El presidente estadounidense Donald Trump ha desatado una nueva crisis diplomática y comercial con Europa al amenazar con imponer aranceles del 200% a los vinos y champanes franceses como represalia por la negativa del presidente Emmanuel Macron a unirse a su controvertida iniciativa del «Consejo de la Paz». La amenaza, pronunciada este lunes, representa una escalada sin precedentes en las tensiones transatlánticas y ha provocado una caída inmediata en los mercados bursátiles europeos, mientras los líderes del continente preparan una respuesta coordinada que podría derivar en una guerra comercial de amplias dimensiones.

Amenaza arancelaria sin precedentes contra la industria vitivinícola francesa

Trump justificó su amenaza arancelaria como mecanismo de presión política tras conocer que Macron rechazaría su invitación al Consejo de la Paz. «Nadie lo quiere porque va a dejar el cargo muy pronto», declaró el mandatario estadounidense en referencia al presidente francés, cuyo mandato de cinco años finaliza en mayo de 2027 sin posibilidad de reelección según la legislación francesa. «Impondré un arancel del 200% a sus vinos y champanes y se unirá», añadió Trump en tono amenazante.

La magnitud de la amenaza representa un incremento exponencial sobre las tasas actuales. Actualmente, los vinos y licores exportados desde la Unión Europea hacia Estados Unidos afrontan un arancel del 15%, establecido tras el acuerdo comercial alcanzado entre Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Escocia el pasado verano. Este arancel no es recíproco y el Gobierno francés había trabajado activamente para reducirlo a cero.

Impacto económico inmediato en empresas francesas cotizadas

Las consecuencias económicas de la amenaza no se hicieron esperar. Estados Unidos representa el mayor mercado para el vino y las bebidas espirituosas francesas, con exportaciones valoradas en 3.800 millones de euros durante 2024, según datos de Reuters. Esta dependencia del mercado estadounidense explica la virulencia de la reacción bursátil.

Las acciones del grupo de lujo LVMH, propietario de marcas emblemáticas como Moët & Chandon, Dom Pérignon y Veuve Clicquot, cayeron más de un 2,5% a media sesión del martes en la Bolsa de París. Por su parte, Rémy Cointreau, fabricante del champán Telmont, registró pérdidas superiores al 2%. Laurence Whyatt, director de investigación de bebidas europeas de Barclays, advirtió que «el aumento de las amenazas dificultará la inversión en el sector y la toma de decisiones de las empresas».

El controvertido Consejo de la Paz: ambiciones que superan Gaza

El origen de la disputa radica en la negativa francesa a participar en el Consejo de la Paz impulsado por Trump. Inicialmente concebido en septiembre de 2025 para supervisar la reconstrucción de Gaza tras el conflicto, el proyecto ha evolucionado hasta convertirse en una iniciativa mucho más ambiciosa que pretende resolver conflictos globales y configurar acuerdos internacionales, generando serias dudas sobre su eventual competencia con las Naciones Unidas.

Según un borrador de los estatutos del organismo al que tuvo acceso Bloomberg, Trump sería su presidente inaugural y ejercería autoridad sobre las decisiones relativas a la composición del grupo. La administración estadounidense solicita a los países que aspiren a un puesto permanente una contribución de al menos 1.000 millones de dólares. El documento enviado a aproximadamente 60 países, incluida Rusia, establece que esta aportación económica determinaría la duración de la membresía más allá de tres años.

Rechazo europeo generalizado y preocupaciones sobre la ONU

La posición francesa no constituye un caso aislado. Junto con Francia, Reino Unido, Suecia, los Países Bajos, Alemania y Canadá están dispuestos a rechazar la invitación de Trump para participar en el Consejo de la Paz, según fuentes cercanas citadas por Bloomberg. La resistencia europea se fundamenta en múltiples consideraciones.

Macron considera que el mandato del Consejo excede ampliamente el ámbito de Gaza y teme que pueda socavar potencialmente a las Naciones Unidas, organización que Francia considera innegociable en el sistema multilateral internacional. Diplomáticos consultados coinciden en que el plan podría perjudicar el trabajo de la ONU. Además, el presidente francés juzga inaceptable que Trump intente influir en la política exterior francesa mediante amenazas económicas y está determinado a no ceder ante esta presión.

Trump pretendía que la constitución completa y el mandato del Consejo de la Paz se firmaran en Davos este jueves, coincidiendo con su participación en el Foro Económico Mundial. Sin embargo, el escepticismo generalizado entre los invitados europeos parece condenar esta aspiración al fracaso.

Escalada de tensiones más allá de Francia: Groenlandia y otros conflictos

Las amenazas contra Francia se enmarcan en un contexto más amplio de tensiones que Trump está alimentando con múltiples líderes europeos durante su presencia en Davos. El presidente estadounidense ha amenazado a ocho países con aranceles por oponerse a su exigencia de que Dinamarca entregue Groenlandia a Estados Unidos, ha atacado a Noruega por negarle el Premio Nobel de la Paz (que no otorga el Gobierno noruego sino un comité independiente) y ahora intenta forzar la participación en su Consejo de la Paz de mandatarios controvertidos como Alexander Lukashenko de Bielorrusia e incluso Vladimir Putin de Rusia.

El propio Trump publicó un mensaje de texto que le envió Macron, en el que el presidente francés lo invitaba a cenar en París el jueves y a reunirse con representantes de Ucrania, Siria, Dinamarca y Rusia. En ese mensaje, confirmado por el Ejecutivo francés, Macron expresaba: «No entiendo lo que está haciendo en Groenlandia», evidenciando la perplejidad europea ante las ambiciones territoriales estadounidenses.

Respuesta coordinada del eje franco-alemán

La reacción europea está tomando forma a través del tradicional eje franco-alemán. El ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, afirmó rotundamente: «Alemania y Francia están unidos y no nos dejamos chantajear, y habrá una firme respuesta de Europa». Su homólogo francés, Roland Lescure, fue igualmente categórico: «Yo lo digo también, el chantaje entre aliados desde hace 250 años, entre amigos, no es aceptable», adelantando su intención de mantener una «discusión franca» con Estados Unidos en el marco del G7.

El canciller alemán Friedrich Merz, aunque más cauto que su ministro de Finanzas socialdemócrata, también dejó clara la disposición europea a responder con firmeza: «No queremos una guerra arancelaria, pero si nos confrontan con aranceles que nos parecen desproporcionados estamos en situación de reaccionar». No obstante, Merz introdujo un elemento de cautela al recordar que Trump «siempre amenaza con aranceles» y «a menudo los aplica, pero también habitualmente, negocia y dialoga de manera que se distancia de ellos».

Instrumentos anticoerción y amenaza de 93.000 millones en aranceles

La Unión Europea dispone de herramientas concretas para responder a las amenazas estadounidenses. Macron está presionando activamente para que Bruselas active el denominado Instrumento Anticoerción, una poderosa herramienta creada hace poco más de dos años principalmente para hacer frente a China, que otorga a los responsables económicos amplios poderes para restringir el acceso al mercado comunitario mediante «una amplia gama de restricciones relacionadas con el comercio, la inversión y la financiación».

Adicionalmente, la UE tiene preparados aranceles por valor de 93.000 millones de euros (108.000 millones de dólares) sobre productos estadounidenses, congelados el pasado verano para evitar una escalada comercial. Crucialmente, estas tarifas entrarían en vigor automáticamente el 7 de febrero si no se prorroga la suspensión, lo que significa que Bruselas simplemente debería abstenerse de actuar para que comenzaran a aplicarse.

Este mecanismo automático cobra especial relevancia ante la amenaza de Trump de imponer aranceles del 10% a ocho estados miembros de la UE, así como a Noruega y Reino Unido, a partir del 1 de febrero. El discurso oficial desde la Comisión Europea señala que lo ideal sería alcanzar una solución negociada, pero confirma que si finalmente se activan los aranceles estadounidenses, el bloque cuenta con instrumentos de respuesta inmediata.

Cumbre extraordinaria europea para coordinar la respuesta

Los líderes de la Unión Europea celebrarán una cumbre de emergencia este jueves para discutir una respuesta conjunta a las amenazas estadounidenses. La reunión, programada estratégicamente después de que Trump exponga su visión geopolítica en Davos, no producirá conclusiones formales pero servirá como espacio fundamental de discusión y coordinación. La relevancia de este encuentro extraordinario subraya la gravedad con la que Europa percibe las amenazas de Washington.

Reacción del sector agrícola francés

La ministra de Agricultura francesa, Annie Genevard, expresó la indignación del sector ante TF1: «Es una amenaza, a estas alturas, inadmisible, de una brutalidad inaudita y que, evidentemente, no puede quedar sin reacción no solo por parte de Francia, sino de toda la Unión Europea». Genevard destacó que «esta amenaza apunta a un sector concreto, el de la viticultura, que no la necesita porque atraviesa dificultades y que es un emblema de la agricultura francesa».

El entorno de Macron emitió un comunicado oficial subrayando que «las amenazas arancelarias para influir en nuestra política exterior son inaceptables e ineficaces», estableciendo una línea roja clara sobre la instrumentalización del comercio para objetivos políticos.

Perspectivas de una guerra comercial transatlántica

La situación actual plantea el riesgo real de una guerra comercial de consecuencias impredecibles entre Estados Unidos y Europa. Si bien algunos analistas señalan el patrón histórico de Trump de utilizar amenazas arancelarias como táctica negociadora que frecuentemente se suaviza en la práctica, la magnitud de las amenazas actuales (200% sobre productos específicos) y su vinculación directa con objetivos de política exterior representan una escalada cualitativa respecto a disputas comerciales previas.

El hecho de que Trump esté simultaneando amenazas arancelarias con múltiples países europeos por razones diversas —desde Groenlandia hasta el Consejo de la Paz— sugiere un enfoque más sistemático de presión económica como herramienta de influencia geopolítica. Esta estrategia, sin embargo, parece estar generando precisamente el efecto contrario al deseado: una mayor cohesión europea y determinación de resistir lo que Berlín y París califican abiertamente como «chantaje».

La próxima semana será crucial para determinar si prevalece la diplomacia o si Europa y Estados Unidos entran en una espiral de represalias comerciales que podría afectar profundamente a ambas economías y al sistema comercial multilateral en su conjunto.