El miedo a una gran crisis económica volvió a instalarse esta semana en los mercados financieros, pero esta vez no llegó desde los despachos de un gran banco de inversión ni desde los modelos de la Reserva Federal. Llegó desde un ensayo publicado en Substack por una firma de análisis prácticamente desconocida que, en menos de 48 horas, logró borrar miles de millones de dólares en capitalización bursátil y reabrir uno de los debates más incómodos del capitalismo contemporáneo: ¿qué ocurre cuando la tecnología funciona tan bien que destruye el sistema que la sustenta?

El informe que nadie esperaba y Wall Street no pudo ignorar

El documento se titula The 2028 Global Intelligence Crisis y fue publicado por Citrini Research, publicación financiera vinculada a la gestora de activos Citrinitas Capital Management. No se trata de un banco de inversión de referencia ni de una firma macroeconómica de primer orden, pero en los últimos meses ha ganado notoriedad creciente en los círculos financieros por sus ensayos provocadores sobre mercados y tecnología. Sus autores son los primeros en subrayar que el texto no es una predicción, sino un ejercicio de modelización de riesgos de cola, es decir, un análisis de qué ocurriría en el peor escenario posible para que los inversores conozcan a qué riesgos se exponen. «Lo que sigue es un escenario, no una predicción. No se trata de pornografía bajista ni de fan fiction pesimista sobre la IA. El único objetivo de este artículo es modelar un escenario que ha sido relativamente poco explorado», arranca el informe con una contundencia que, paradójicamente, no hizo sino amplificar su impacto.

La tesis central es tan sencilla como perturbadora: el colapso no vendría porque la inteligencia artificial falle, sino porque funciona demasiado bien y la humanidad no estaría preparada para sostener las consecuencias económicas de ese éxito. Si la inteligencia, históricamente el recurso más valioso y escaso, se convierte en algo barato y accesible gracias a los agentes de IA, el valor del trabajo cualificado humano se desploma. Y ese desplome, sostiene Citrini, activaría una espiral deflacionaria sin precedentes históricos.

La espiral que nadie ha vivido antes

El mecanismo descrito en el informe es lo que sus autores denominan un «desplazamiento en espiral de la inteligencia humana». La lógica es la siguiente: cuando las empresas sustituyen a trabajadores de oficina, analistas, programadores, administrativos y gestores por sistemas de inteligencia artificial, una parte significativa de la población pierde empleo o se desplaza hacia trabajos de menor remuneración. Eso reduce el consumo. Y en una economía como la estadounidense, donde el gasto familiar representa aproximadamente el 70% de toda la actividad económica, una contracción del consumo tiene efectos sistémicos inmediatos.

Ante la caída de ingresos, las empresas responden con nuevas rondas de automatización, porque la IA resulta más barata que mantener plantillas. Eso genera nuevos despidos, que deprimen aún más el consumo, lo que obliga a más recortes, y así sucesivamente. En el escenario central del informe, la tasa de desempleo en Estados Unidos escalaría desde el 4,3% actual hasta el 10,2% en 2028, mientras que el peso de los salarios en el PIB caería hasta el 46%. El resultado sería una economía que produce más gracias a las máquinas pero con cada vez menos ciudadanos con capacidad de compra para absorber lo que se produce.

El PIB fantasma y la riqueza que no circula

Uno de los conceptos más llamativos del informe es el de la «economía fantasma» o «PIB fantasma». Las estadísticas macroeconómicas reflejarían crecimiento porque las empresas serían más eficientes y productivas, pero esa riqueza no se traduciría en mejores salarios ni en mayor consumo. Las ganancias quedarían concentradas en el capital, mientras los hogares se estancan o retroceden.

Este planteamiento no es completamente nuevo. Firmas como PIMCO llevan tiempo advirtiendo que el peso creciente del capital intangible, software, datos y algoritmos, desplaza la participación del trabajo en la renta nacional. En Estados Unidos, la proporción de la riqueza nacional que se destina a salarios lleva bajando desde la Gran Recesión de 2008. Si la inteligencia artificial acelera esa tendencia estructural, el crecimiento económico podría convertirse en un fenómeno exclusivamente financiero, perceptible en los índices bursátiles pero invisible en las nóminas.

Los sectores señalados: pagos, plataformas y software

El informe identifica tres grandes sectores especialmente vulnerables. El primero es el software empresarial en la nube, conocido como SaaS. Compañías como ServiceNow o Asana se verían atrapadas entre dos fuerzas simultáneas: las empresas desarrollarían soluciones internas con ayuda de la IA y la guerra de precios se intensificaría hasta hacer insostenibles los modelos de licencia actuales. Si los agentes de IA son capaces de generar código a medida en cuestión de minutos, muchas suscripciones quedarían obsoletas.

El segundo sector en riesgo son las plataformas de intermediación digital, como DoorDash o Uber, cuyos modelos dependen de la fricción y la fidelidad del usuario. En un entorno donde agentes de IA comparan precios en tiempo real y seleccionan siempre la opción más económica, la lealtad a una aplicación concreta se diluye por completo.

El tercer frente es el sistema financiero de pagos. Si los agentes priorizan redes más rápidas y baratas, compañías como Visa, Mastercard o American Express podrían ver reducidos sus ingresos por comisiones de forma muy significativa. No es casualidad que estas empresas fueran precisamente las primeras en registrar caídas notables tras la publicación del informe.

El lunes negro de las tecnológicas

La reacción del mercado fue inmediata y más severa de lo esperado. El propio Alap Shah, coautor del informe y director en Lotus Technology Management, reconoció en Bloomberg TV que la virulencia de las ventas había sido «definitivamente mayor de lo esperado». En la sesión del lunes, Uber, Visa, Mastercard, American Express y DoorDash registraron caídas de entre el 4% y el 6%. Empresas de software de gestión de trabajo como Asana y Monday.com perdieron más del 10% en una sola jornada, al ser identificadas como las más expuestas al reemplazo por agentes autónomos.

El dato más contundente del día lo protagonizó IBM, que se desplomó más del 13% y anotó su mayor caída bursátil en 25 años. El sector de la ciberseguridad sufrió su segundo día consecutivo de pérdidas severas, en parte agravadas por el lanzamiento de una herramienta de escaneo de código por parte de Anthropic. CrowdStrike perdió un 10,9%, Zscaler un 10,2%, Netskope un 11,5% y Cloudflare un 9,2%. Las grandes gestoras de capital alternativo como Blackstone y KKR también se vieron arrastradas por el temor a que sus carteras de crédito privado estén sobrevaloradas en el nuevo paradigma tecnológico.

Edwards: «El apocalipsis no es para 2028, ya está aquí»

Mientras el informe de Citrini resonaba en los mercados, el conocido estratega de Société Générale Albert Edwards aprovechó para reivindicar su propia anticipación del fenómeno. En su última nota para clientes, titulada de forma reveladora El escenario apocalíptico de la macroeconomía de la IA no es para 2028. ¡Ya está aquí!, Edwards argumenta que los efectos adversos en el empleo ya son evidentes y que el consumo se encamina hacia un muro de piedra sin necesidad de esperar a 2028.

Edwards sostiene que el gasto de consumo en Estados Unidos, que ha crecido cerca del 3%, no está respaldado por el incremento de la renta personal disponible real, que se ha mantenido prácticamente plana durante los últimos seis meses. El consumo se ha sostenido únicamente gracias al desplome de la tasa de ahorro hasta el 3,6%, un nivel que no se veía desde la euforia de la burbuja inmobiliaria de 2006, salvo brevemente en 2022 cuando se gastaron los cheques de estímulo poscovid. «Es improbable que se produzca otra caída pronunciada de la tasa de ahorro desde estos niveles tan bajos, lo que refuerza mi opinión de que nos encaminamos hacia una crisis de consumo relacionada con la IA», escribe el estratega. Edwards también señala que el impacto de la IA ya se está extendiendo más allá del sector tecnológico hacia áreas como los seguros, la gestión de fondos y la logística, y que la historia de la inversión en IA «ha comenzado a desintegrarse».

La Fed dividida ante un riesgo sin manual

El debate ha llegado al seno de la propia Reserva Federal, y las posiciones están lejos de ser uniformes. El gobernador Christopher Waller se mostró explícitamente optimista: «No soy pesimista sobre el impacto económico de la IA. No creo que los seres humanos vayan a desaparecer del panorama y que la IA lo vaya a hacer todo», declaró, describiendo la tecnología como una herramienta que la economía «siempre ha gestionado». Susan Collins, presidenta del Banco de la Reserva Federal de Boston, se pronunció en una línea similar, calificándose de «optimista cautelosa» y defendiendo que hasta ahora los trabajadores parecen haberse beneficiado de la IA más que haber sido desplazados. Thomas Barkin, presidente de la Fed de Richmond, compartió esa visión en la misma mesa redonda.

Sin embargo, la gobernadora Lisa Cook, cuyo puesto se ha visto bajo presión política tras los intentos de la administración Trump de destituirla, ofreció una lectura radicalmente distinta. Cook alertó de que la IA podría haber desencadenado «la reorganización laboral más significativa en generaciones» y advirtió que la Fed podría no estar en condiciones de contrarrestar un aumento estructural del desempleo mediante bajadas de tipos de interés sin arriesgarse a una mayor inflación, incluso en un contexto de crecimiento de la productividad. «En las primeras etapas, el desplazamiento de puestos de trabajo puede preceder a la creación de empleo, de modo que la tasa de desempleo puede aumentar y la participación en la población activa puede disminuir a medida que la economía se transforma», advirtió Cook.

Nvidia, el árbitro de la semana

La volatilidad sembrada este lunes tiene una prueba de fuego inmediata: la publicación de los resultados trimestrales de Nvidia. La compañía, que representa aproximadamente el 8% de la capitalización total del S&P 500, tiene en sus manos la capacidad de calmar los ánimos o de dar la razón a los más pesimistas. En un mercado cada vez más sensible ante cualquier narrativa que cuestione si el billonario gasto corporativo en infraestructura de IA tendrá retorno positivo, o si acabará canibalizando el propio sistema económico que lo financia, los números de Nvidia tendrán una resonancia que va mucho más allá de los resultados de una sola empresa.

Lo que el informe de Citrini ha logrado, más allá de mover cotizaciones, es cristalizar una inquietud que llevaba tiempo acumulándose en los márgenes del debate económico: la posibilidad de que el mayor éxito tecnológico de la historia humana llegue a quebrar el contrato social sobre el que descansa el capitalismo de consumo. No porque la máquina falle. Sino precisamente porque funciona.