El presidente ruso, Vladímir Putin, planteó esta semana una propuesta que marca un giro en la gestión de los activos rusos bloqueados por sanciones occidentales. Durante una reunión con el Consejo de Seguridad de Rusia, el mandatario indicó que Moscú estaría dispuesto a canalizar 1.000 millones de dólares de sus fondos congelados en Estados Unidos hacia dos posibles destinos: la reconstrucción de territorios ucranianos devastados por el conflicto bélico, una vez se firme un tratado de paz, o bien hacia la Junta de la Paz, una iniciativa impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump con el objetivo inicial de asegurar la paz en Palestina.
Fondos congelados como moneda de negociación diplomática
«Los fondos restantes de nuestros activos congelados en EE. UU. podrían utilizarse para reconstruir los territorios dañados durante los combates tras la firma de un tratado de paz entre Rusia y Ucrania. Estamos discutiendo esta posibilidad con representantes de la administración estadounidense», afirmó Putin durante el encuentro con el órgano de seguridad ruso. La declaración sugiere que el Kremlin ha iniciado conversaciones preliminares con Washington sobre el uso de estos recursos, aunque no se han precisado detalles sobre el estado de dichas negociaciones.
La propuesta adquiere relevancia en un contexto donde, según datos del Banco Central de Rusia, Estados Unidos mantiene congelados aproximadamente 67.000 millones de dólares en activos rusos. Estos fondos denominados en dólares solo pueden conservarse en depósitos con sede estadounidense, lo que otorga a Washington un control total sobre su eventual liberación. En total, los países occidentales habrían bloqueado cerca de 300.000 millones de dólares de fondos soberanos rusos, con la mayor parte retenida en Europa, específicamente en el depósito belga Euroclear.
La Junta de la Paz de Trump como alternativa
Putin también vinculó la posible utilización de estos recursos con la Junta de la Paz, organismo creado por Donald Trump cuyo mandato, inicialmente centrado en el conflicto de Gaza, se ha ampliado para abordar otras crisis a nivel mundial. El presidente ruso recibió esta semana una invitación formal de Trump para integrarse a esta iniciativa, junto con otros líderes internacionales.
«Incluso antes de decidir sobre nuestra participación en el Consejo de Paz y su trabajo, dada la relación especial de Rusia con el pueblo palestino, creo que podríamos enviar 1.000 millones de dólares de los activos rusos congelados durante la anterior administración estadounidense a la Junta de la Paz», declaró el mandatario ruso, señalando el vínculo histórico de Moscú con la causa palestina como justificación para esta posible contribución.
Según el estatuto de la Junta de la Paz, los miembros permanentes deben aportar mil millones de dólares cada uno para financiar las operaciones del organismo. La propuesta rusa encajaría perfectamente en este esquema, aunque su materialización dependería de que las autoridades estadounidenses desbloqueen los fondos.
Complejidades jurídicas y políticas del desbloqueo
El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, reconoció este jueves que la medida enfrentaría obstáculos legales significativos, ya que requeriría que Estados Unidos levante las sanciones sobre dichos activos. «Aún no está claro cómo se estructurará legalmente. Todo esto debe discutirse», señaló Peskov, quien además reiteró que Rusia sigue considerando ilegal la congelación de sus fondos.
Esta postura revela la paradoja inherente a la propuesta: mientras Moscú cuestiona la legalidad del bloqueo, simultáneamente busca negociar el uso de esos mismos recursos como herramienta diplomática. El planteamiento sugiere un pragmatismo calculado por parte del Kremlin, que intenta transformar un instrumento de presión económica occidental en una palanca de influencia geopolítica.
Diplomacia en movimiento: encuentros programados
Putin anunció que abordará la cuestión de la Junta de la Paz durante una reunión programada para el jueves con Steve Witkoff, enviado especial de Trump, quien viajará a Moscú acompañado por Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense. «Vienen a Moscú para continuar el diálogo sobre el acuerdo en Ucrania», confirmó el líder ruso, señalando que este será el séptimo encuentro personal entre ambos.
Witkoff, quien participaba en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, declaró a periodistas: «Planeamos discutir la paz y Ucrania y Rusia». Consultado sobre sus expectativas, respondió escuetamente: «Soy optimista». El encuentro promete abordar no solo el uso de los activos congelados, sino también el estado general de las negociaciones para poner fin al conflicto en Ucrania.
Por parte ucraniana, la delegación mantuvo consultas durante el fin de semana en Estados Unidos y el miércoles en Davos, según informaron las autoridades. Sin embargo, la participación rusa en estos intercambios recientes se limitó a una reunión breve el martes entre el emisario económico del Kremlin, Kiril Dmítriev, y los representantes estadounidenses Witkoff y Kushner. No se revelaron detalles sobre el contenido de ese encuentro.
Antecedentes de la propuesta rusa
La idea de utilizar activos rusos congelados para la reconstrucción de Ucrania no es completamente nueva. Hace un año, fuentes de Reuters aseguraron que Moscú estaba dispuesto a emplear sus fondos bloqueados en la reconstrucción ucraniana como parte de un eventual acuerdo de paz, aunque con la condición de que dichos recursos se destinen exclusivamente a los territorios bajo control ruso. Esta condición subraya la intención del Kremlin de vincular cualquier contribución económica con el reconocimiento implícito de sus conquistas territoriales.
Implicaciones para la arquitectura financiera internacional
La propuesta de Putin, más allá de su viabilidad inmediata, plantea interrogantes sobre el uso de activos soberanos congelados como herramienta de política exterior. Si bien las sanciones económicas se han convertido en un instrumento estándar de presión internacional, el precedente de redirigir fondos bloqueados hacia iniciativas de reconstrucción o pacificación podría establecer nuevas dinámicas en la resolución de conflictos.
El desenlace de esta iniciativa dependerá en gran medida de la disposición de la administración Trump a negociar sobre los activos congelados, un movimiento que requeriría equilibrar presiones internas, compromisos con aliados europeos y los objetivos estratégicos estadounidenses en Europa Oriental y Oriente Medio. La convergencia entre los intereses rusos en normalizar su situación económica y los objetivos de Trump en presentarse como artífice de acuerdos de paz podría, bajo ciertas circunstancias, crear el espacio para un arreglo sin precedentes.
Por ahora, la propuesta permanece en el terreno de las declaraciones y las conversaciones preliminares, pero su sola formulación evidencia la búsqueda de nuevos canales diplomáticos en un escenario internacional marcado por el estancamiento de las negociaciones tradicionales.



