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El Pentágono publica y retira una lista negra de gigantes tecnológicos chinos que desata volatilidad en los mercados y reaviva la tensión geopolítica con Pekín

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En lo que podría interpretarse como un error administrativo o como una advertencia deliberada con marcha atrás táctica, el Departamento de Defensa de Estados Unidos publicó brevemente en el Registro Federal una lista actualizada de empresas chinas supuestamente vinculadas al Ejército Popular de Liberación, para retirarla minutos después sin ofrecer ninguna explicación. El episodio, fugaz en su duración pero inmediato en sus consecuencias, fue suficiente para desencadenar una oleada de ventas en los mercados asiáticos y colocar en el centro del debate a cuatro de los nombres más relevantes del ecosistema tecnológico y empresarial chino: Alibaba, Baidu, BYD y Tencent.

Las acciones de Alibaba Group Holding Ltd. llegaron a caer más de un 3% en la bolsa de Hong Kong, mientras que BYD Co. y Baidu Inc. retrocedieron alrededor de un 1%. La mera aparición temporal de estas compañías en el documento bastó para activar las alarmas entre los inversores internacionales y poner en evidencia la fragilidad del entorno regulatorio en el que operan estos gigantes.

La designación 1260H: mucho más que una lista

Lejos de ser un trámite burocrático sin consecuencias, la denominada designación 1260H —publicada por primera vez en 2021— constituye un mecanismo con un poder creciente en la arquitectura de restricciones comerciales y tecnológicas que Washington ha venido construyendo frente a China. En la actualidad, la lista incluye a más de 130 entidades acusadas de colaborar con el aparato militar chino, entre las que figuran aerolíneas, fabricantes de equipos informáticos, empresas de construcción, transporte marítimo y comunicaciones.

Si bien la designación no implica de forma inmediata sanciones legales directas, el Pentágono la utiliza con una finalidad estratégica cada vez más explícita: limitar la capacidad de las empresas señaladas para contratar con el ejército estadounidense u obtener financiación para investigación. Además, funciona como señal de alarma para los inversores norteamericanos y, en la práctica, puede ser el primer eslabón de una cadena que derive en restricciones comerciales mucho más severas. El caso de TikTok, que terminó obligado a reestructurar su arquitectura operativa para continuar funcionando en suelo estadounidense, ilustra con claridad hacia dónde puede conducir este tipo de escalada regulatoria.

La gran incógnita en este momento es si el Pentágono publicará una versión definitiva y oficial de la lista, y si esta incluirá a las mismas compañías que aparecieron brevemente en el documento retirado.

Las empresas rechazan los señalamientos

Las tres compañías que han emitido respuestas públicas han sido contundentes en su rechazo. Alibaba afirmó en un comunicado que «no es una empresa militar china ni forma parte de ninguna estrategia de fusión militar-civil», y anunció que «tomará todas las medidas legales disponibles contra los intentos de tergiversar» su actividad. Un portavoz de Baidu, por su parte, rechazó «categóricamente la inclusión», calificándola de carente de «ninguna base creíble» y señalando que «la sugerencia de que Baidu es una empresa militar carece de todo fundamento y no se ha aportado ninguna prueba que demuestre lo contrario». BYD, con sede en Shenzhen, no respondió a las solicitudes de comentarios.

La firmeza de estas declaraciones contrasta con la incertidumbre que persiste sobre las intenciones reales del Pentágono. ¿Se trató de un ensayo general antes de una publicación oficial? ¿De una filtración controlada para medir la reacción de los mercados y de Pekín? ¿O simplemente de un error en la gestión documental? La ausencia de explicaciones por parte del Departamento de Defensa alimenta todas las hipótesis.

La respuesta de los mercados: nerviosa pero contenida

La reacción de los mercados, aunque inmediata, no llegó a convertirse en una crisis bursátil de gran escala. Los índices de referencia acusaron el golpe: los futuros del S&P 500 y del Nasdaq 100 cayeron un 0,4% cada uno, mientras que el índice Stoxx 600 europeo acompañó esas bajas con una caída de igual magnitud. En China continental y Hong Kong, los inversores adoptaron una postura más cautelosa también por la proximidad de las vacaciones del Año Nuevo Lunar. El oro y la plata, activos refugio por excelencia, registraron leves recuperaciones.

El comportamiento mixto de las grandes tecnológicas reflejó un mercado que intenta procesar múltiples señales de forma simultánea: las tensiones geopolíticas con China, las declaraciones del presidente Trump sobre Irán —que aportaron cierta calma puntual, aunque sin disipar la incertidumbre de fondo—, y los últimos datos de inflación en Estados Unidos, que llegaron con un tono moderado y avivaron las expectativas de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal.

La Fed y la inflación: otra variable en el tablero

Los datos del Índice de Precios al Consumidor publicados en la jornada reforzaron las expectativas de que la Fed podría ejecutar hasta tres recortes de tasas de interés a lo largo del año. Sin embargo, con un mercado laboral que aún muestra señales de solidez, los analistas no anticipan que el presidente Jerome Powell avale una reducción en las próximas dos reuniones del organismo.

En este contexto, la figura de Kevin Warsh cobra relevancia. El exfuncionario de la Reserva Federal, mencionado como posible sucesor de Powell al frente del organismo, podría, según fuentes del mercado, suavizar su históricamente restrictiva postura en materia de política monetaria. Recientes filtraciones sugieren que, de ser designado, Warsh podría incluso contemplar una primera reducción de tasas en junio, y diferir la aplicación de medidas de flexibilización cuantitativa. Este escenario, de confirmarse, podría representar un alivio adicional para unos mercados que llevan meses aguardando una señal clara de relajamiento monetario.

El impacto empresa por empresa

Alibaba ha sido, sin duda, el nombre más golpeado por el episodio. La compañía lleva meses reorientando su estrategia hacia la inteligencia artificial y el código abierto, con su familia de modelos Qwen como eje de su apuesta tecnológica. Esa reconversión le había permitido recuperar la confianza del mercado, con subidas superiores al 35% en los últimos doce meses. Sin embargo, la acción acumula tres semanas consecutivas de corrección, y la aparición en la lista del Pentágono añade un riesgo adicional. Los analistas mantienen una visión positiva a largo plazo, con un precio objetivo cercano a los 200 dólares frente a los 155 actuales, pero una confirmación oficial de la designación podría intensificar las caídas a corto plazo.

BYD, el mayor fabricante de vehículos eléctricos de China y uno de los más relevantes del mundo, atraviesa un momento especialmente delicado. Su cotización ya acumula una caída del 20% en los últimos doce meses, presionada por la reducción de subvenciones al sector, la caída de la demanda y el incremento de la competencia. La acusación de vínculos militares añade otra capa de incertidumbre a un panorama de por sí complicado, y eleva el riesgo de restricciones a su expansión internacional, precisamente en el momento en que la compañía más necesita consolidar mercados fuera de China.

Tencent ha apostado con fuerza por la inteligencia artificial y los servicios en la nube como pilares de su nueva etapa, pero la volatilidad generada por la lista del Pentágono se suma a un desempeño bursátil ya deteriorado: caídas del 12% desde comienzos de año y del 10% en los últimos seis meses. El consenso analista sigue siendo constructivo a medio plazo, pero una confirmación oficial de la blacklist podría presionar adicionalmente al valor, especialmente si deriva en restricciones de acceso a tecnología de origen estadounidense.

Baidu avanza en inteligencia artificial generativa a través de su modelo Ernie y ha logrado estabilizar tanto su negocio publicitario como sus márgenes operativos. No obstante, su inclusión en la lista negra añade incertidumbre en un momento crítico para su expansión en la nube y en el segmento de la conducción autónoma, dos áreas en las que la dependencia de componentes y software de origen occidental es significativa. Los analistas mantienen una perspectiva positiva a largo plazo, pero reconocen que el valor podría enfrentar mayor volatilidad si se intensifican las restricciones tecnológicas.

Una señal en medio de la guerra digital

El episodio de la lista del Pentágono no puede analizarse de forma aislada. Se inscribe en un patrón más amplio de fricciones entre Washington y Pekín que van mucho más allá de los aranceles o las restricciones a la exportación de chips. En la nueva era digital, la información, la infraestructura tecnológica y el control de sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los semiconductores o los vehículos eléctricos se han convertido en activos de poder nacional de primer orden.

En ese marco, la designación 1260H opera como una herramienta de presión gradual: no destruye a las empresas de forma inmediata, pero erosiona su reputación ante inversores internacionales, complica sus relaciones comerciales con contrapartes estadounidenses y puede anticipar sanciones mucho más contundentes. La historia reciente —con casos como el de Huawei, SMIC o el propio TikTok— sugiere que la escalada es posible y que los precedentes están bien establecidos.

Por el momento, ambas potencias han mantenido cierta estabilidad en su relación bilateral. Se habla de posibles visitas recíprocas entre Trump y el presidente Xi Jinping en los próximos meses, aunque ningún encuentro está aún confirmado. Si Pekín decide mantener bajo presión pública el asunto de las empresas chinas bajo escrutinio estadounidense, podría desencadenar una nueva escalada. La retirada inexplicada de la lista por parte del Pentágono ha evitado, por ahora, el choque frontal, pero el mensaje ha sido enviado y recibido.

Washington también evalúa, según informes circulantes al cierre de esta edición, nuevas restricciones sobre determinados semiconductores importados desde China. Pekín, por su parte, ha respondido con recortes selectivos a los impuestos de importación. El tablero sigue moviéndose, aunque con movimientos aún contenidos.

Volatilidad estructural, no coyuntural

Lo ocurrido con la lista del Pentágono pone de relieve algo que los inversores en activos chinos ya saben, pero que este episodio vuelve a confirmar con crudeza: el riesgo regulatorio y geopolítico no es una anomalía puntual, sino una variable estructural del escenario de inversión en el sector tecnológico chino. Las compañías de este segmento operan en un entorno en el que una lista publicada durante unos minutos puede borrar en horas semanas de ganancias acumuladas.

La pregunta que queda en el aire no es si habrá nuevas fricciones, sino cuándo y con qué intensidad. Y, sobre todo, si la próxima vez el Pentágono decidirá dejar la lista publicada.