Rusia se prepara para volver a colocar en los mercados internacionales hasta 3,5 millones de toneladas de diésel por mes hacia finales de 2026, un volumen que podría modificar las condiciones de oferta del mercado mundial de combustibles y ejercer presión sobre los precios. La proyección de Moscú supera los volúmenes anunciados inicialmente por Donald Trump y se produce después de que Estados Unidos flexibilizara temporalmente las restricciones sobre el combustible ruso para permitir su comercialización en los mercados estadounidense y global.

El movimiento tiene una dimensión económica que trasciende el acuerdo bilateral entre Washington y Moscú. Estados Unidos enfrenta un fuerte incremento en los precios de los combustibles, mientras Rusia busca recuperar una fuente importante de ingresos externos después de que los ataques contra sus refinerías y sus propias restricciones a las exportaciones redujeran considerablemente sus ventas de diésel. Al mismo tiempo, la Unión Europea acaba de aprobar nuevas sanciones contra Rusia, lo que amenaza con dificultar la ejecución del acuerdo justo cuando Moscú intenta recuperar parte de su capacidad exportadora.

Hasta 3,5 millones de toneladas mensuales: Rusia apunta a recuperar su capacidad exportadora

La estimación presentada por el viceprimer ministro ruso Alexander Novak coloca las exportaciones de diésel entre 3 millones y 3,5 millones de toneladas métricas mensuales hacia finales de año. Se trata de un retorno a los niveles observados antes de la crisis y de un volumen superior a las cantidades que Trump anunció inicialmente para los próximos meses.

La diferencia entre ambas cifras es relevante para el mercado. El acuerdo anunciado por Trump contempla inicialmente más de 300.000 toneladas, seguidas de 500.000 toneladas durante noviembre y de 1 millón de toneladas inmediatamente después. Posteriormente, Rusia podría entregar otras 3 millones de toneladas, dependiendo del estado de sus refinerías. Si la capacidad rusa efectivamente se acerca a los 3,5 millones de toneladas mensuales, el flujo exportador terminaría siendo sustancialmente mayor que el volumen inicial planteado por Washington.

El punto central es que Rusia no está planteando simplemente una operación puntual para aliviar una escasez de combustible. Moscú sostiene que tiene capacidad para reconstruir un flujo de exportaciones de gran escala. Antes de los ataques con drones contra sus refinerías durante 2024 y 2025, sus ventas externas de diésel superaban los 3 millones de toneladas métricas mensuales, por lo que la nueva previsión apunta a recuperar una posición que ya había tenido dentro del comercio internacional de combustibles.

El mercado ya registra una caída de 5% a 6% en los precios del diésel

El efecto económico más inmediato señalado por Rusia se encuentra en los precios. Novak afirmó que los suministros adicionales ya están contribuyendo a equilibrar parcialmente la oferta y la demanda mundial y que los precios internacionales del diésel han descendido entre 5% y 6%.

La importancia de este dato radica en que el diésel tiene una incidencia directa sobre los costos de transporte y de numerosas actividades productivas. Cuando el combustible se encarece, el aumento no queda limitado a las estaciones de servicio: también eleva los costos de movilización de mercancías y de sectores que dependen de maquinaria alimentada con diésel. Por el contrario, una ampliación de la oferta internacional puede reducir parte de esa presión si los nuevos volúmenes logran llegar efectivamente a los consumidores.

La capacidad de Rusia para aumentar sus exportaciones adquiere por eso una importancia mayor que la de una simple venta bilateral. Si Moscú consigue regresar al rango de 3 millones a 3,5 millones de toneladas mensuales, el mercado internacional dispondría de una fuente adicional de producto en un momento en que la oferta de combustibles está sometida a fuertes tensiones. La magnitud del efecto dependerá, sin embargo, de cuánto de ese volumen pueda efectivamente salir de Rusia y llegar a los mercados.

Estados Unidos busca combustible ruso mientras el diésel alcanza precios récord

El incentivo para Washington es particularmente claro. Los precios de los combustibles en Estados Unidos han experimentado un fuerte incremento desde finales de febrero. El precio promedio de la gasolina regular aumentó más de 46%, hasta US$4,37 por galón, mientras que el diésel se incrementó 67%, hasta US$6,28 por galón.

El encarecimiento afecta especialmente a sectores intensivos en combustible, como el transporte de carga y las actividades agrícolas. El propio Trump presentó la reducción de los costos para estadounidenses, agricultores, ganaderos y camioneros como una prioridad, lo que coloca al precio del diésel no solamente como una variable energética, sino también como un problema de costos para empresas y productores.

En ese contexto, la autorización temporal para permitir el ingreso de diésel ruso adquiere una lógica económica concreta: incorporar rápidamente una fuente adicional de oferta al mercado. La medida contempla que el combustible ruso pueda llegar a los mercados mundiales hasta abril de 2027, aunque mantiene determinadas restricciones financieras vinculadas a entidades estatales rusas.

El problema es la escala. Las 300.000 toneladas iniciales anunciadas por Trump representan un volumen importante desde la perspectiva comercial, pero el propio acuerdo contempla cantidades mucho mayores en las etapas posteriores. Por eso, el impacto sostenido sobre los precios dependerá menos de la primera entrega que de la capacidad de Rusia para mantener un flujo considerable durante los meses siguientes.

El estrecho de Ormuz convirtió el combustible en un problema de oferta global

El acuerdo también se produce en un contexto de fuerte perturbación del mercado energético internacional. El bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán después de los ataques de Estados Unidos e Israel contra ese país afectó una de las principales rutas para el comercio mundial de hidrocarburos.

La importancia económica de esta situación explica por qué la incorporación de diésel ruso adquiere un valor adicional. En un mercado sometido simultáneamente a problemas geopolíticos y restricciones de oferta, un incremento de los suministros provenientes de un gran productor puede contribuir a reducir parte de la presión sobre las cotizaciones.

Trump vinculó expresamente el acuerdo energético con Rusia a la situación de Ormuz y sostuvo que el nuevo suministro contribuiría a reducir rápidamente los precios del diésel tanto en Estados Unidos como en otros mercados. Sin embargo, el propio volumen inicial anunciado muestra que el efecto inmediato tiene límites: la relevancia económica del acuerdo está principalmente en la posibilidad de que los envíos se amplíen y se mantengan.

Rusia ya ha perdido parte de su capacidad de exportación por el deterioro de sus refinerías

La posibilidad de aumentar las exportaciones dependerá de un elemento decisivo: la capacidad de refinación rusa. Los ataques contra sus instalaciones redujeron considerablemente la producción de diésel y contribuyeron al desplome de las exportaciones. Antes de las restricciones y de los ataques, Rusia podía exportar más de 3 millones de toneladas métricas mensuales, mientras que posteriormente los volúmenes disminuyeron con fuerza.

A pesar de las restricciones internas a las exportaciones, Rusia mantuvo envíos hacia determinados mercados, especialmente Asia Central. Las exportaciones rusas de diésel hacia esa región alcanzaron 427.000 toneladas el mes pasado, lo que demuestra que el flujo comercial no desapareció completamente, aunque sí se redujo respecto de sus niveles anteriores.

Por ello, el estado de las refinerías será determinante para saber si las cifras anunciadas por Moscú representan una capacidad real de exportación o solamente un escenario condicionado a la recuperación de su infraestructura. La propia formulación del acuerdo con Estados Unidos establece que parte de las entregas futuras dependerá de la situación de esas instalaciones.

Europa ha comprado US$320.700 millones de energía rusa desde 2022

Mientras Estados Unidos flexibiliza temporalmente las restricciones para permitir nuevas ventas de diésel ruso, Rusia sostiene que los países de la Unión Europea han continuado comprando cantidades significativas de sus recursos energéticos. Moscú calcula que las entregas de recursos energéticos a los países de la UE alcanzaron US$320.700 millones entre 2022 y la actualidad. Solo durante los primeros nueve meses de 2026, las compras europeas habrían alcanzado US$21.300 millones.

La cifra permite dimensionar económicamente la relación que todavía existe entre Rusia y Europa pese a las sanciones. Según la explicación rusa, los intercambios se mantienen en aquellos sectores para los cuales existen excepciones a las restricciones. Esto significa que la política de sanciones no ha eliminado por completo los flujos energéticos entre ambas economías.

El volumen acumulado de US$320.700 millones también ayuda a entender por qué la energía constituye uno de los principales puntos de tensión económica entre Moscú y los gobiernos occidentales. Para Rusia, las ventas representan ingresos externos de enorme magnitud; para Europa, el proceso de sustitución de esos suministros implica modificar proveedores y cadenas de abastecimiento que durante años estuvieron integradas alrededor de la energía rusa.

Las nuevas sanciones europeas chocan con el objetivo de aumentar la oferta

El nuevo paquete de sanciones aprobado por la Unión Europea introduce una contradicción directa en el escenario energético. Las medidas alcanzan a cerca de 1.600 personas y entidades vinculadas al complejo militar-industrial ruso y fueron aprobadas apenas tres días después del acuerdo entre Trump y Putin para aumentar los suministros de diésel ruso.

El Kremlin reconoce que estas nuevas restricciones pueden obstaculizar la aplicación del acuerdo. Desde una perspectiva económica, esto introduce un riesgo para la materialización de los volúmenes anunciados: Rusia puede tener capacidad de producción y compradores interesados, pero las sanciones pueden complicar las condiciones necesarias para que el combustible circule por los mercados internacionales.

La situación también expone la diferencia entre la política energética de Estados Unidos y la de la Unión Europea. Washington busca incrementar la oferta de diésel para contener los precios internos, mientras Bruselas mantiene la presión económica sobre Moscú. El resultado es un mercado en el que las necesidades de abastecimiento y los objetivos geopolíticos están actuando en direcciones diferentes.

El acuerdo puede beneficiar a Rusia incluso si el impacto sobre los precios es limitado

Desde el punto de vista ruso, el beneficio potencial del acuerdo no depende exclusivamente de cuánto bajen los precios internacionales. La reapertura de canales de exportación permite recuperar ingresos provenientes de una capacidad industrial que había quedado parcialmente inutilizada o limitada.

El volumen anunciado por Trump —300.000 toneladas inicialmente, 500.000 en noviembre y 1 millón posteriormente— puede ser relativamente reducido frente al tamaño total del mercado estadounidense, pero adquiere otra dimensión si se lo observa como el inicio de una recuperación más amplia de las exportaciones rusas. La posibilidad de llegar posteriormente a 3 millones de toneladas y, según Novak, recuperar entre 3 millones y 3,5 millones de toneladas mensuales, convierte al acuerdo en una potencial reapertura comercial de mayor escala.

Esta diferencia entre el volumen inicial y la capacidad potencial rusa es precisamente uno de los elementos económicos más importantes del acuerdo. El primer envío puede tener un efecto limitado sobre el mercado, pero la recuperación de los niveles históricos de exportación sí podría modificar de manera más significativa el equilibrio entre oferta y demanda.

El nuevo escenario enfrenta dos fuerzas económicas: más oferta y más restricciones

El mercado internacional del diésel queda así sometido a dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, Rusia intenta incrementar la producción y recuperar exportaciones de hasta 3,5 millones de toneladas mensuales, mientras Estados Unidos busca incorporar esos suministros para contener el costo de los combustibles. Por otro, la Unión Europea acaba de endurecer las sanciones y reconoce indirectamente la posibilidad de que estas interfieran con las operaciones comerciales.

El resultado será relevante para los precios internacionales. Si las refinerías rusas recuperan capacidad y los nuevos canales comerciales funcionan, habrá más diésel disponible y la presión sobre las cotizaciones podría continuar disminuyendo. Rusia ya afirma que el mercado ha registrado una reducción de entre 5% y 6% desde el comienzo de los nuevos suministros.

Pero si las restricciones, los problemas de infraestructura o las dificultades para ejecutar las operaciones limitan los volúmenes, el impacto será mucho menor. En ese caso, el anuncio tendría una importancia política y comercial mayor que su efecto físico sobre la oferta mundial.

El punto central del nuevo escenario es, por tanto, económico: Rusia dispone de la capacidad potencial para volver a colocar millones de toneladas de diésel en el mercado internacional justo cuando Estados Unidos necesita contener los costos de los combustibles y Europa intenta mantener la presión financiera sobre Moscú. La evolución de las exportaciones rusas durante los próximos meses determinará cuál de esas fuerzas termina imponiéndose y cuánto de la actual presión sobre los precios puede ser efectivamente revertida.