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China extiende el acceso sin visa a Reino Unido y Canadá, elevando a 79 los países beneficiados en su estrategia de apertura comercial y turística

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La República Popular China amplió el lunes 16 de febrero de 2026 su política de exención de visado a los titulares de pasaportes ordinarios de Reino Unido y Canadá, medida que entró en vigor el martes 17 de febrero y que sitúa en 79 el número total de países con acceso sin visa al gigante asiático. La decisión, anunciada por el Ministerio de Asuntos Exteriores chino, permite a los ciudadanos de ambas naciones permanecer en territorio chino hasta 30 días por motivos de turismo, negocios, visitas familiares, intercambios culturales o tránsito, sin necesidad de tramitar un visado previo. La vigencia de la medida se extiende hasta el 31 de diciembre de 2026.

Un programa que se consolida como herramienta de apertura estratégica

La política de exención de visados no es nueva para China, pero su expansión acelerada en los últimos dos años refleja un giro deliberado en la estrategia de proyección exterior del país. Desde el levantamiento de las restrictivas medidas anticovid-19, Beijing ha apostado por la apertura migratoria como mecanismo para reactivar el turismo internacional, facilitar intercambios académicos y empresariales, y atraer inversión extranjera directa.

Los resultados han sido significativos: en 2025, la política atrajo a 30 millones de visitantes extranjeros, una cifra que ilustra la capacidad de tracción de este tipo de instrumentos cuando se aplican de forma sostenida. El programa abarca actualmente dos modalidades: acuerdos bilaterales de exención recíproca con 29 países y una política unilateral que concede acceso libre de visa a ciudadanos de 48 naciones, entre las cuales se incorporan ahora Reino Unido y Canadá.

Los beneficios prácticos de la medida no son menores. El proceso de solicitud de visado para China ha sido históricamente considerado como uno de los más exigentes entre las grandes potencias, con requisitos documentales extensos, tiempos de espera variables y costos asociados que desincentivaban tanto el turismo individual como los desplazamientos de corta duración por negocios. La eliminación de esa barrera administrativa representa, en términos prácticos, una reducción directa de los costos de transacción para empresas y viajeros de los países beneficiados.

La geografía del acceso: quién entra y en qué condiciones

Con la incorporación de Reino Unido y Canadá, son ya 47 los países y territorios que se benefician de la extensión completa de 30 días sin visado dentro del marco unilateral chino. La lista abarca una amplísima representación europea: Alemania, Andorra, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Letonia, Liechtenstein, Luxemburgo, Macedonia del Norte, Malta, Mónaco, Montenegro, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Rumanía y Suiza, entre otros.

En América del Sur, Argentina, Brasil, Chile, Perú y Uruguay forman parte del programa, al igual que Japón, Corea del Sur y Australia en la región Asia-Pacífico. En el Golfo Pérsico, los seis miembros del Consejo de Cooperación del Golfo —Arabia Saudí, Baréin, Kuwait, Omán, Qatar y Emiratos Árabes Unidos— disfrutan también de esta facilidad.

Para el Sudeste Asiático existe una lógica diferenciada: Tailandia, Malasia, Brunei y Singapur cuentan con acuerdos recíprocos de exención, mientras que Indonesia accede a través de una visa de tránsito gratuita de 10 días vigente desde el 12 de junio de 2025. Esta misma modalidad de tránsito de 10 días aplica también para ciudadanos estadounidenses, siempre que dispongan de un billete de salida hacia un tercer país distinto del de procedencia, una condición que restringe considerablemente la utilidad práctica del beneficio.

El trasfondo diplomático: visitas de Estado y reposicionamiento geopolítico

La decisión de extender el acceso sin visa a Reino Unido y Canadá no puede leerse al margen de su contexto diplomático. Ambas medidas se produjeron tras visitas oficiales de sus respectivos primeros ministros a Beijing. Keir Starmer, primer ministro británico, visitó China entre el 28 y el 31 de enero de 2026, reuniéndose con el presidente Xi Jinping, durante cuya visita se anunció la política de exención, aunque sin precisar la fecha de entrada en vigor. En el caso canadiense, Mark Carney realizó su propia visita a Beijing en enero, en el transcurso de la cual Xi Jinping se comprometió públicamente con la extensión del beneficio a los ciudadanos canadienses.

Ambos líderes comparten un perfil similar: son mandatarios relativamente recientes que han heredado relaciones bilaterales deterioradas con China y que buscan reencauzarlas sobre bases más pragmáticas. El gesto migratorio de Beijing funciona en este contexto como una señal de voluntad política, un incentivo concreto y simbólicamente relevante para consolidar el acercamiento.

El acuerdo comercial con Canadá y la presión de Washington

Más allá de la exención de visados, la visita de Carney a Beijing generó compromisos comerciales de calado. Ambas partes acordaron que 49.000 vehículos eléctricos fabricados en China ingresarán anualmente a Canadá con un arancel preferencial del 6,1 por ciento. A cambio, Beijing se comprometió a reducir los aranceles sobre las exportaciones agrícolas canadienses, incluyendo el aceite de semilla de canola, del 85 por ciento al 15 por ciento, una rebaja arancelaria de notable magnitud que beneficiaría directamente al sector agropecuario canadiense.

Este acercamiento generó una reacción inmediata de la administración de Donald Trump, que advirtió públicamente a Ottawa que podría imponer aranceles de hasta el 100 por ciento sobre productos canadienses si Canadá formalizaba un tratado comercial con China. Ante la presión, Carney fue explícito en señalar que la relación con Estados Unidos seguía siendo prioritaria para Canadá, aunque sin renunciar al vínculo con Beijing. La tensión ilustra con nitidez el dilema geopolítico en el que se mueven varios aliados occidentales: la necesidad de diversificar socios comerciales frente a la dependencia del mercado estadounidense, en un momento en que la política arancelaria de Washington genera incertidumbre creciente.

El caso británico: aranceles de Trump como telón de fondo

En el caso del Reino Unido, Washington no formuló advertencias explícitas similares a las dirigidas a Ottawa, pero el contexto no es menos relevante. Tras el regreso de Trump a la Casa Blanca, la administración republicana incluyó a Reino Unido en el grupo de países sujetos a nuevos aranceles, particularmente en sectores sensibles como la industria automotriz y la producción de acero y aluminio. Esta presión sobre las exportaciones británicas pudo haber reforzado la disposición del gobierno de Starmer a diversificar sus vínculos comerciales y explorar nuevas vías de acceso al mercado chino, uno de los mayores del mundo.

La coincidencia entre las visitas de ambos líderes a Beijing y la posterior extensión del beneficio migratorio sugiere que China ha convertido la política de visados en un instrumento de diplomacia económica activa, utilizando la facilidad de acceso como palanca de negociación y como señal de apertura selectiva hacia interlocutores con los que busca estrechar lazos.

Vigencia, precedentes y escenario geopolítico

La política sin visa vigente para la mayoría de los países tiene fecha de caducidad el 31 de diciembre de 2026, lo que introduce un elemento de incertidumbre sobre su continuidad. Sin embargo, los antecedentes son alentadores: en ocasiones anteriores, Beijing ha prorrogado estos programas una vez vencidos, lo que sugiere que la lógica que los sustenta —estimular el turismo, facilitar los negocios y proyectar una imagen de apertura— prevalece sobre consideraciones de reciprocidad estricta o de control migratorio.

La expansión del programa a 79 países representa ya una masa crítica suficiente para posicionarlo como un elemento estructural de la política exterior económica china, y no como una medida coyuntural. A medida que la tensión comercial global se reconfigura en torno a los aranceles de la administración Trump y la competencia estratégica entre bloques, la diplomacia migratoria de China emerge como un instrumento de bajo costo y alto impacto para tejer redes de influencia y facilitar el acceso de empresas y capitales al mercado interior.

Para empresarios, inversores y viajeros del mundo anglosajón, la entrada en vigor de esta medida representa una oportunidad práctica y concreta. Para los analistas de política exterior, representa la confirmación de que Beijing entiende la movilidad humana no como una concesión, sino como un activo estratégico.