explicar el retroceso:
Retracción del consumo interno: La pérdida de poder adquisitivo de los argentinos impactó de manera directa en el consumo de bebidas alcohólicas, consideradas productos no esenciales. La consultora Scentia registra desplomes de dos dígitos porcentuales en las ventas de supermercados, con el segmento de bebidas alcohólicas entre los más afectados.
Avance del contrabando: El ingreso ilegal de cerveza desde Paraguay, Bolivia y Brasil se intensificó durante 2025, agravando la situación de los productores locales. Las importaciones informales, sumadas a las de frontera, desplazaron volúmenes significativos de producción nacional y presionaron aún más los precios en un mercado ya deprimido.
Caída de exportaciones de malta: La pérdida de competitividad vinculada a mayores costos afectó las ventas al mercado regional. Aunque la demanda en países vecinos también mostró retrocesos, la caída más pronunciada se observó en Argentina, donde los costos productivos medidos en dólares encarecieron la oferta exportable.
Grandes cerveceras: dos años consecutivos de retroceso
Desde una reconocida empresa cervecera confirmaron que 2025 no fue un buen año para la industria: «Volvimos a registrar una caída en la producción, después de un 2024 que ya había sido muy malo, con lo cual el sector atraviesa una crisis grande». Los referentes destacaron que producen malta para abastecer al mercado regional, donde la demanda también mostró una merma, aunque el descenso más marcado se observó en territorio argentino.
En otra de las principales compañías del sector indicaron que cerraron 2024 con una caída interanual del 20% en el volumen producido, y que durante 2025 no lograron recuperar los niveles previos. El escenario se agrava por el ingreso continuo de mercadería de contrabando, principalmente desde países limítrofes.
Cervecerías artesanales: del boom a la supervivencia
Las cervecerías artesanales, que experimentaron un notable crecimiento hasta 2017, transitan un escenario particularmente complejo que se inició con la pandemia en 2020. Emanuel Ferrari, referente del sector, explicó que los últimos dos años el consumo masivo se contrajo con desempeños negativos en prácticamente todas las categorías, y el segmento de bebidas alcohólicas no fue la excepción.
El impacto fue mayor para los productores artesanales debido a su fuerte dependencia del canal gastronómico. La caída del poder adquisitivo afectó con mayor intensidad a bares y restaurantes, perjudicando especialmente a aquellas cervecerías cuyos modelos de negocio se basaban principalmente en proveer a estos establecimientos.
Subutilización extrema de la capacidad instalada: El dato más dramático proviene de la brecha entre capacidad y producción efectiva. Las instalaciones están preparadas para producir alrededor de 200.000 litros mensuales, pero actualmente el volumen promedio no supera los 60.000 litros, lo que representa apenas el 30% de la capacidad instalada.
Ante el cierre de numerosas cervecerías, los sobrevivientes profundizaron el proceso de reconversión iniciado durante la pandemia: venta directa en supermercados y almacenes, con una oferta ampliada que incluye cervezas sin alcohol y sin gluten.
Estrategias de reconversión en el sector cervecero
Frente a la crisis, las empresas implementan diversas estrategias de adaptación:
Del barril a la lata: Emanuel López, presidente de la Cámara de Cerveceros Artesanales de Argentina, afirmó que muchas cervecerías pasaron del tradicional formato de barril al envasado en lata para ganar presencia en nuevos canales de comercialización.
Diversificación del portafolio: Ampliación del abanico de productos para incluir bebidas fermentadas, no fermentadas, opciones listas para tomar, cervezas sin alcohol y sin gluten, buscando captar nuevos segmentos de consumidores.
Centralización productiva: Especialmente en el segmento artesanal, las empresas buscan reducir costos mediante la concentración de la producción y la optimización de recursos.
Panorama para 2026: cautela generalizada
El panorama de corto plazo no ofrece señales alentadoras. López advierte que la contracción del consumo se mantendrá debido al ajuste económico y la pérdida de poder adquisitivo, afectando principalmente productos que no son de primera necesidad. No se espera un repunte significativo en el corto plazo, aunque algunas empresas confían en cerrar el año con leves crecimientos tras haber tocado fondo.
Sector vitivinícola: el peor desempeño exportador en dos décadas
Exportaciones en mínimos históricos
El año 2025 resultó particularmente adverso para la producción, venta y exportación vitivinícola argentina. Al contexto interno, marcado por la caída en la demanda y el aumento de los costos, se sumó un escenario internacional desfavorable que derivó en el peor desempeño exportador del sector en casi dos décadas.
De acuerdo con los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en 2025 los envíos totales de vino al exterior sumaron 1,93 millones de hectolitros, lo que implicó una caída de 6,8% interanual frente a 2024. Se trató del menor volumen exportado desde 2004, cuando las ventas externas habían alcanzado los 1,55 millones de hectolitros.
Caída en valor: En términos monetarios, el sector vitivinícola exportó en 2025 un total de USD 661 millones. Este monto representó una baja interanual de 7,2% y constituyó el peor registro de ingresos por exportaciones de vino desde 2009, año en el que las ventas externas habían sumado USD 553 millones.
Factores internos que erosionaron la competitividad
El desempeño negativo del sector respondió a una combinación de variables domésticas que impactaron simultáneamente sobre la competitividad de los vinos argentinos:
Volatilidad cambiaria y encarecimiento en dólares: La inestabilidad del tipo de cambio y el incremento de los costos productivos medidos en dólares afectaron directamente la estructura de precios del sector.
Inflación y costos logísticos: El aumento generalizado de precios internos y el encarecimiento del transporte y la distribución redujeron significativamente el margen de maniobra de las bodegas para competir en los mercados internacionales.
Pérdida de competitividad precio: Esta combinación de factores llevó a que, en muchos casos, los vinos argentinos llegaran a las góndolas del exterior con valores menos competitivos frente a productos de otros orígenes, especialmente en los segmentos más sensibles al precio.
La estrategia de elevar los precios en dólares para compensar la baja en los volúmenes exportados terminó, en algunos mercados, profundizando la pérdida de participación de la oferta argentina.
Contexto internacional adverso
En el plano externo, distintos factores limitaron el desempeño de los vinos argentinos:
Retracción de mercados clave: La menor demanda en algunos de los principales mercados de destino, particularmente en Europa, impactó sobre las exportaciones en un contexto de cambios en los hábitos de consumo y mayor cautela por parte de los consumidores.
Desaceleración en Estados Unidos y China: Esta tendencia también se reflejó en mercados relevantes como Estados Unidos y China, donde el consumo mostró signos de desaceleración durante 2025.
Mercado global en ajuste: A nivel mundial, el mercado vitivinícola atravesó un año complejo, con una caída del consumo tanto en volumen como en valor. Si bien la producción mundial se mantuvo relativamente estable, en niveles levemente superiores a los 230 millones de hectolitros, el sector enfrentó un proceso de ajuste marcado por una valorización por escasez e inflación, además de transformaciones estructurales en la demanda.
Mercado interno: colapso del formato botella
El retroceso del sector vitivinícola no se limitó únicamente al frente externo. Durante 2025, el consumo de vino en el mercado local también mostró una dinámica negativa, con un impacto especialmente fuerte sobre la botella, el formato tradicional y central para la industria.
De acuerdo con el último informe del INV, las ventas totales de vino en el mercado doméstico registraron una caída interanual de 12,5%, mientras que el acumulado hasta noviembre —último dato disponible— reflejó una baja de 3,7%.
El formato botella, el más afectado: Dentro de ese desempeño, el formato botella fue el más perjudicado. Las ventas retrocedieron 16,3% frente al mismo mes del año anterior, una contracción muy superior al promedio del mercado.
Cambios estructurales en los hábitos de consumo
La caída convive con transformaciones profundas en los patrones de consumo de los argentinos:
Preferencia por menor graduación alcohólica: Los consumidores muestran una creciente inclinación hacia bebidas de menor contenido alcohólico, en línea con tendencias de consumo más moderado y consciente.
Presentaciones más pequeñas: Existe una mayor demanda de formatos reducidos, asociados a un consumo más ocasional y moderado, alejándose del modelo tradicional de la botella de 750 ml.
La lata como alternativa estratégica
En ese contexto, el sector comenzó a ampliar su oferta de formatos como estrategia para sostener volumen y llegar a nuevos públicos. Entre esas alternativas, la lata ganó protagonismo por sus atributos prácticos: facilidad de transporte, menor tiempo de enfriado y posibilidad de consumir cantidades más reducidas.
Para las bodegas, además, este formato permite competir en espacios de exhibición donde la botella tradicional tiene menor rotación y sumar presencia en puntos de venta distintos a los habituales.
Crecimiento exponencial, pero insuficiente: Según el INV, los despachos de vino en lata crecieron 131,4% interanual. Pese a ese fuerte crecimiento porcentual, su escala todavía resulta insuficiente para compensar la caída registrada en la botella, que sigue concentrando la mayor parte del consumo y del negocio del sector.
Desafíos comunes y expectativas regionales
La situación que atraviesan tanto la industria cervecera como la vitivinícola argentina refleja un desafío más amplio para el sector de bebidas alcohólicas en América Latina: la necesidad imperiosa de adaptación frente a cambios profundos en los hábitos de consumo, la presión de importaciones informales y el sostenido incremento de costos operativos.
La innovación en formatos, la diversificación de productos y la búsqueda de nuevos canales de comercialización se convierten en factores determinantes para la supervivencia y la sostenibilidad de ambos sectores. Sin embargo, estas estrategias de reconversión enfrentan el desafío de implementarse en un contexto económico restrictivo, con consumidores que priorizan productos esenciales y reducen el gasto en bebidas alcohólicas.
El panorama para 2026 permanece incierto. Mientras algunos actores confían en haber tocado fondo y esperan leves recuperaciones, la mayoría del sector mantiene expectativas cautelosas ante la persistencia del ajuste económico y la incertidumbre sobre la evolución del poder adquisitivo de los argentinos.



