La multinacional Dass, uno de los mayores fabricantes de calzado deportivo de Latinoamérica que produce para Nike, Adidas, Umbro, Fila y Asics, acaba de despedir a 43 trabajadores en su planta argentina de Eldorado, provincia de Misiones. La medida profundiza una crisis que redujo su plantilla local de 1.500 empleados hace menos de una década a apenas 280 en la actualidad, con producción garantizada solamente hasta junio de 2026. La situación contrasta dramáticamente con su operación en Brasil, donde la misma compañía emplea a 36.000 personas y mantiene una posición de liderazgo regional.
El caso expone la brutal asimetría que atraviesa la industria manufacturera argentina: mientras la fabricación de calzado colapsó un 30,9% durante 2025 y las ventas se desplomaron un 31,6%, el uso de la capacidad instalada del sector se hundió al 32,5%. El resultado acumulado: la pérdida de casi 16.000 puestos de trabajo en un año, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). La crisis no es exclusiva del calzado, sino que refleja un fenómeno más amplio de desindustrialización que afecta múltiples sectores de la segunda economía de Sudamérica.
De potencia regional a operación marginal: la debacle de Dass en Argentina
Grupo Dass, de capitales mixtos argentino-brasileños administrado en Argentina por Brian Handley, representa uno de los casos más ilustrativos de cómo una misma empresa puede prosperar o colapsar según el entorno macroeconómico y las políticas públicas de cada país. En Brasil, con sus 36.000 empleados, la firma se consolida como gigante del sector calzadista. En Argentina, lucha por sobrevivir con una fracción mínima de ese tamaño, cuestionando su viabilidad futura en territorio argentino.
La planta de Eldorado, que Dass gestiona desde 2008, dispone de infraestructura para operar 60 líneas de producción simultáneas, aunque actualmente apenas utiliza 15. Esta subutilización del 75% no refleja ineficiencia empresarial sino un cambio estructural en el mercado: la apertura comercial acelerada facilitó que las marcas globales para las que produce la compañía optaran por importar productos terminados desde Asia en lugar de fabricarlos localmente mediante el sistema de producción a pedido (facón).
Los representantes de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA) confirmaron que la empresa tiene pedidos asegurados solamente hasta junio próximo. «No sabemos con cuánto personal llegarían a esa fecha ni qué pasará después», señalaron, reflejando una incertidumbre que se replica en numerosas fábricas argentinas. Entre sus dos establecimientos en el país, Dass posee capacidad instalada para producir 7,8 millones de pares de zapatillas anuales, un potencial que permanece masivamente desaprovechado.
El cierre de Coronel Suárez: preludio del desmantelamiento
La contracción de Dass en Argentina no es reciente pero se aceleró dramáticamente en el último año. En enero de 2025, la compañía cerró definitivamente su planta de Coronel Suárez, en la provincia de Buenos Aires, dejando sin empleo a 360 trabajadores. Aquella fábrica, con capacidad para 6.000 empleados aunque operando en su etapa final con menos de 400, producía exclusivamente para Adidas y representaba una pieza clave de la operación argentina del grupo.
La empresa justificó el cierre como parte de «un plan estratégico diseñado para optimizar procesos y fortalecer su posición en el mercado», trasladando la producción de Adidas hacia la planta de Misiones. La decisión se enmarcó oficialmente «en la necesidad de adaptar las operaciones a la nueva dinámica del mercado en Argentina, caracterizada por un cambio de ciclo económico y nuevas condiciones comerciales».
Sin embargo, la concentración productiva en Eldorado no resolvió los problemas estructurales. A mediados de 2025, la planta misionera ya había reducido un 40% su plantilla, pasando de 470 a 300 empleados. Un año antes contaba con 600 trabajadores. La progresión es implacable: de 1.500 empleados en su apogeo a menos de 280 tras los recientes despidos, representando una contracción del 81% de su fuerza laboral en menos de una década.
«La industria nacional del calzado enfrenta nuevos desafíos por la baja en la producción y la apertura de importaciones y Grupo Dass no es ajeno a esta crítica situación», reconoció la compañía en 2025. «Frente a la pérdida de competitividad por los altos costos locales y las cambiantes exigencias del mercado, sumado al nuevo contexto cambiario y comercial, hemos agotado todas las alternativas para mantener nuestra estructura actual», añadió. Consultada sobre la situación actual y perspectivas futuras, la empresa declinó realizar comentarios.
Reestructuración de cadenas globales: Argentina fuera de la ecuación
La crisis de Dass refleja transformaciones más amplias en las estrategias de abastecimiento de las marcas deportivas globales. En un contexto de mayor apertura comercial argentina, estas corporaciones revisaron sus esquemas de producción, evaluando costos, logística y estabilidad regulatoria. El resultado fue desfavorable para la manufactura local: las importaciones desde Asia o la producción en otros países latinoamericanos resultaron más competitivas que mantener contratos de fabricación a pedido en Argentina.
Este fenómeno ilustra la vulnerabilidad de modelos productivos basados en facón —fabricación por encargo para marcas internacionales— cuando las condiciones macroeconómicas se tornan adversas. A diferencia de empresas con marcas propias o contratos de largo plazo, los fabricantes a pedido dependen completamente de decisiones que toman corporaciones globales evaluando múltiples variables: costos laborales, tipo de cambio, aranceles, logística, estabilidad política y regulatoria.
La planta de Coronel Suárez, que permanece cerrada aunque sigue en propiedad del grupo, simboliza esta reconfiguración. Con infraestructura para 6.000 trabajadores, la fábrica representa capacidad productiva ociosa que difícilmente se reactive en el corto plazo. Mientras tanto, Eldorado se ha convertido en el único centro industrial de Dass en Argentina, operando con una fracción mínima de su potencial y con un horizonte que no se extiende más allá de junio próximo.
Crisis sectorial: la industria del calzado en números rojos
Los problemas de Dass se enmarcan en un colapso generalizado del sector calzadista argentino. Los datos oficiales del INDEC revelan que en noviembre de 2025 la fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado registró una caída interanual del 17,6%, con la fabricación específica de calzado y sus partes retrocediendo un 30,9%. «La disminución de la actividad del sector se vincula con la menor demanda local y el ingreso de productos importados», señala el informe oficial.
El uso de la capacidad instalada en el sector se desplomó al 32,5% en octubre de 2025, con una caída de 4,6 puntos porcentuales respecto al mes anterior y de 15,3 puntos frente a octubre de 2024. Esta subutilización significa que más de dos tercios de la infraestructura productiva del calzado argentino permanece inactiva, representando pérdida de inversiones acumuladas durante décadas y destrucción de empleos especializados difíciles de recuperar.
La Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) documentó que en octubre de 2025 la actividad textil —sector estrechamente vinculado al calzado— se contrajo un 24% interanual, superando ampliamente el retroceso del 2,9% registrado por la industria manufacturera en general. La producción textil alcanzó niveles similares a los observados durante la pandemia de COVID-19, evidenciando la profundidad de la crisis actual.
TN & Platex y el efecto dominó en la industria textil argentina
El caso Dass no es aislado. La empresa textil TN & Platex, uno de los principales grupos del sector en Argentina, cerró por tiempo indefinido su planta de Los Gutiérrez, en la provincia de Tucumán, suspendiendo a 190 trabajadores. La compañía inició gestiones para reubicar al personal en otras empresas provinciales, aunque reconoció implícitamente que no prevé reactivar la producción en el mediano plazo.
Semanas antes, TN & Platex había suspendido una línea de producción en su planta de La Rioja, desvinculando a 50 personas y no renovando 12 contratos temporarios. En noviembre de 2025, la firma redujo operaciones en Monte Caseros, provincia de Corrientes, recortando la fabricación de prendas deportivas y ropa interior. Desde la empresa atribuyen estas decisiones a «la caída de la demanda interna, al aumento de las importaciones de indumentaria y a las dificultades de financiamiento».
El fenómeno se replica en múltiples firmas del sector manufacturero argentino: cierres de plantas, suspensiones masivas, reducciones de personal y contracción de la producción. La combinación de recesión económica interna, apertura comercial acelerada sin períodos de transición, apreciación cambiaria que encarece exportaciones y abarata importaciones, más dificultades de acceso al crédito, configura un escenario adverso para la producción local.
Asimetrías regionales: el contraste Brasil-Argentina
La situación de Dass expone las divergentes trayectorias industriales de las dos economías más grandes de Sudamérica. Brasil, con su mercado interno de 215 millones de habitantes, políticas de contenido local y protección selectiva de sectores estratégicos, logra retener y expandir capacidades manufactureras. Argentina, con 46 millones de habitantes y políticas comerciales oscilantes según administraciones, experimenta ciclos de expansión y contracción industrial que erosionan la base productiva de largo plazo.
Para las corporaciones multinacionales, estas diferencias son determinantes al decidir dónde ubicar inversiones y capacidad productiva. Brasil ofrece escala, estabilidad regulatoria relativa y un mercado consumidor amplio. Argentina presenta volatilidad macroeconómica, cambios regulatorios frecuentes y un mercado más reducido. Las marcas deportivas globales que abastece Dass evalúan estas variables y ajustan sus estrategias de abastecimiento en consecuencia.
El resultado es que mientras Dass Brasil emplea a 36.000 personas consolidándose como actor regional relevante, Dass Argentina opera con 280 empleados en una planta subutilizada y con futuro incierto. Esta asimetría no es exclusiva del calzado sino que se replica en múltiples sectores manufactureros: automotriz, electrónica, textil, metalmecánica.
El costo social de la desindustrialización
Los 16.000 empleos perdidos en el sector calzadista durante 2025 representan no solo estadísticas laborales sino tragedias familiares y comunitarias. En localidades como Eldorado (80.000 habitantes) o Coronel Suárez (38.000 habitantes), estas fábricas constituyen pilares de la economía local. Su cierre o contracción genera efectos multiplicadores negativos: comercios que pierden clientes, servicios que se contraen, jóvenes que emigran buscando oportunidades.
Los trabajadores especializados del calzado —con años de experiencia en técnicas específicas de producción— difícilmente encuentran ocupación equivalente en economías locales dominadas por servicios de bajo valor agregado o actividades primarias. La pérdida de estas capacidades humanas acumuladas representa destrucción de capital intangible que llevó años construir.
La incertidumbre atraviesa todo el sector. «No sabemos con cuánto personal llegarían a junio ni qué pasará después», señalan los representantes sindicales de UTICRA respecto a Dass. Esta frase podría replicarse en decenas de fábricas argentinas donde trabajadores y empresarios desconocen si sus plantas seguirán operando en los próximos meses, generando angustia personal y parálisis en decisiones de inversión o consumo.
¿Ajuste transitorio o transformación estructural?
Argentina enfrenta interrogantes fundamentales sobre su futuro productivo. La contracción industrial actual, ¿representa un ajuste temporal que eventualmente generará una estructura más eficiente, o constituye un desmantelamiento definitivo de capacidades manufactureras acumuladas durante décadas? Los niveles de capacidad ociosa —32,5% en textil y calzado— sugieren que no se trata de reasignación eficiente de recursos sino de destrucción neta de capital productivo.
La experiencia internacional muestra que la desindustrialización prematura —pérdida de participación manufacturera antes de alcanzar niveles de ingreso alto— genera consecuencias negativas de largo plazo: menor productividad agregada, reducción de empleo de calidad, debilitamiento de capacidades tecnológicas, mayor vulnerabilidad a shocks externos. Argentina parece transitar este proceso, retrocediendo desde una economía con base industrial diversificada hacia especialización en commodities agrícolas y recursos naturales con industrias manufactureras marginales.
Para Dass, la pregunta inmediata es si la planta de Eldorado sobrevivirá más allá de junio de 2026. Para Argentina, la pregunta más amplia es si el país puede sostener actividades manufactureras competitivas o si asistirá a una reprimarización definitiva de su estructura productiva, consolidándose como exportador de materias primas e importador de manufacturas, con las consecuencias sociales y tecnológicas que ello implica




