La única fabricante nacional de neumáticos radiales bajó las persianas en San Fernando tras 80 años de historia. La avalancha importadora desde Asia, la caída del consumo y una política de apertura irrestricta configuran un patrón que ya destruyó casi 65.000 empleos industriales en dos años.
El cartel en la puerta: el fin de una era industrial
Al llegar a la planta de Virreyes, en el partido bonaerense de San Fernando, el personal de Fate se encontró con una notificación formal en el acceso principal: la empresa informaba el cese inmediato de sus actividades industriales. La medida se adoptó sin instancias públicas de diálogo previas y dejó sin empleo a 920 trabajadores.
El cierre pone fin a más de 80 años de historia de Fate S.A.I.C.I., la única fabricante de neumáticos de capital nacional. La firma había sido creada en 1940 en la Ciudad de Buenos Aires como un emprendimiento dedicado a la elaboración de telas engomadas para la reparación de caucho. Dos décadas más tarde trasladó su estructura productiva a un predio de gran escala en San Fernando, desde donde desarrolló uno de los principales complejos industriales del rubro en el país.
Bajo la conducción de la familia Madanes Quintanilla —actualmente encabezada por Javier Madanes Quintanilla—, la compañía logró posicionarse como proveedora clave del sector automotor argentino, incorporando tecnología para la producción de neumáticos radiales y proyectando parte de su actividad hacia mercados internacionales.
En los años setenta también incursionó en el sector tecnológico mediante una división electrónica que fabricó calculadoras y equipos informáticos bajo la marca CIFRA, ampliando su perfil industrial más allá del negocio central.
La interrupción de sus operaciones se produce en un escenario económico marcado por caída de la actividad, tensiones de costos y redefiniciones en la política industrial. El impacto excede a la empresa: el caso vuelve a poner en foco la fragilidad estructural del entramado manufacturero y las dificultades que enfrenta la industria nacional para sostener escala, inversión y empleo en el actual contexto macroeconómico.
Las causas reales: apertura importadora y dumping asiático
El gobierno buscó instalar rápidamente una narrativa que atribuía el cierre a un conflicto sindical con el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna). Ese conflicto existió: durante 2022 generó paros y bloqueos que afectaron la producción de todas las empresas del sector. Pero el propio comunicado oficial de Fate desmiente esa versión al referirse a «cambios en las condiciones de mercado» como el factor determinante. La diplomacia corporativa para nombrar lo innombrable: el efecto devastador de la apertura irrestricta de importaciones.
Los datos son contundentes. Según un informe de la consultora PxQ, entre 2023 y 2025 las importaciones de neumáticos aumentaron un 34,8%, mientras que los precios cayeron un 38,3% medidos en dólares. El resultado fue una compresión brutal de márgenes que dejó al sector operando a apenas el 33% de su capacidad instalada en diciembre de 2025. En el caso concreto de Fate, la situación era aún más extrema: la planta funcionaba al 30% de su potencial productivo. La producción se había reducido un 70% en términos relativos, al tiempo que el 85% de los neumáticos que circulan hoy en Argentina proviene del exterior.
Fuentes cercanas a la empresa describieron con crudeza la asimetría competitiva: mientras otros países otorgan subsidios e incentivos a sus productores de neumáticos para que exporten, un fabricante argentino no cuenta con esquemas comparables y debe pagar derechos de exportación —una situación que sus referentes califican como única en el mundo—. A esto se suma la debilidad de los mecanismos de defensa comercial que se aplican en casi todos los mercados desarrollados pero que en Argentina han sido desactivados o ignorados. El ingreso masivo de cubiertas de origen chino, con precios hasta un 40% inferiores a los locales, completó el cuadro. Ya en 2024, Fate había dado señales de alarma cuando anunció el despido de 97 empleados argumentando una «sostenida pérdida de competitividad exportadora» producto de la carga impositiva y la competencia desleal de los productos extranjeros.
La voz disidente de un empresario incómodo
Javier Madanes Quintanilla no fue un empresario silencioso frente a la situación del sector. En mayo de 2024, como invitado al podcast La Fábrica, pronunció palabras que hoy resultan proféticas: «No hay que aguantar. Esto es como tener una situación de defensa frente a un ataque demoledor. Creo que hay que atacar, que hay que unirse para ir y reclamar condiciones de competitividad razonables. Si nos quedamos simplemente con una actitud de resistencia nos va a ir muy mal.»
Su advertencia se estrelló contra la postura general de la dirigencia empresaria argentina, que durante este período optó por una actitud de prescindencia pública, evitando confrontaciones con un gobierno que prometía desregulación y apertura. Madanes Quintanilla se desmarcó de ese consenso tácito. Este miércoles, tras sortear las peores crisis económicas de los últimos 80 años —hiperinflaciones, devaluaciones, corralitos—, su fábrica no pudo sobrevivir a la avalancha importadora.
Los accionistas de Fate, encabezados por la familia Madanes Quintanilla junto a su socio brasileño Vipal —especialista en cubiertas para motos—, optaron por el cierre directo y el pago de indemnizaciones legales en lugar de recurrir a un concurso de acreedores. La empresa también garantizó el pago de todas las deudas con proveedores y el sistema comercial. Una salida ordenada para un desenlace que nadie quería.
La conciliación que no alcanza
Apenas conocida la decisión del directorio, los trabajadores montaron reclamos dentro del predio. El gobierno respondió dictando una conciliación obligatoria y ordenando que por 15 días «se retrotraiga la situación al estado previo al conflicto». Una medida que, en este contexto, resulta más un gesto político que una solución real. Las posibilidades de revertir el cierre son prácticamente nulas: la empresa ya comunicó su decisión y anunció el pago de las indemnizaciones correspondientes.
La Unión Industrial Argentina (UIA) rompió su habitual silencio mediante un comunicado que expresó «gran preocupación» por la noticia y apuntó contra la competencia internacional. Los datos que la entidad aportó son reveladores: la industria acumula una pérdida de casi 65.000 puestos de trabajo en los últimos dos años, equivalente a una caída del 5,4% del empleo industrial total. La UIA señaló que el cierre de Fate «no puede analizarse como un episodio aislado, sino como parte de un fenómeno integral donde sectores industriales enteros enfrentan situaciones de competencia internacional fuertemente distorsionada. La industria del neumático es uno de los casos más evidentes de sobrecapacidad global y prácticas comerciales desleales, especialmente provenientes de Asia». Una declaración que, viniendo de la principal organización empresarial del país, debería ser leída como una señal de alarma.
El contexto político: reforma laboral y paro general
La decisión se conoció horas antes de que la Confederación General del Trabajo (CGT), la mayor central obrera del país, realizara un paro nacional en protesta por la reforma laboral que se debatirá en la Cámara de Diputados. El proyecto de ley habilita extender la jornada laboral hasta 12 horas diarias, abarata los despidos, vuelve optativo el pago de horas extras y reduce el derecho a huelga. Hasta horas antes de la sesión, el proyecto incluía además una rebaja de hasta el 50% del salario para los trabajadores con baja por accidente o enfermedad —cláusula que fue eliminada bajo la presión de los propios aliados políticos del gobierno, evidenciando hasta qué punto la propuesta rozaba los límites tolerables incluso para el arco oficialista—. El cierre de Fate, en ese marco, inyectó combustible al debate y tensó aún más el clima político en el que se procesará la votación.
Una cadena de cierres que dibuja un patrón
El caso de Fate no es una anomalía. Es la expresión más dramática —por su escala, su historia y su simbolismo— de un proceso que lleva meses acumulando víctimas en distintos sectores de la industria argentina. La consultora Sistémica documentó 21 situaciones de cierre, reestructuración y despidos masivos solo en el último trimestre de 2025, con una pérdida de casi 4.400 empleos en ese período. Las importaciones, según distintas mediciones, crecieron seis veces más que el PBI durante 2025.
El sector del calzado ofrece un espejo inquietante. Dass, la única fabricante de calzado para Adidas y Nike en Argentina, recortó 45 puestos en su planta de Eldorado, Misiones, y cerró sus instalaciones de Coronel Suárez, Buenos Aires. La firma —un gigante en Brasil con más de 36.000 empleados— redujo su dotación en Eldorado de 1.500 a apenas 220 operarios. El motivo es tan sencillo como devastador: Adidas y Nike optaron por ingresar calzado terminado desde China. Según el delegado gremial Gustavo Melgarejo, solo en los primeros meses de 2025 Adidas importó alrededor de 12 millones de pares de zapatillas, frente a los 700.000 que produjo la planta misionera.
La industria textil también acumula bajas. Eseka —productora de las marcas Cocot y Dufour— despidió a 140 personas en los últimos dos meses y paga salarios, aguinaldo y vacaciones en cuotas. Textilana, dueña de la marca Mauro Sergio y proveedora de Kosiuko, junto a su controlada Hilamar, suspendió a 250 operarios y recortó 150 puestos en los últimos años.
El mapa de cierres abarca casi todos los sectores. En la industria cerámica, ILVA cerró su planta en Pilar con 300 despidos en septiembre de 2025. En noviembre, la multinacional Whirlpool bajó las persianas de su fábrica en ese mismo partido —inaugurada apenas en 2022—, dejando sin trabajo a 220 personas. La fábrica de ollas Essen despidió a más de 30 trabajadores en Venado Tuerto, Santa Fe, señalando el avance de los importados asiáticos. El sector autopartista sufrió el golpe de Corven, con 150 desvinculados, y de SKF, que clausuró sus instalaciones de Tortuguitas dejando a 145 empleados en la calle. La electrónica no fue ajena: Newsan despidió a 150 trabajadores de su planta en Ushuaia. La fábrica DBT-Cramaco cerró en Sastre, Santa Fe, con casi 40 empleos perdidos. En el rubro alimenticio, Otito cerró su planta en San Pedro, Jujuy, afectando a otros 40 trabajadores. Las suspensiones también alcanzaron niveles alarmantes: Acindar (ArcelorMittal) paralizó a 200 empleados en Villa Constitución, y Mondelez suspendió a 2.300 trabajadores en su planta de General Pacheco.
Una señal de alerta para Pirelli y Bridgestone
El cierre de Fate tiene además un efecto de advertencia que trasciende a la empresa misma. Fate compartía el mercado de neumáticos radiales con la italiana Pirelli y la japonesa Bridgestone. Ambas multinacionales continúan produciendo en Argentina, pero el colapso de la única fabricante nacional manda una señal inequívoca sobre las condiciones operativas del sector. Si una empresa con 80 años de historia, con tecnología de avanzada, mercados de exportación consolidados y respaldo de una familia empresaria con demostrada capacidad financiera no pudo sostenerse, los interrogantes sobre la viabilidad de las operaciones locales de Pirelli y Bridgestone son completamente legítimos.
El modelo y sus consecuencias: una mirada crítica
La apertura irrestricta de importaciones fue presentada como una política de liberalización económica destinada a bajar precios para los consumidores y aumentar la eficiencia productiva mediante la competencia. La lógica es coherente en abstracto. Los problemas emergen cuando esa apertura se aplica de manera unilateral, sin los mecanismos de defensa comercial que utilizan todos los países que practican economías de mercado, y sin considerar las asimetrías estructurales que distorsionan el comercio global.
China —el origen principal del problema en múltiples sectores— no opera en condiciones de libre mercado. Sus exportaciones están respaldadas por subsidios estatales masivos, tipos de cambio administrados y economías de escala que ningún productor doméstico puede replicar sin algún tipo de protección transitoria o instrumento de defensa comercial. La Unión Europea, los Estados Unidos, Brasil y prácticamente todos los países con industria manufacturera relevante aplican medidas antidumping, aranceles compensatorios y cuotas de importación para equilibrar esta asimetría. Argentina las eliminó o las dejó caer en desuso.
El resultado, según los datos, es un proceso de desindustrialización acelerada que destruyó casi 65.000 empleos formales en dos años y provocó el cierre o la reestructuración de empresas en sectores tan diversos como el textil, el calzado, la metalmecánica, el autopartismo, la electrónica y los neumáticos. Atribuir estos cierres exclusivamente a conflictos sindicales o a la ineficiencia de las propias empresas —cuando la evidencia empírica señala con claridad al shock importador como factor determinante— no solo es inexacto, sino que posterga indefinidamente cualquier respuesta seria de política industrial.
El cierre de Fate, en definitiva, no es el final de una empresa. Es el síntoma más visible de una crisis industrial en curso cuya magnitud y velocidad pone en cuestión si el modelo económico actualmente en práctica tiene previsto algún lugar para la producción nacional en la Argentina del futuro.



