El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha formalizado la creación de una Junta de Paz mediante el envío de cartas de invitación a 60 líderes mundiales, proponiendo un nuevo mecanismo internacional que busca gestionar el futuro de Gaza y potencialmente extenderse a otros conflictos globales. La iniciativa, que requiere una contribución de USD 1.000 millones para asegurar membresía permanente, ha provocado críticas inmediatas de Israel y plantea interrogantes sobre su relación con las instituciones multilaterales existentes.
Una arquitectura institucional de tres niveles bajo control presidencial
La estructura propuesta descansa sobre tres pilares fundamentales: la Junta de Paz encabezada por el propio Trump, un comité ejecutivo asesor y un grupo de tecnócratas palestinos para la administración interna de Gaza. Según el borrador de estatutos revisado por Bloomberg, Trump actuaría como presidente inaugural con amplias facultades para decidir membresías, aprobar agendas y destituir miembros, sujeto únicamente al veto de una mayoría de dos tercios de los estados miembros.
El directorio ejecutivo incluye al secretario de Estado Marco Rubio, al enviado presidencial Steve Witkoff, al yerno de Trump Jared Kushner, al expresidente del Banco Mundial Ajay Banga y al exprimer ministro británico Tony Blair. También forman parte el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Hakan Fidan; el diplomático qatarí Ali Al-Thawadi; el jefe de inteligencia de Egipto, Hassan Rashad; la ministra de Estado para la Cooperación Internacional de Emiratos Árabes Unidos, Reem Al-Hashimy; el empresario chipriota-israelí Yakir Gabay; y la política neerlandesa Sigrid Kaag.
El comité de tecnócratos palestinos, denominado Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), comenzó sus operaciones con una primera reunión en El Cairo. Su jefe, Ali Shaath, firmó la declaración de misión del organismo y anunció que trabajarán inicialmente desde la capital egipcia antes de trasladarse a Gaza para implementar un plan urgente de ayuda humanitaria.
El modelo de financiación: membresía permanente por USD 1.000 millones
La administración Trump ha establecido un mecanismo de contribución financiera que diferencia entre miembros temporales y permanentes. Mientras que los países pueden adherirse gratuitamente, una contribución de USD 1.000 millones durante el primer año garantiza la condición de miembro permanente, eximiendo del límite de tres años aplicable a los demás estados.
Según el borrador de estatutos, los mandatos de tres años estarían sujetos a renovación por parte del presidente, mientras que aquellos que aporten la suma establecida mantendrían su posición de forma indefinida. Un funcionario estadounidense confirmó que los fondos recaudados se utilizarán directamente para reconstruir Gaza, asegurando que «casi cada dólar» se destinará a cumplir el mandato de la Junta.
Las decisiones se tomarían por mayoría, con cada estado miembro presente contando con un voto, aunque todas estarían sujetas a la aprobación final del presidente. La Junta convocaría reuniones con derecho a voto al menos una vez al año «en los momentos y lugares adicionales que el presidente considere oportunos», mientras que las reuniones con la junta ejecutiva se celebrarían trimestralmente sin derecho a voto.
Respuesta internacional dividida: entre el entusiasmo y la cautela
La reacción de los países invitados ha sido heterogénea. El presidente argentino Javier Milei expresó públicamente su «entusiasta apoyo», calificando la adhesión como «un gran honor» para su nación y compartiendo la carta de invitación en la red social X. El presidente paraguayo Santiago Peña también manifestó asumir «con honor la responsabilidad».
Hungría y Vietnam fueron los primeros en aceptar formalmente. El primer ministro húngaro Viktor Orbán, uno de los aliados más cercanos de Trump en Europa, confirmó su participación a través de su ministro de Relaciones Exteriores, Péter Szijjártó. Por su parte, el jefe del Partido Comunista de Vietnam, To Lam, también aceptó según informó el Ministerio de Relaciones Exteriores vietnamita.
Canadá, a través de un alto asesor del primer ministro Mark Carney, indicó su intención de aceptar la invitación. Turquía fue contactada para convertirse en «miembro fundador», mientras que Egipto anunció que está «estudiando» la solicitud para que el presidente Abdel Fattah al-Sisi se una. Jordania, Grecia, Chipre, Pakistán, India y Albania confirmaron haber recibido invitaciones, aunque sin pronunciarse definitivamente.
Sin embargo, varias naciones europeas invitadas han expresado reservas significativas. Personas familiarizadas con el asunto señalaron que varios países se oponen firmemente al borrador de la carta y están trabajando para oponerse colectivamente a las propuestas, particularmente por el control que Trump ejercería sobre los fondos, algo considerado «inaceptable» para la mayoría de potenciales miembros.
La airada reacción israelí y el conflicto por la composición del comité ejecutivo
Israel expresó su «firme oposición» a la iniciativa, particularmente por la falta de consulta previa sobre la composición de los comités. La Oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu emitió un comunicado el sábado señalando que «el anuncio sobre la composición del Directorio Ejecutivo de Gaza, que está subordinado a la Junta de Paz, no fue coordinado con Israel y contradice su política».
Netanyahu objetó específicamente la presencia de figuras vinculadas a Turquía y Qatar, naciones consideradas hostiles a los intereses israelíes por su relación con Hamas. El primer ministro convocó urgentemente a sus socios de coalición, incluyendo a los líderes de la derecha radical Bezalel Smotrich y Itamar Ben Gvir, para analizar la situación. El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí recibió instrucciones de disputar formalmente los nombramientos con Washington.
A pesar de las protestas de Tel Aviv, la Casa Blanca parece decidida a seguir adelante, reclamando total autonomía en la gestión del expediente de Gaza. Fuentes estadounidenses reiteraron que el plan es un «show» de Estados Unidos y que Netanyahu no fue consultado, ya que no tendría voz ni voto en la estrategia de estabilización. La administración Trump ha sugerido al primer ministro israelí que se concentre en la amenaza iraní y deje que Washington se encargue de la reconstrucción territorial.
Ambiciones de alcance global y desafío al sistema de Naciones Unidas
La carta de invitación enviada por Trump señala que la Junta de Paz «emprenderá un nuevo enfoque audaz para resolver conflictos globales», sugiriendo ambiciones que trascienden Gaza. La administración estadounidense ha manifestado su intención de convertir este organismo en una realidad capaz de intervenir no solo en Oriente Medio sino también en escenarios críticos como Ucrania y Venezuela.
Esta visión ha generado preocupación entre críticos que advierten sobre la intención de Trump de construir una alternativa o rival al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El organismo de la ONU ha sido bloqueado en múltiples ocasiones debido a vetos estadounidenses que le han impedido tomar medidas para poner fin a la guerra en Gaza, mientras que la organización global ha perdido influencia debido a fuertes recortes de fondos por parte del gobierno de Trump y otros donantes.
Sin embargo, las cartas de invitación señalan que el Consejo de Seguridad respaldó el plan estadounidense de 20 puntos para el alto al fuego en Gaza, que incluye la creación de la Junta, citando la Resolución 2803 del organismo multilateral. Esta referencia sugiere un intento de anclar la legitimidad de la nueva iniciativa en el sistema existente, aunque las facultades concentradas en el presidente estadounidense plantean interrogantes sobre su compatibilidad con los principios de multilateralismo.
Operaciones iniciales en Gaza y desafíos humanitarios persistentes
El Comité Nacional para la Administración de Gaza comenzó formalmente sus funciones bajo la supervisión de la Junta de Paz. Ali Shaath, su jefe, adoptó y firmó la declaración de misión del organismo, afirmando que el trabajo comenzará desde El Cairo antes de trasladarse a Gaza para implementar un plan urgente de ayuda. «Nuestra misión es reconstruir Gaza no solo en infraestructura, sino también en espíritu», declaró Shaath.
El funcionario señaló que el NCAG está «autorizado por la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU y por el Plan de Paz de 20 puntos del presidente Donald J. Trump», y que su tarea es convertir el período de transición en «una base para una prosperidad palestina duradera». Además, se anunció que el exenviado de la ONU Nickolay Mladenov fue designado Alto Representante para Gaza, actuando como enlace entre la Junta de Paz y el comité de tecnócratas.
Sin embargo, la situación humanitaria en Gaza continúa siendo crítica. Pese a la tregua que entró en vigor el 10 de octubre, las restricciones a la ayuda humanitaria persisten y otro recién nacido murió por el frío en el enclave, evidenciando la brecha entre las ambiciones institucionales y la realidad sobre el terreno.
Perspectivas y consolidación del nuevo mecanismo internacional
Se prevé que Estados Unidos anuncie su lista oficial de miembros en los próximos días, probablemente durante la reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Los miembros de la junta supervisarán los próximos pasos en Gaza a medida que el alto al fuego avanza hacia su desafiante segunda fase, que incluye el despliegue de una fuerza de seguridad internacional, el desarme de Hamas y la reconstrucción del territorio devastado por la guerra.
La Junta se haría oficial una vez que tres estados miembros den su visto bueno a la carta. Las reuniones con derecho a voto se celebrarían al menos anualmente, mientras que el presidente tendría el poder de convocar sesiones adicionales según lo considere oportuno. Trump también sería responsable de aprobar el sello oficial del grupo y designar en todo momento a un sucesor para el cargo de presidente.
La consolidación de este mecanismo enfrenta múltiples desafíos: la oposición de Israel, las reservas de potencias europeas sobre el control financiero, las tensiones inherentes a incluir actores con intereses divergentes como Turquía y Egipto, y las dudas sobre su legitimidad frente al sistema de Naciones Unidas. El éxito de la iniciativa dependerá de su capacidad para gestionar efectivamente la reconstrucción de Gaza mientras navega un complejo entramado de rivalidades regionales y cuestionamientos sobre su gobernanza centralizada en la figura presidencial estadounidense.




