La planificada venta de los estratégicos puertos panameños a un consorcio liderado por BlackRock ha quedado en suspenso en medio de crecientes tensiones entre Estados Unidos y China. El magnate de Hong Kong Li Ka-shing, a través de su conglomerado CK Hutchison Holdings, ha decidido no proceder con la firma del acuerdo valorado en más de 19.000 millones de dólares, programada inicialmente para el 2 de abril.

Según informó el South China Morning Post, esta postergación no implica necesariamente la cancelación definitiva de la transacción, sino que refleja la complejidad de un acuerdo que involucra 43 instalaciones portuarias distribuidas en 23 países, con un total de 199 atracaderos. Los puertos de Balboa y Cristóbal, ubicados estratégicamente a ambos extremos del Canal de Panamá, representan el elemento más controvertido de esta operación.

China intensifica presión regulatoria ante intereses estratégicos

La administración estatal china para la regulación del mercado ha iniciado una investigación antimonopolio sobre el acuerdo «para proteger la competencia leal en el mercado y salvaguardar el interés público», según comunicó oficialmente el viernes. Esta medida se suma a la orden del gobierno chino a sus empresas estatales de suspender cualquier nueva colaboración con empresas vinculadas a Li Ka-shing y su familia.

Los medios pro-Beijing, especialmente el Ta Kung Pao, han intensificado sus críticas a la transacción, calificándola como una acción «sumisa y cobarde» ante la presión estadounidense. Estos comentarios fueron republicados por la principal oficina de China para asuntos de Hong Kong, evidenciando el respaldo oficial a estas críticas.

A pesar de que CK Hutchison excluyó expresamente de la venta a los puertos de Hong Kong y China continental, las autoridades chinas han expresado preocupación de que la operación podría amenazar los intereses marítimos y comerciales del país en una ruta vital para el comercio internacional.

El Canal de Panamá: punto neurálgico del comercio mundial bajo disputa geopolítica

El Canal de Panamá, una vía marítima de 82 kilómetros que conecta los océanos Atlántico y Pacífico, representa un activo estratégico de primer orden para la economía global. Por esta ruta transita aproximadamente el 4% del comercio marítimo mundial y más del 40% del tráfico de contenedores de Estados Unidos.

Construido por Estados Unidos a principios del siglo XX y finalizado en 1914, el canal fue transferido a Panamá en 1999 tras los acuerdos Torrijos-Carter, un tratado que en su momento generó controversia en círculos políticos estadounidenses. En la actualidad, el canal es operado por Panamá y no por China, aunque la presencia de empresas chinas en los puertos ubicados a ambos extremos ha generado inquietud en Washington.

Para la economía panameña, el canal constituye un pilar fundamental, generando cerca de 5.000 millones de dólares en ganancias totales en 2024. Según estudios del BID Invest, el 23,6% de los ingresos anuales de Panamá provienen del canal y de las empresas que prestan servicios relacionados con su operación.

Implicaciones para el conglomerado de Li Ka-shing

Para CK Hutchison Holdings, este contratiempo destaca los riesgos políticos a los que se enfrentan las empresas con sede en Hong Kong en el actual contexto de tensiones entre Estados Unidos y China. El conglomerado, registrado en las Islas Caimán, obtiene solo el 12% de sus ingresos de la región de la Gran China, mientras que la mayor parte de sus beneficios provienen de operaciones en Europa, Canadá y Australia.

De concretarse la transacción original, el grupo empresarial de Li Ka-shing, de 96 años de edad y considerado el magnate más famoso de Hong Kong, obtendría más de 19.000 millones de dólares en efectivo, representando uno de los acuerdos geopolíticamente más complejos en la historia del gigante empresarial.

Trump y la disputa por el control del Canal

El presidente estadounidense Donald Trump ha celebrado públicamente lo que considera una «devolución del control del canal» a Estados Unidos tras la presencia china, aunque sus declaraciones contienen imprecisiones significativas. Trump ha afirmado erróneamente que China controla el canal, cuando en realidad esta infraestructura es propiedad y está bajo la administración de Panamá desde 1999.

Mike Waltz, asesor de seguridad nacional de Trump, indicó que los líderes panameños habían iniciado «negociaciones para abordar la cuestión de los puertos a ambos lados del canal». Entre las exigencias de la administración Trump se incluye que Panamá deje de cobrar tarifas a los buques estadounidenses.

Durante su primer viaje oficial como Secretario de Estado, Marco Rubio respaldó esta posición durante una escala en Panamá, argumentando que resultaba «absurdo que Estados Unidos tuviera que pagar tarifas para transitar por una zona que está obligado a proteger en tiempos de conflicto».

Perspectivas futuras para la transacción

Aunque la firma del acuerdo ha sido pospuesta, fuentes cercanas a la operación indican que aún existen posibilidades de concretarse bajo nuevos términos que satisfagan las preocupaciones de las partes involucradas. El consorcio liderado por BlackRock —una de las gestoras de activos más grandes del mundo con aproximadamente 11,6 billones de dólares en activos— había presentado esta adquisición como una forma de aliviar las tensiones en la región.

La resolución de este complejo acuerdo dependerá en gran medida de la evolución de las relaciones entre Estados Unidos y China, actualmente deterioradas tras los anuncios de nuevos aranceles del 20% sobre todos los bienes importados de China por parte de la administración Trump y las correspondientes medidas de represalia por parte de Beijing.

El desenlace de esta operación podría establecer importantes precedentes sobre el futuro de las inversiones en infraestructuras estratégicas globales en un mundo cada vez más polarizado entre las dos principales potencias económicas mundiales.