El anuncio de nuevos aranceles globales por parte del presidente Donald Trump ha generado una ola de preocupación entre las principales asociaciones empresariales de Estados Unidos, que advierten sobre graves consecuencias económicas tanto para productores como para consumidores. La medida establece un arancel base del 10% para importaciones de países que, según Washington, imponen barreras comerciales a los productos estadounidenses, con incrementos adicionales para naciones específicas.
El sector empresarial en alerta
La Mesa Redonda de Negocios (Business Roundtable), que agrupa a los directores ejecutivos de las mayores corporaciones del país, no tardó en manifestar su inquietud: los aranceles «corren el riesgo de causar graves daños a los fabricantes, trabajadores, familias y exportadores estadounidenses». La asociación señaló además que «el daño a la economía estadounidense aumentará cuanto más tiempo se mantengan los aranceles y podría verse exacerbado por medidas de represalia».
Por su parte, la Cámara de Comercio de Estados Unidos anticipó su rechazo a la medida incluso antes del anuncio formal. En un comunicado, advirtió que la imposición de aranceles «elevará los precios para los consumidores estadounidenses y perjudicará la economía», instando a los responsables políticos a que «centren sus esfuerzos en acelerar la agenda a favor del crecimiento».
La Asociación Nacional de Minoristas fue contundente al señalar que los aranceles generarán «mayor incertidumbre para las empresas y los consumidores estadounidenses», recordando un punto crucial del debate: «los aranceles no los pagan países ni proveedores extranjeros, sino los importadores estadounidenses».
Impacto directo al consumidor
Entre las reacciones más específicas destaca la de la Asociación de Distribuidores y Minoristas de Calzado de Estados Unidos (FDRA), que calificó la medida como «catastrófica para las familias estadounidenses».
«Esperábamos que el presidente adoptara un enfoque más específico, pero estos aranceles tan amplios solo incrementarán los costos, reducirán la calidad de los productos y debilitarán la confianza del consumidor», afirmó la organización en un comunicado que refleja la inquietud de un sector directamente afectado por el encarecimiento de las importaciones.
Un esquema arancelario sin precedentes
El plan anunciado por Trump, que comenzará a implementarse este sábado 5 de abril con el arancel base del 10%, incluye gravámenes adicionales que entrarán en vigor el miércoles 9 de abril, con porcentajes que varían significativamente según el país:
- China: 34%
- Unión Europea: 20%
- Japón: 24%
- India: 26%
- Israel: 17%
- Mayoría de países de América Latina: 10%
Este esquema, denominado por la Casa Blanca como «aranceles recíprocos», busca reducir la brecha con los aranceles que, según el gobierno estadounidense, otros países imponen injustamente a los productos norteamericanos. La administración Trump ha utilizado sus propios cálculos para determinar estos porcentajes, muy superiores a los reconocidos por la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El fantasma de las represalias comerciales
Una de las principales preocupaciones expresadas por las asociaciones empresariales es la posibilidad de represalias comerciales por parte de los países afectados. La Mesa Redonda de Negocios advirtió que «las medidas de represalia tendrían un impacto directo sobre las empresas exportadoras de Estados Unidos, en particular las que dependen de cadenas de suministro internacionales».
Esta inquietud no es infundada. Tanto la Unión Europea como China ya han confirmado que trabajan en contramedidas y respuestas diplomáticas, lo que podría desencadenar una espiral de restricciones comerciales con efectos imprevisibles para la economía global.
¿Cuándo sentirán los consumidores el impacto?
Los expertos estiman que el aumento de precios podría comenzar a notarse entre uno y dos meses después de la implementación de los aranceles, aunque para algunos productos, especialmente aquellos procedentes de México, el efecto podría ser mucho más rápido.
Si bien algunos minoristas e importadores podrían absorber parte del costo adicional, y ciertos exportadores extranjeros podrían reducir sus precios para mantener la competitividad, la magnitud de los aranceles anunciados (como el 20% sobre importaciones europeas) hace improbable que las empresas puedan asumir estos costos sin trasladarlos al consumidor final.
Un factor adicional de preocupación es que algunas compañías podrían utilizar los aranceles como justificación para incrementar precios más allá del impacto real de la medida, como ocurrió en 2018 cuando los aranceles a las lavadoras extranjeras provocaron también un aumento en el precio de las secadoras, que no estaban afectadas por la medida.
Aranceles para financiar recortes fiscales
El plan de Trump contempla utilizar el aumento de los ingresos arancelarios para financiar la prórroga de los recortes fiscales aprobados durante su primer mandato, que expirarán a finales de 2025. Según análisis de la Tax Foundation, esta extensión reduciría los ingresos federales en 4.500 millones de dólares en el período 2025-2034.
Aunque el Centro de Política Fiscal ha indicado que estos recortes beneficiarían a estadounidenses de todos los niveles de ingreso, también ha señalado que «los hogares de mayores ingresos recibirían un beneficio mayor», lo que añade una dimensión de política fiscal a la controversia sobre los aranceles.
El límite de la autoridad presidencial
La Constitución estadounidense otorga al Congreso el poder de establecer aranceles, aunque a lo largo de la historia este poder se ha delegado parcialmente al presidente mediante diversas leyes que especifican las circunstancias en las que el Ejecutivo puede imponer gravámenes a las importaciones.
En este segundo mandato, Trump ha recurrido a los poderes de emergencia establecidos en una ley de 1977 para imponer aranceles de manera menos regulada que en ocasiones anteriores, utilizando justificaciones como la entrada de fentanilo desde Canadá y México para declarar emergencias nacionales que habiliten la aplicación de medidas arancelarias.
Si bien el Senador demócrata Tim Kaine ha propuesto anular la declaración de emergencia respecto a Canadá, esta iniciativa probablemente fracasaría en la Cámara de Representantes, donde los republicanos mantienen el control.
Un sistema comercial en transformación
La decisión de Trump representa un desafío al sistema de comercio mundial establecido tras la llamada ‘Ronda Uruguay’ (1986-1994), que sentó las bases del intercambio global durante casi cuatro décadas mediante acuerdos firmados por 123 países.
Según datos de la OMC, el arancel medio estadounidense, ponderado para reflejar los bienes que se comercian realmente, es de solo el 2,2%, frente al 2,7% de la Unión Europea, el 3% de China y el 12% de la India. Sin embargo, la Casa Blanca utiliza una metodología diferente que arroja cifras mucho mayores: 39% para la UE y 67% para China.
Esta disparidad en los cálculos refleja la complejidad de un debate que trasciende lo puramente económico para adentrarse en cuestiones de política internacional y soberanía comercial, en un contexto de creciente tensión entre las principales potencias económicas mundiales.
Mientras las asociaciones empresariales estadounidenses alertan sobre las consecuencias negativas de la medida, y los principales socios comerciales preparan sus respuestas, la economía mundial se adentra en un periodo de incertidumbre cuyo desenlace podría reconfigurar las relaciones comerciales internacionales por décadas.