Las tormentas solares extremas representan uno de los mayores peligros para nuestra civilización tecnológica. Estos eventos se dividen principalmente en dos categorías: el Evento Carrington, observado en 1859 y considerado la tormenta geomagnética más intensa documentada directamente, y los más potentes Eventos Miyake, supertormentas detectadas mediante análisis de anillos de árboles y núcleos de hielo.

«El último evento Miyake ocurrió hace aproximadamente 1.250 años, lo que significa que estamos potencialmente dentro del período estadístico para un nuevo evento de esta magnitud», explican los investigadores.

Reevaluando el riesgo

El reciente hallazgo ha obligado a ajustar las estimaciones sobre la frecuencia de estos fenómenos. Si anteriormente se consideraba que ocurrían cada 1.000-1.500 años, los nuevos datos sugieren intervalos de 800-1.200 años.

Los Eventos Miyake pueden ser entre 10 y 100 veces más intensos que el Evento Carrington en términos de flujo de partículas energéticas, lo que los convierte en una categoría completamente diferente de fenómenos solares extremos.

¿Inminencia de un evento catastrófico?

Los astrofísicos advierten que, considerando el nuevo intervalo estimado de 800-1.200 años entre eventos Miyake y habiendo transcurrido ya 1.250 años desde el último confirmado en el año 774-775 d.C., nos encontramos en lo que podría considerarse una «zona de alto riesgo» estadístico.

«No es una cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo», señala un estudio publicado por el Instituto de Física Solar. «La probabilidad de que se produzca un evento de magnitud Miyake en las próximas décadas es significativamente mayor de lo que habíamos calculado anteriormente».

Algunos expertos estiman que la probabilidad de experimentar un evento tipo Carrington en los próximos 10 años se sitúa entre el 4% y el 12%, mientras que la posibilidad de un evento Miyake dentro del próximo siglo podría alcanzar el 1-2%, cifras suficientemente altas para justificar una preparación urgente.

Consecuencias catastróficas

Un evento de esta magnitud en la actualidad podría tener efectos devastadores:

  • – Destrucción de transformadores de alto voltaje que dejaría sin electricidad a continentes enteros durante meses o años
  • – Daños masivos a los aproximadamente 8.000 satélites que orbitan la Tierra
  • – Interrupción de sistemas GPS y otras tecnologías de navegación
  • – Colapso de sistemas de comunicación y cadenas de suministro globales

Un estudio de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. estimó que solo un evento tipo Carrington —menos severo que un Miyake— causaría daños por valor de 1-2 billones de dólares únicamente en Estados Unidos, con períodos de recuperación de 4-10 años.

La ventana de vulnerabilidad se amplía

Los científicos señalan que el actual ciclo solar 25, que alcanzará su máximo en 2025, está mostrando una actividad significativamente más intensa de lo previsto inicialmente. Esta mayor actividad no solo incrementa la probabilidad de tormentas geomagnéticas moderadas, sino que también expande la «ventana de vulnerabilidad» para eventos extremos.

«Cada día que pasa sin reforzar nuestras infraestructuras críticas es un día más de exposición a un riesgo potencialmente existencial», advierte un informe del Consejo de Climatología Espacial. «Las señales de actividad solar inusualmente intensa que estamos detectando son preocupantes y coinciden con patrones históricos que precedieron a eventos de gran magnitud».

Preparación insuficiente

Aunque existen sistemas de monitorización como el Observatorio de Dinámica Solar (SDO) y satélites de alerta temprana como el DSCOVR, estos ofrecerían un tiempo de respuesta muy limitado ante eventos extremos, que podrían desplazarse desde el Sol hasta la Tierra en menos de 13 horas.

Varios países han comenzado a incorporar estos riesgos en sus marcos de seguridad nacional. Estados Unidos incluyó las tormentas solares extremas en su Estrategia de Seguridad Nacional desde 2015, mientras que la Unión Europea desarrolló el «European Space Weather Services Network» (ESWeN).

Sin embargo, el nivel de preparación varía significativamente entre naciones, creando vulnerabilidades asimétricas ante un fenómeno que tendría consecuencias verdaderamente globales, afectando simultáneamente a múltiples continentes.

Los expertos coinciden en que la principal estrategia de mitigación reside en mejorar los sistemas de alerta temprana, implementar protecciones en infraestructuras críticas y establecer protocolos de respuesta coordinados internacionalmente.

Llamado a la acción urgente

Ante la creciente evidencia de que un evento extremo podría ocurrir en cualquier momento, la comunidad científica hace un llamado unánime a gobiernos y entidades privadas para acelerar las medidas de protección de infraestructuras críticas.

«No estamos hablando de un evento hipotético lejano, sino de un fenómeno natural recurrente para el cual estamos peligrosamente desprevenidos», concluye el informe. «La inversión en mitigación hoy podría evitar un colapso tecnológico de proporciones históricas mañana».