El precio de la carne vacuna en Paraguay no sube por decisión de la industria frigorífica. Esa es la conclusión central del informe publicado por la Cámara Paraguaya de la Carne (CPC), que nuclea a los principales frigoríficos exportadores del país. Según el gremio, lo que el consumidor paraguayo paga hoy en la carnicería o el supermercado es el reflejo directo de lo que ocurre en los mercados internacionales, y los datos respaldan esa afirmación con correlaciones estadísticas difíciles de ignorar.

El fenómeno no es menor en un momento en que las familias paraguayas sienten el impacto en el bolsillo. La carne vacuna es uno de los productos de mayor peso en la canasta básica del país, y cualquier movimiento al alza en su precio genera un debate inmediato sobre responsabilidades dentro de la cadena productiva. La CPC buscó adelantarse a esas discusiones con evidencia empírica.

Lo que paga el mundo, lo paga el paraguayo

La correlación entre la variación interanual del precio implícito de exportación y la inflación de la carne vacuna en el mercado doméstico ronda 0,84, mientras que la relación entre el precio al gancho y esa misma inflación se sitúa en torno a 0,79. En términos estadísticos, ambos coeficientes son considerados altos y reflejan que los movimientos del mercado global se transmiten de manera consistente y persistente a lo largo de toda la cadena, desde el frigorífico exportador hasta el mostrador del comercio minorista.

La lógica detrás de este mecanismo es propia de una economía abierta y tomadora de precios como la paraguaya. Cuando la demanda internacional de carne bovina se fortalece, los frigoríficos compiten entre sí para asegurarse la oferta de ganado disponible, lo que empuja al alza el precio al gancho que recibe el productor. Ese incremento, a su vez, se traslada al precio final de la carne en el mercado interno. No hay, según la CPC, una retención deliberada de ese traslado ni una manipulación coordinada de precios.

El productor recibe más, pero también paga más la competencia entre frigoríficos

Uno de los puntos más llamativos del informe es que, en períodos de fuerte expansión de la demanda internacional, los incrementos en el precio al gancho superan incluso los del precio implícito de exportación. El año 2025 fue un ejemplo concreto: mientras las cotizaciones internacionales de la carne paraguaya subieron cerca del 18%, el precio del ganado al gancho creció alrededor del 26%. Esta dinámica, lejos de perjudicar al productor primario, refleja que la competencia entre plantas frigoríficas por acceder al ganado disponible termina beneficiando al ganadero con valores por encima de lo que el mercado externo estrictamente justificaría.

Para la CPC, este comportamiento es incompatible con la hipótesis de que la industria ejerce un poder de mercado sistemático en detrimento del productor o del consumidor. Si así fuera, los precios al gancho no superarían los aumentos de exportación sino que quedarían rezagados.

Enero de 2026: menos volumen, mejor precio por tonelada

Este contexto de precios internacionales al alza quedó reflejado también en los datos de exportación de enero de 2026 publicados por el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa). Paraguay exportó 17.974.195 kilogramos de productos cárnicos durante ese mes, lo que representó una caída del 31% en volumen respecto a los 26.391.656 kilogramos exportados en enero de 2025. En ingresos, la reducción fue del 21%, pasando de US$ 148 millones a US$ 116 millones.

Sin embargo, el precio promedio por tonelada contó una historia diferente. La carne paraguaya se cotizó en enero de 2026 a US$ 6.493 la tonelada, un repunte del 15% frente a los US$ 5.621 de enero de 2025. Es decir, Paraguay exportó menos carne pero la vendió más cara, lo que amortigua parcialmente el impacto de la caída en volumen sobre los ingresos totales del sector.

La retención de vientres explica la menor oferta exportable

La caída en volumen no es un fenómeno que sorprenda a los especialistas del sector. Enero de 2026 marca el inicio del ciclo de retención de vientres, una práctica habitual en la ganadería paraguaya mediante la cual los productores deciden retener hembras reproductoras para ampliar el rodeo en lugar de enviarlas a faena. Esta decisión, racional desde el punto de vista del negocio ganadero en un contexto de precios favorables, reduce temporalmente la oferta de animales disponibles para los frigoríficos, comprime los volúmenes de exportación y presiona adicionalmente al alza los precios al gancho.

El resultado es un círculo que se retroalimenta: los buenos precios internacionales incentivan la retención, la retención reduce la oferta, la menor oferta eleva el precio al gancho, y ese precio más alto termina trasladándose al consumidor final. La CPC no lo presenta como un problema sino como el funcionamiento natural de un mercado integrado globalmente.

El registro más bajo desde 2019 en términos históricos

La magnitud de la caída en volumen adquiere mayor peso al observarla en perspectiva histórica. Desde 2020 en adelante, Paraguay nunca había exportado menos de 20 millones de kilogramos en el mes de enero: en 2020 fueron 20.785.467 kilogramos, en 2021 alcanzaron 21.363.260 kilogramos, en 2022 sumaron 21.073.190 kilogramos, en 2023 llegaron a 22.957.155 kilogramos, en 2024 registraron 22.464.093 kilogramos y en 2025 el país logró su mejor arranque con 26.391.650 kilogramos. El volumen de enero de 2026 es el más bajo desde 2019, cuando se exportaron 17.232.600 kilogramos, y solo supera levemente los 17.159.234 kilogramos de enero de 2018.

Chile lidera los destinos, con Estados Unidos e Israel como socios estratégicos

A pesar de la caída general en volumen, la distribución geográfica de las exportaciones mostró una demanda activa en los mercados tradicionales. Chile se mantuvo como el principal destino de la carne paraguaya en enero de 2026, con 6.692.949 kilogramos adquiridos por un valor de US$ 44 millones. Israel ocupó el segundo lugar con 2.680.910 kilogramos e ingresos de US$ 19 millones. Estados Unidos se posicionó como el tercer mercado con 3.346.663 kilogramos y US$ 18 millones generados, mientras que Taiwán completó el grupo de los cuatro principales destinos con 1.974.739 kilogramos exportados que representaron US$ 12 millones en divisas.

Un sector que mira hacia afuera y siente las consecuencias adentro

El panorama que emerge de la combinación entre el informe de la CPC y los datos de Senacsa es el de un sector cárnico paraguayo profundamente integrado a los ciclos del mercado global, con todas las ventajas y las tensiones que eso implica. Cuando el mundo paga bien la carne, el productor gana más, los frigoríficos compiten con fuerza y el país ingresa más dólares. Pero también cuando el mundo paga bien la carne, el consumidor paraguayo enfrenta precios más altos en la góndola, no por una maniobra de la industria sino por la misma lógica que beneficia al ganadero.

La CPC reconoce que otros factores también inciden en el precio final al consumidor, entre ellos las condiciones climáticas, la disponibilidad de ganado en distintas épocas del año, los costos logísticos, la estructura del comercio minorista y el comportamiento de la demanda doméstica. Pero el mensaje central del gremio es claro: en Paraguay, el precio de la carne lo fija, en buena medida, el mundo.