En el transcurso de doce meses, el dólar cayó G. 1.490 en su cotización en Paraguay —de G. 7.990 a G. 6.500— en una tendencia marcada por factores externos e internos que ha transformado el panorama cambiario del país. Aunque la apreciación del guaraní abarata importaciones y beneficia a los consumidores, representa un desafío creciente para los sectores exportadores. El presidente de la Asociación de Casas de Cambio advierte que el comportamiento actual es atípico e impredecible, mientras que el Banco Central del Paraguay proyecta una recuperación gradual del dólar hacia G. 7.000 al cierre del año.
Una caída histórica: G. 1.490 menos en doce meses
La divisa estadounidense atraviesa en Paraguay su ciclo bajista más pronunciado de los últimos años. Al 13 de febrero de 2026, el tipo de cambio del dólar a la venta se ubicó en G. 6.550, frente a los G. 7.850 registrados en igual fecha de 2025, lo que representa una reducción nominal de G. 1.300 y una variación interanual negativa de aproximadamente 16,6%. Sin embargo, la caída es aún más acentuada si se compara con los niveles del mismo período de 2024: en ese entonces, el dólar efectivo llegaba a G. 7.990, lo que implica una diferencia de G. 1.490 —equivalente a una depreciación del 18%— en tan solo un año.
En la jornada del lunes, la moneda norteamericana cerró en G. 6.500 en la compra y G. 6.600 en la venta en las principales casas de cambio del país, mientras que el dólar interbancario se situó en G. 6.453. Respecto al jueves de la semana anterior, la cotización registró una baja de 20 puntos al pasar de G. 6.570 a G. 6.550, según los tableros de las casas de cambio. En lo que va de febrero, el dólar acumula una depreciación del 2% frente al guaraní, equivalente a entre G. 130 y G. 140 menos, tomando como referencia los G. 6.650 con los que cerró al inicio del año.
Un comportamiento atípico: la previsibilidad cambiaria que se perdió desde 2024
Para el presidente de la Asociación de Casas de Cambio del Paraguay, Gregorio Mayor, el dólar atraviesa una etapa de fuerte volatilidad sin precedentes recientes. El referente explicó que hasta hace año y medio o dos años, la cotización seguía patrones estacionales predecibles, con tendencias identificables según la época del año. Sin embargo, esa previsibilidad desapareció.
«El dólar hasta hace un año y medio, dos años atrás, tenía una tendencia por la cual podíamos predecir en qué época subía y en qué época bajaba. Pero desde el 2024, con factores externos y la política monetaria de Estados Unidos, la tendencia fue totalmente atípica y acíclica.»
Mayor atribuyó la actual tendencia a la baja a tensiones en los mercados internacionales y a las expectativas de posibles reducciones en la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal de los Estados Unidos, lo que reduce el atractivo de la inversión en dólares a nivel global. A pesar de ello, el referente descartó que la divisa pueda llegar a los niveles de G. 3.800 o G. 4.000 que se registraron en períodos anteriores, señalando que la tendencia descendente tiene límites.
Las proyecciones del BCP: el dólar en G. 7.000 para fin de año y G. 7.300 en 2027
Pese a la actual tendencia bajista, las expectativas del mercado anticipan una reversión gradual de la cotización. Según la Encuesta de Expectativas de Variables Económicas del Banco Central del Paraguay (BCP), para febrero de 2026 la mediana de las proyecciones de los agentes económicos se situó en G. 6.676 por dólar. Sin embargo, las perspectivas para el cierre del año son sustancialmente más altas: los agentes estiman un tipo de cambio nominal de G. 7.000 para diciembre de 2026, y de G. 7.300 para el cierre de 2027.
Estas proyecciones sugieren que el mercado interpreta la actual apreciación del guaraní como un fenómeno temporal, influenciado por condiciones externas y estacionales, y prevé una corrección al alza del dólar en el mediano plazo. La tendencia actual, en coincidencia con el análisis del sector cambiario privado, estaría sujeta a la evolución de la política monetaria norteamericana y a las condiciones de los mercados financieros internacionales.
Ganadores y perdedores: consumidores favorecidos, exportadores bajo presión
La apreciación del guaraní frente al dólar genera efectos asimétricos sobre los distintos actores de la economía paraguaya. Para los consumidores, el fenómeno opera como un factor de abaratamiento de los bienes importados: celulares, productos electrónicos, ropa, perfumes y otros artículos sensibles al tipo de cambio tienden a reflejar gradualmente precios más bajos en el mercado interno, aunque esta transmisión no es inmediata.
Uno de los rubros que reflejó con mayor velocidad esta corrección fue el de los combustibles. Además de la tendencia descendente en los precios internacionales del petróleo, en Paraguay el abaratamiento recibió un impulso adicional por la apreciación de la moneda local. En el plano macroeconómico, la caída del tipo de cambio introduce una presión a la baja sobre algunos precios internos vinculados a bienes transables, lo que contribuye a moderar las presiones inflacionarias.
En la vereda opuesta se encuentran los sectores exportadores, que reciben menores ingresos en guaraníes por cada dólar generado en el exterior. Los rubros más afectados son el sector cárnico y los productos agrícolas, pilares fundamentales de las exportaciones paraguayas, cuyos márgenes en moneda local se comprimen a medida que el tipo de cambio retrocede.
El Índice de Confianza del Consumidor repunta a 55,34 puntos en enero de 2026
La dinámica cambiaria también se refleja en el estado de ánimo económico de los hogares paraguayos. En enero de 2026, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) elaborado por el BCP alcanzó 55,34 puntos, superando el umbral neutral de 50 puntos que distingue el optimismo del pesimismo. El indicador mejoró respecto al mes anterior, impulsado por el avance de todos sus subcomponentes: el Índice de Situación Económica (ISE) subió a 41,75 puntos —con un incremento de 2,66 puntos frente a diciembre— y el Índice de Expectativas Económicas (IEE) llegó a 68,92 puntos, 4,63 puntos por encima del registro previo.
El BCP atribuye este repunte a una combinación de factores. Por un lado, reconoce el efecto estacional típico de los primeros meses del año, vinculado al impacto rezagado del aguinaldo y a los patrones históricos del indicador, que entre noviembre, diciembre y enero suele evidenciar repuntes. Por otro lado, destaca el papel de la estabilidad del tipo de cambio y la reducción de las tasas de interés, que fomentan un entorno más favorable para el consumo al reducir los costos de financiamiento e impulsar las expectativas de gasto de los hogares.
Del pesimismo al optimismo: el cambio de ciclo desde noviembre de 2025
El recorrido del ICC durante 2025 traza con claridad el vínculo entre el tipo de cambio y la percepción económica de los hogares. Desde mediados del año pasado, cuando el dólar inició una trayectoria descendente más marcada, el indicador de confianza se encontraba en zona de pesimismo —por debajo de los 50 puntos— y permaneció en ese umbral hasta octubre. Recién en noviembre el BCP reportó que la confianza volvió a ubicarse en terreno de optimismo, en coincidencia con la aceleración de la caída del tipo de cambio.
Si bien en enero de 2026 el ICC se ubicó por debajo del nivel registrado en el mismo mes del año anterior, el dato evidencia una mejora sostenida respecto a los últimos meses de 2025, período en que las expectativas permanecieron deprimidas por la incertidumbre en torno a la cotización del dólar. Ahora, con la apreciación del guaraní cotizando en torno a G. 6.500, el BCP señala que en la medida en que la baja del tipo de cambio se traslade a menores precios en el mercado interno, el impacto positivo sobre el ICC del hogar —y en consecuencia sobre el indicador agregado— podría consolidarse.
Desde la banca matriz también se informó que el informe de Expectativas de Variables Económicas (EBE) presentará próximamente las proyecciones de los agentes respecto a tasas de interés, tipo de cambio e inflación, tres variables que inciden directamente en las decisiones de consumo futuro de los hogares paraguayos. La evolución de estas proyecciones será clave para determinar si el actual ciclo de optimismo tiene bases sólidas para consolidarse a lo largo de 2026.




